Polideportivo

Una etapa de la Itzulia de andar por casa

Omar Fraile muestra el entramado del final de la etapa de Santurtzi, un trazado que él mismo ha diseñado
Omar Fraile, en plena ascensión al alto de La Asturiana, un puerto exigente en su primera parte.

Omar Fraile sería capaz de correr la etapa con salida y llegada en Santurtzi, el pueblo que le vio nacer hace 32 años, en zapatillas de casa. El ciclista vizcaino, último vasco en triunfar en el Tour, aterrizó en la gloria en el aeródromo de Mende en 2018, recibió el encargo de diseñar la cuarta jornada de la Itzulia. “Me hizo ilusión que me llamaran para diseñar la etapa, pero puse una condición: que respetaran el trazado que proponía”, expone mientras se toma un descanso en Peñas Negras, una vez consumida la ascensión al puerto de La Asturiana, el nudo gordiano de un recorrido con aroma de clásica, un continuo sube y baja. El relieve de Euskal Herria. “Es una etapa muy de la Itzulia. La gente llegará castigada”, subraya el vizcaino, que se reúne con este diario en el portal de La Asturiana, en Santelices, Muskiz, para destrenzar una ascensión que espigará el pelotón antes de empujar al descenso por la zona de La Arboleda y embocar en Santurtzi, donde el final también exigirá un extra. “Se acaba en un repecho duro, de unos 300 metros, que tendrá un 8% de desnivel”, alerta Fraile.

El día es bueno. El sol no parpadea. Está fijo. Solo se interponen algunas nubes rasgadas. A Omar Fraile, de naranja, el color que emplean en el Ineos para los entrenamientos, le da cobertura Nacho, un amigo. Antes de ascender bromean sobre cuál de las dos bicis es mejor. Fraile monta una estupenda Pinarello y su escudero una no menos flamante Trek. La subida a La Asturiana es abrupta, como el terreno en Euskadi. Antes de acceder a la cota que debe jerarquizar la etapa, el pelotón deberá masticar los puertos de Malkuartu, en Araba, para después retornar a Bizkaia y entrar por Enkarterri para dar con el alto de Bezi, un clásico, descender a Muskiz y acceder al primer paso por Santurtzi. Con las piernas baqueteadas, respondiendo al espíritu de una clásica, lo más potente aguarda para el final.

Concluidos los preliminares, florece La Asturiana. Se llegará con los codos afilados y la pelea por ganar posiciones. En ese tramo se acumulará el frenesí. “Será importante entrar bien colocado. En esos momentos siempre hay nervios y tensión”, desliza Fraile. El saludo del puerto es un bofetón. Una rampa para poner a cada uno en su sitio. La Asturiana es un puerto exigente, sobre todo cuando se imponen las herraduras y las rampas que le dan continuidad. La ascensión escupe desniveles máximos del 12% en una subida de 7,4 km al 6,5% de desnivel. “Los de la general estarán delante aquí”, apunta Fraile, que estima que la subida se realizará sobre los “16 minutos largos”. Ese es el tiempo que se marcó en 2021, cuando en Sestao venció Alex Aranburu. Fraile fue el que lanzó al de Ezkio cuando ambos corrían en el Astana.

Camino a la cima de La Asturiana se cierra el bosque, donde se ovillan los pinos y entreveran los eucaliptos, que dan sombra a la prospección de terreno de Omar Fraile, que conoce al detalle cada recoveco. Podría hacer el camino con los ojos cerrados el vizcaino, al que las diapositivas del paisaje se le almacenan en el proyector del cerebro. “Quieras o no, es la zona por la que suelo entrenar y solo por eso ya lo tienes todo en la cabeza”, analiza. La Asturiana, a pesar de sus rampas duras, deja respirar porque hay zonas para que las piernas se relajen. Aunque es una subida con tramos duros, se puede gestionar. “Mi objetivo es estar con los de delante. Tengo que aguantar y luego, a jugármela en el descenso”. La ganzúa que abre la puerta hacia el triunfo, salvo imprevisto, se encuentra en el descenso, una vez se consuma la ascensión y se pise sobre Piedras Negras. “En la parte final de la subida, más cómoda, rodaremos a 40 kilómetros por hora”.

A tope hasta meta

Es entonces cuando la carrera se pondrá al rojo vivo. “La cuestión es que todos sabemos que el descenso puede marcar más que la subida en sí y hay que tirarse para abajo con todo”, considera Fraile, excelente bajador. “Probablemente alguno se ponga a mi rueda”, dice el vizcaino. La bajada por La Arboleda es buena, siempre que la lluvia, caprichosa en primavera y un elemento más de la Itzulia, no quiera entrar en escena. “Si llueve, todo será diferente. Esa puede ser la gran diferencia”, advierte Fraile. Desde Peñas Negras, si se gira el cuello hacia la izquierda se refresca la mirada con la visión de la mar. Salitre y sudor. El hogar de Fraile, que antes de ser ciclista remó en la trainera del pueblo, La Sotera. Desde la cima de La Asturiana, la Itzulia caerá en cascada en un prolongado descenso al encuentro con Santurtzi.

Al pueblo morado se accederá a través de Portugalete. Soldados ambos pueblos entre la Avenida de Carlos VII y la Avenida Murrieta. El pelotón irrumpirá a borbotones. “Iremos lanzados, muy rápidos. A tope. En fila de a uno. Probablemente a 70 km/h. Creo que a falta de un kilómetro ya se estará afilando el esprint”. Una curva a izquierdas llevará al encuentro con la meta, que espera en un repecho frente a la comisaría de la policía municipal. El límite de velocidad en los pueblos está en 30 kilómetros por hora. El esprint, aunque en cuesta, “el repecho, parece que no, pero es duro”, hará que salten los radares. “Llegaremos a mucha velocidad y el esprint lo haremos a 40 kilómetros por hora o por ahí”, sostiene Fraile sobre una etapa de andar por casa.

03/04/2023