Vida y estilo

Arbaila, de ruta por la Zuberoa escondida que baja de los montes al río

La cuenca central de río Saison recoge el agua de los arroyos que descienden del macizo de Arbeilles y que antes han regado uno de los parajes zuberotarras más hermosos de Iparralde

El río Saison vertebra en su recorrido de sur a norte la Zuberoa, el herrialde más pequeño de Iparralde. Nace en el Pirineo al confluir el Larrau y el Uhaitzandi, cruza Maule, la capital, y desemboca en el Gave d’Oloron a la altura de Autevieille.

En su recorrido atraviesa la comarca de Arbaila, la más agreste de las tres y que, desde el macizo de Arbeilles y su extenso bosque, engrosa con numerosos arroyos su cauce. Aunque no pierde en ningún momento su carácter montañés, sí se divide en dos zonas: al oeste, el macizo que comparte con Behenafarroa, y la cuenca del Saison al este, que hace de corredor entre la comarca pirenaica de Basaburua-Haute Solue y las planicies de Pettarra-Basse Soules al norte.

Panorámia de los Pirineros y parte de Zuberoa desde el mirador de la ermita de Sanin Antoine de Muskildi. J.M. Ochoa de Olza

Bajar de las montañas

Pagola, bajo la sombra del monte Mehaltzu, se hunde en un pequeño valle que envuelve un casco urbano cuidado cuyas casas blancas y rojas ofrecen una luminosa imagen incluso cuando el cielo se encapota con lluvias primaverales. Este agua es la que da color a los prados y bosques, además de llenar los dos arroyos que cruza el pueblo, el Ispatchoury y el Pagolla, tributarios del Saison.

Como la mayoría de los pueblos de la zona, su estructura es muy similar. En lo que parece el centro de la villa se agrupan la iglesia, el frontón y el ayuntamiento. En alguno, no muy lejos, está la escuela.

La iglesia de la Asunción y el cementerio de Pagola. J.M. Ochoa de Olza

En Pagola, Pagolle en francés, la iglesia es la de Asunción de la Santísima Virgen María. Una espigada torre cuadrada con reloj y rematada con un agudo tejado a cuatro aguas se yergue adosada a una espadaña en la que se han cegado los huecos de los que colgaban las desaparecidas campanas. De origen medieval, fue reconstruida en el siglo XIX. Como es costumbre local, el cementerio, muy cuidado y con numerosas placas dedicadas a los difuntos, rodea el templo.

A su lado, y como espacio que separa la vida espiritual de la administrativa, el frontón de una sola pared dedicada a la modalidad pelotari de juego libre luce a la espera de jugadores y ofrece un espacio para conversación y el relajo.

Para salir de este pequeño valle, la carretera que lleva a Muskildi pasa por el Col de Osquich. Esta es una oportunidad para tomar un desvío hacia uno de los miradores más espectaculares de la comarca e hito de las rutas montañeras de la zona. Se trata de la capilla de Saint Antoine, también conocida como capilla de la Paz y que fue mandada construir por el rey Carlos II de Navarra, cuyo corazón se conserva en la iglesia de Ujué, en 1385 para conmemorar el fin de la guerra entre dos señores de la zona. Casi seis siglos después fue completamente restaurada. De una blancura impecable, sobre su entrada principal se alza la peculiar espadaña tridentina típica de la zona. La tradición local afirma que cada una de sus puntas representa una de las personas de la Santísima Trinidad.

Desde sus 700 metros de altitud, los excursionistas pueden disfrutar de una extensa vista sobre Zuberoa y que llega hasta las cumbres pirenaicas de Huesca. Es el escenario de fondo para el monolito que recuerda a los soldados de esta región que murieron en la Guerra de Argelia entre 1952 y 1962.

La siguiente parada es Mukildi, Musculdy en francés. Se extiende a lo largo de la carretera que baja hacia la cuenca del Saison. La iglesia de Saint-Ciprien recibe a los visitantes. De recios muros y poderosa, aunque algo baja, torre cuadrada, recuerda a las iglesias fortaleza que servían de refugio a los vecinos en caso de ataques. Y la Edad Media resultó turbulenta por los violentos enfrentamientos entre los señores de estas tierras. Desde esta iglesia sale el camino que lleva hasta Saint Antoine, la Capilla de la Paz.

Esta vez, el frontón separa el templo de la escuela local y se convierte en una ampliación del patio de juegos durante los recreos.

La mayor parte de las casas de los vecinos se agrupan al lado de la carretera que lleva a Urdiñarbe, que recorre las últimas estribaciones del macizo de Arbailles y sus bosques.

Urdiñarbe, u Ordiarp, destaca por el conjunto medieval de su casco urbano, con notables casas de piedra. Atraviesa la localidad el río Arangorena, que es salvado por dos puentes, uno para vehículos y el segundo peatonal que lleva directamente a la entrada de la iglesia de San Miguel.

Románica del siglo XII, perteneció a Roncesvalles. Incendiada en 1570 y luego reconstruida, sólo conserva restos originales en su parte trasera. Luce una llamativa torre mural rematada por un campanario cuadrado rodeado de cuatro pequeñas torres.

La ribera del Arangorena parece un cuidado jardín que reúne, una vez más, el frontón, la escuela y, en el extremo más alejado, el ayuntamiento.

Remontando el Saison

El río Arangorena se encuentra con el Saison en las afueras de Garindaine, casi en la misma muga entre las comarcas de Arbaila y Pettarra, unos pocos kilómetros antes de Maule, capital de Zuberoa.

Garindaine, aunque aparentemente más compacto que sus vecinos, mantiene la estructura básica de un núcleo central en torno a la iglesia, en esta ocasión dedicada a Vicente de Dax, a un lado de la carretera, y la escuela y dos frontones, uno de juego libre y otro de trinquete, al otro lado.

El templo, del siglo XVII, destaca por su esbelta torre blanca, añadida casi doscientos años después y que se alza sobre un extenso cementerio de varios niveles y con pasarelas metálicas que los comunican.

Remontando el Saison en dirección sur, Gotaine Irabarne, Gotein-Libarrenx en francés, es el primero de una serie de comunas que han surgido por la unión de dos pueblos que en la mayoría de los casos mantienen separados los núcleos urbanos originales. También ocurre con Idauze-Mendi o Ozaze-Sühare.

En Gotaine se encuentra el ayuntamiento local, y contrasta la sencillez de su estructura nada solemne con la cercana iglesia de San Andrés, que mantiene la característica espadaña de tres puntas sobre una fachada protegida por un sólido atrio de piedra cubierto por una techumbre de pizarra. Se da la circunstancia de que el cementerio no rodea al templo, pero este conserva una muestra de las antiguas estelas funerarias características de los enterramientos vascos.

Gotaine Irabarne, bajo la lluvia. J.M. Ochoa de Olza

Irabarne aporta la iglesia de San Juan Bautista, de estructura similar, aunque luce muros encalados y unas modernas y coloridas vidrieras.

También se duplican los frontones, aunque siendo ambos de juego libre, por lo que cuentan con un frontis amplio, el de Irabarne cuenta con una pequeña pared lateral en su lado derecho, característica muy poco usual en cualquier frontón.

Similar circunstancia se da en la siguiente parada de este viaje, Idauze-Mendi, Idaux-Mendy en francés. La blanca y encalada iglesia de San Pedro de Idauze contrasta con la iglesia de San Martín de Mendi, de color más ocre. Eso sí, ambas hacen honor a su tierra con su fachada de tres picos, la torre trinitaria.

Entre los edificios civiles destaca en Mendi el llamado Jauregiberri, un palacio bien conservado y varios molinos, como los de Xamalbide, Xoro y Etxatz.

La ruta que remonta el Saison termina en Mendikota, Menditte en francés, frente a la iglesia de la Asunción, titular que comparte con la de Pagola, donde ha comenzado el viaje.

Este tramo del río, ancho y abierto, es uno de los lugares de pesca preferidos por los zuberotarras para la pesca de la trucha, por lo que aquel visitante que cuente con los permisos oportunos podrá tratar de capturar algunos de estos esquivos salmónidos.

15/05/2026