Congelar el pan es una práctica habitual para conservarlo durante más tiempo y evitar que acabe en la basura.
Sin embargo, este gesto cotidiano también puede tener efectos sobre el almidón que contiene y la forma en la que nuestro organismo lo digiere.
Según explica la farmacéutica y divulgadora Boticaria García en Saber Vivir, congelar el pan puede aportar ciertos beneficios, aunque no supone una solución para adelgazar ni convierte cualquier tipo de pan en una opción saludable.
¿Qué le ocurre al pan cuando lo congelamos?
La clave está en el almidón, uno de los principales componentes de este alimento. Cuando el pan se congela, una parte de su almidón cambia de estructura y se convierte en lo que se conoce como almidón resistente, que el organismo digiere con mayor dificultad.
Según señala Boticaria García, "cuando congelamos el pan, una parte de su almidón cambia de estructura y se convierte en almidón resistente, que nuestro organismo digiere peor".
Este cambio puede influir en la respuesta del cuerpo a los hidratos de carbono. Además, el almidón resistente llega parcialmente al intestino grueso, donde puede ser aprovechado por las bacterias intestinales. No obstante, la cantidad que se forma al congelar el pan depende de factores como su composición y el tratamiento posterior.
Pan integral
¿Congelar el pan ayuda a adelgazar?
Una de las dudas más frecuentes es si congelar el pan reduce su aporte calórico. La respuesta es que el efecto es muy pequeño. Boticaria García recuerda que el almidón convencional aporta unas cuatro kilocalorías por gramo, mientras que el resistente proporciona alrededor de 2-2,2.
"Entonces, ¿congelar el pan reduce una gran parte de sus calorías? No, porque solo una pequeña parte del almidón se transforma. En una rebanada, estaríamos hablando de unas pocas kilocalorías menos, unas 2 a 7 kilocalorías", explica.
Por tanto, congelar el pan no supone una diferencia importante a la hora de perder peso.
La congelación sí puede ayudar a moderar la respuesta de la glucosa en sangre. Según apunta la divulgadora, "tiene ventajas, eso sí, puede reducir la curva de glucosa, especialmente si después lo tuestas".
El efecto puede variar según el tipo de pan, su elaboración y la manera de conservarlo y calentarlo. Por eso, no conviene interpretar esta práctica como una garantía de que el pan provocará un menor aumento de glucosa en todas las personas.