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En Urola Garaia, el paisaje verde de montes y valles no es únicamente un escenario natural: es un auténtico libro abierto de historia, cultura e identidad. Cuna de figuras como José María Iparragirre, autor del 'Gernikako Arbola', esta comarca -conocida también como el ‘Valle del Hierro’- concentra en pocos kilómetros un patrimonio excepcional que permite comprender cómo han convivido durante siglos la vida rural, la espiritualidad y la tradición ferrona.
Uno de sus enclaves más destacados es la Ermita de La Antigua, en Zumarraga, considerada una de las joyas de la arquitectura religiosa vasca. Levantada entre los siglos XV y XVI, es conocida como la 'catedral de las ermitas' por su singularidad y por la profunda sensación de recogimiento que transmite.
Muy cerca se encuentra el Caserío Museo- Igartubeiti, en Ezkio-Itsaso, un magnífico exponente de la vida rural vasca del siglo XVI. Su lagar original constituye uno de los elementos más valiosos del conjunto, ya que permite comprender el papel central que la sidra tuvo en la economía doméstica y en la cultura tradicional. Igartubeiti no solo conserva un edificio histórico, sino que recrea una forma de vida completa.
Tierra de ferrerías
En el caso de Legazpi, su vinculación con la siderurgia explica buena parte de la idiosincracia de la comarca. Las primeras ferrerías de viento se asentaron en los montes en torno al siglo XI y, con el tiempo, se desplazaron a las orillas de los ríos para aprovechar la fuerza hidráulica, alcanzando su máximo desarrollo en el siglo XV, cuando llegaron a funcionar más de veinte instalaciones en el valle.
Su declive comenzó en el siglo XIX, aunque muchas se reconvirtieron en molinos, serrerías o pequeñas centrales eléctricas. La Ferrería de Mirandaola se ha convertido hoy en día en un lugar clave para comprender este pasado, con ruedas hidráulicas en funcionamiento que permiten acercarse a la vida de quienes habitaron estas tierras durante siglos.
Esta experiencia se amplía con la visita al Museo del Hierro Vasco, que profundiza en el legado siderúrgico de la zona, y con la cercana Capilla de Mirandaola. Además, el espacio creativo Chillida Lantoki permite acercarse al proceso artístico del escultor donostiarra, figura universal, y a su relación con materiales como el hierro y el papel.
Horno de leña
Este paseo por la comarca merece también una parada en el Molino de Igaralde. Emplazado en el barrio de Brinkola, alberga el singular Rincón del Pan, donde se muestra todo el proceso de elaboración, desde la siembra del trigo hasta su cocción en horno de leña.
Por su parte, el Museo Urrelur, en Urretxu, custodia una de las colecciones de minerales y fósiles más destacadas. El centro invita a descubrir los llamados 'tesoros de la Tierra': ejemplares que permiten comprender la composición del planeta, la evolución de los elementos químicos y el desarrollo de la vida a lo largo de millones de años. A este valor didáctico se suma la fuerza estética de las piezas expuestas, cuya belleza natural garantiza una experiencia tanto científica como visual.
En definitiva, Urola Garaia es un rincón privilegiado donde naturaleza, cultura e historia se entrelazan. Sus rutas y senderos, sus pueblos con encanto y su valioso patrimonio convierten cada visita en un impulso constante para explorar y dejarse sorprender.