La Real llega hasta el último rincón de Gipuzkoa. De norte a sur, de este a oeste, de un lado a otro de la línea Irun-Brinkola. De hecho, en Brinkola, el barrio de Legazpi en el que se ubica la última estación de ferrocarril de Gipuzkoa, hay una gran afición a la Real. Esta afición ha provocado anécdotas muy divertidas.
Los máximos exponentes de la afición a la Real son los hermanos Javier y Carlos Madina. Estos dos oñatiarras trabajaban transportando mercancía y viajeros de la estación de Brinkola a Oñati y Arantzazu y se casaron con dos hermanas del bar Patxi de Brinkola: Pilar y Carmen Iñurritegi. Javier y Pilar tuvieron dos hijos y Carlos y Carmen dos hijas. Las dos familias se instalaron en la casa del bar, donde vivían con la abuela.
Javier y Carlos eran muy amigos de Rufino Idigoras, padre del jugador de la Real Santi Idigoras. Por ahí se coló la afición a la Real. Javier comenzó a ir a Atotxa junto con sus hijos Xabier e Iban. Con ellos iba otro vecino de Brinkola: Tomás Legorburu, tío del añorado Juan Mari Musti Mujika.
Carlos también era una gran aficionado a la Real, pero se tenía que quedar en Brinkola, pues eran él y su esposa quienes regentaban el bar.
Carlos y Javier convirtieron el bar Patxi en un templo de la Real. En Donostia es tradición lanzar dos cohetes cuando la Real marca un gol y en Brinkola adaptaron esa tradición a la idiosincrasia local: cada vez que la Real metía un gol, Carlos cogía su escopeta de caza y pegaba dos tiros al aire. “Servía también para que algún despistado se enterara de que había partido de la Real y viniera corriendo al bar”, recuerda Xabier Madina.
En el bar había un gran ambiente realzale. “Los viernes, los sábados y los domingos, los solteros del barrio cenaban en el bar. Todos eran de la Real, excepto Jesús Alberro, que era del Athletic. Todos se metían con él, pero él, como buen aficionado del Athletic, se venía arriba. Solía tener grandes discusiones con Juan Mari Legorburu, que tenía muchos datos. El hermano de Jesús (Manolo Pistón Alberro), en cambio, era de la Real”.
El perro del bar, Poli, también era de la Real. “Le solíamos poner la camiseta de la Real”. Como buen aficionado de la Real, era muy listo. “Sabía abrir las puertas por dentro y por fuera, lo que divertía mucho a los clientes”.
Cuántas veces se abrirían aquellas puertas… El bar Patxi tenía muchos clientes y entre ellos estaba el jugador de la Real Santi Idigoras. “Idigoras venía muchas veces de visita”.
Santi Idigoras, con Iban, Xabier y varios clientes, en el bar Patxi de Brinkola.