El hábito de tirar los pequeños electrodomésticos ante la primera avería genera cada año toneladas de residuos electrónicos que podrían evitarse fácilmente. La mayoría de estos aparatos dejan de funcionar por fallos menores o por la propia obsolescencia programada, una práctica de fabricación diseñada para limitar su vida útil. Frente a esta inercia del consumo rápido, iniciativas comunitarias como los Repair Cafés enseñan a la ciudadanía a perder el miedo al destornillador, promoviendo la reparación por cuenta propia mediante guías y tutoriales sencillos.
Para ahondar en este problema, hemos contado con Saul Salas. El responsable de FabLab Vitoria-Gasteiz ha explicado la importancia de revisar los aparatos antes de desecharlos, destacando la satisfacción personal de arreglar las cosas uno mismo y recordando que alargar la vida útil de la tecnología es la vía más eficaz para proteger el medio ambiente y de paso, cuidar el bolsillo.