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“Un refugio pensado para desconectar y descansar de verdad, donde todo invita a quedarse”. Así se presenta Palacio Soran en su página web. Y basta cruzar el umbral de este edificio del siglo XVIII, enclavado en Leintz Gatzaga, para comprobar que la frase va más allá de una declaración de intenciones: es una forma de hacer que el visitante se sienta como en casa.
Muros de piedra, ventanas que conservan la huella del tiempo y una calma cada vez más difícil de encontrar. El encanto de este hotel reside en la sensación de adentrarse en un lugar coqueto y ajeno a las prisas, bajo las vigas de un inmueble rehabilitado sin perder su identidad. Los responsables de devolver la vida a esta histórica construcción son los hermanos Iker y Xabi Pérez Gastañaga, de 24 y 23 años respectivamente. Aunque su juventud pueda sorprender, conocen bien el sector turístico. Sus padres regentan la casa rural Gorosarri, en la anteiglesia eskoriatzarra de Zarimutz, donde ambos han crecido entre huéspedes, habitaciones por preparar y tareas cotidianas del negocio familiar.
Xabi e Iker en el exterior del Palacio Soran.
“Siempre hemos sido bastante emprendedores. Desde pequeños decíamos que queríamos trabajar por nuestra cuenta”, recuerda Iker. Sus trayectorias académicas parecían encaminarlos hacia otros ámbitos –él cursó Administración y Dirección de Empresas e Ingeniería Informática; Xabi, por su parte, inició estudios de Ingeniería de la Energía, que acabó dejando–. Sin embargo, la gestión de alojamientos y el trato con las y los clientes acabaron imponiéndose como una elección natural.
Entre 2023 y 2024 surgió la oportunidad de adquirir el palacete, cerrado como negocio hostelero desde finales de 2019. “No voy a decir que no lo pensamos, pero era una buena ocasión y las circunstancias invitaban a dar el paso”, explica Iker. Más allá de la oportunidad empresarial, el proyecto tenía una dimensión personal: los hermanos conocían el lugar desde la infancia, cuando funcionaba como hotel y restaurante. “Solíamos venir bastante a comer y a cenar”, apunta Xabi. Ese vínculo emocional se sumaba al atractivo de un edificio singular y patrimonial.
Imagen de una de las habitaciones que alberga este hotel alojado en un edificio histórico.
Se complementan a la perfección
La idea de compartir la iniciativa nunca generó dudas. “Hay gente que nos dice: ‘¿Cómo vas a trabajar con tu hermano?’, pero yo me fío más de él que de mí”, bromea Iker. Sus perfiles, además, se complementan. Xabi asume la parte técnica y de obra, mientras que Iker se centra más en la administración.
Esa compenetración ha resultado fundamental. Junto a su padre, Alex Pérez, se han implicado de lleno en la reforma del inmueble, acumulando incontables horas de trabajo para convertir sus deseos en realidad. “Han sido dos años de obras. Nuestro objetivo era preservar la personalidad del palacio y simplificar todo aquello que pudiera restarle protagonismo. La fuerza del conjunto radica en la arquitectura de la casa”, recalca Xabi, que también incide en las mejoras introducidas en materia de eficiencia energética. El resultado es un establecimiento con diez habitaciones en el que predominan los espacios despejados, la luminosidad y una cuidada selección de tonos neutros, en armonía con los detalles históricos del edificio .
En el mirador este coqueto alojamiento ofrece la oportunidad de disfrutar de momentos de tranquilidad.
Acto de Orbea
Los primeros huéspedes llegaron a finales de abril. Incluso antes de la inauguración oficial, que tuvo lugar el pasado 22 de mayo, el Palacio Soran acogió un acto de presentación de las nuevas bicicletas de la firma Orbea.
Los hermanos tienen claro qué quieren ofrecer a quienes se hospeden en el hotel: la hospitalidad que han conocido desde niños. “Nuestro aita siempre dice que cada cliente tiene una necesidad y hay que intentar cubrírsela”, añaden.
En un momento en el que las grandes cadenas hoteleras dominan buena parte del mercado, consideran que la cercanía, el trato personalizado, el privilegiado entorno natural que rodea a Leintz Gatzaga y la posibilidad de alojarse en un lugar con solera son sus principales bazas. “Estamos bien ubicados para acceder a otras zonas de interés”, insisten.
Por ahora, el restaurante permanece cerrado, aunque no descartan ponerlo en marcha en colaboración con algún profesional del sector. Tienen claro, eso sí, el modelo que buscan: un espacio coherente con la filosofía del hotel, orientado a una experiencia tranquila y compatible con el descanso de los turistas.
Los detalles se han cuidado con mucho mimo para ofrecer una estancia acogedora a las y los huéspedes.
"Con mucha ilusión"
De cara a su primera temporada estival al frente del negocio, los hermanos afrontan esta nueva etapa con ganas y realismo, conscientes de que los resultados se verán a largo plazo. “Es un proyecto de vida”, resume Iker. Y si hubiera que definir al Palacio Soran en una frase, bastarían sus propias palabras: “Somos dos jóvenes con mucha ilusión. Si logramos transmitirla a los visitantes que se alojan aquí, nos damos por satisfechos”.