La incontinencia urinaria, el dolor durante las relaciones sexuales, las secuelas del embarazo y el parto o las alteraciones asociadas a la menopausia son problemas mucho más frecuentes de lo que suele pensarse. Sin embargo, continúan siendo cuestiones rodeadas de silencio, vergüenza o desconocimiento.
Con el objetivo de ofrecer una atención especializada y dar respuesta a una demanda creciente, DOSS Centro Médico ha puesto en marcha una unidad de suelo pélvico dirigida por la fisioterapeuta especializada en este ámbito, Marina Legasa.
Mucho más que una cuestión femenina
Aunque tradicionalmente se ha asociado a la salud femenina, el suelo pélvico es un conjunto de músculos y estructuras presentes tanto en hombres como en mujeres. Resulta esencial para el control urinario y fecal, el soporte de los órganos pélvicos y la función sexual.
No obstante, la mayor parte de quienes acuden a consulta son mujeres. Desde embarazadas y madres recientes hasta deportistas jóvenes o mujeres en etapa menopáusica, las necesidades son muy diversas.
Uno de los aspectos que más sorprende a las pacientes es la relación entre determinados deportes y las pérdidas de orina. Actividades de alta intensidad, como el CrossFit, presentan una elevada incidencia de incontinencia urinaria. Sin embargo, Legasa insiste en que el problema no reside en el deporte en sí. “El CrossFit no es malo. Cuando aparece una pérdida de orina, normalmente nos está indicando que existe una alteración en alguna estructura relacionada con el suelo pélvico”, afirma. “Antes se pensaba que había que evitar los esfuerzos, pero levantar peso es algo fisiológico. Lo importante es aprender a gestionar correctamente la presión abdominal”, añade la especialista.
Legasa está especializada en suelo pélvico.
“Cuando existe el dolor, aparece el miedo”
Entre los motivos de consulta destacan la incontinencia urinaria de esfuerzo -las pérdidas al toser, correr o saltar- y la urgencia miccional, caracterizada por la necesidad repentina de orinar. “Muchas pacientes organizan sus desplazamientos pensando dónde podrán encontrar un baño. Es una situación que afecta enormemente a su calidad de vida”, cuenta Legasa.
Otra problemática habitual es el dolor durante las relaciones sexuales, todavía rodeado de tabú. “Cuando existe dolor, aparece el miedo. Es una zona íntima y muchas personas tardan en pedir ayuda”, señala.
A ello se suman patologías como el dolor pélvico crónico -cuando se mantiene más de seis meses-, la incontinencia anal, las secuelas de episiotomías y desgarros obstétricos, las cicatrices de cesárea o las alteraciones derivadas de la endometriosis.
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Las consecuencias van más allá de lo clínico y alcanzan también la esfera emocional. “Hay mujeres que evitan planes, utilizan compresas de forma permanente o dejan de ponerse determinada ropa por miedo a sufrir pérdidas”, subraya la fisioterapeuta.
Embarazo y cesárea: preparación y recuperación
La fisioterapia del suelo pélvico juega, asimismo, un papel preventivo durante el embarazo. Mantener la actividad física, fortalecer la musculatura y trabajar la movilidad ayuda a afrontar el parto en mejores condiciones. “Es importante llegar al parto fuerte físicamente, pero también preparada mentalmente para aceptar que pueden darse diferentes escenarios”, precisa Legasa.
Menopausia: sí hay tratamiento
Más allá del embarazo y el posparto, la especialista pone el foco, a su vez, en la menopausia. Esta etapa suele ir acompañada de la percepción de que determinados síntomas forman parte inevitable del proceso, una idea que, según Legasa, no siempre se corresponde con la realidad. “Muchas mujeres piensan que ya no hay nada que hacer, pero sí hay solución”, asegura.
El cambio hormonal puede favorecer la aparición de incontinencia urinaria y prolapsos -el descenso de vejiga, útero o recto-, derivados de la pérdida de fuerza del suelo pélvico. En los casos leves o moderados, la fisioterapia ayuda a mejorar los síntomas y la calidad de vida. Sin embargo, en los estadios más avanzados puede ser necesaria una intervención quirúrgica, ya que el trabajo muscular por sí solo no permite corregir el descenso de los órganos afectados.
No obstante, la fisioterapia sigue siendo una parte importante del tratamiento tanto antes como después de la operación. “Cuanto mejor tengas la musculatura, mejor será el postoperatorio”, enfatiza Legasa.
Una realidad que también afecta a los hombres
Aunque la demanda es mayoritariamente femenina, la fisioterapia de suelo pélvico tiene igualmente aplicaciones en hombres. Los casos más habituales están relacionados con las secuelas derivadas de una prostatectomía, la intervención mediante la que se extirpa la próstata, habitualmente a causa de un cáncer. “Tras la operación pueden aparecer problemas como incontinencia urinaria o disfunción eréctil, situaciones en las que la fisioterapia puede resultar de ayuda”, destaca Legasa.
Tecnología y técnicas manuales
La unidad de suelo pélvico incorporada por el centro médico DOSS de la capital donostiarra, utiliza la ecografía como herramienta de evaluación y seguimiento. “Nos permite observar en tiempo real cómo trabajan la vejiga, el abdomen y el suelo pélvico, individualizando y adaptando el tratamiento según necesidades”, incide la especialista.
Este sistema funciona, además, como 'biofeedback', ya que la paciente puede ver en pantalla su propia activación muscular durante los ejercicios.
El abordaje se completa con técnicas manuales, trabajo sobre cicatrices, vibración terapéutica y ejercicio individualizado. “Trabajamos siempre desde el respeto, la cercanía y el consentimiento. El objetivo es mejorar la calidad de vida del paciente”, concluye Legasa.