Mundo

102 minutos para cambiar el mundo: por qué la segunda Torre Gemela atacada cayó primero

La Torre Sur recibió el impacto 17 minutos después que la Norte, pero se derrumbó media hora antes. La altura del choque, la velocidad del avión y la evolución de los incendios explican una diferencia que marcó la mañana del 11-S
En imágenes | 25 años de los ataques del 11S / EP

A las 8.46 de la mañana del 11 de septiembre de 2001, Nueva York comenzó a medir el tiempo de otra manera. El vuelo 11 de American Airlines se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center y abrió una herida de siete plantas entre los pisos 93 y 99. Ciento dos minutos después, el edificio desaparecía del horizonte de Manhattan. Entre ambos momentos, el mundo vio un segundo impacto, dos incendios imposibles de controlar y el derrumbe de las construcciones que hasta entonces simbolizaban el poder económico de Estados Unidos.

La secuencia quedó fijada en cuatro horas: 8.46, 9.03, 9.59 y 10.28. Sin embargo, su orden encierra una de las preguntas que todavía suscita el recuerdo de aquel día: ¿por qué la Torre Sur, alcanzada en segundo lugar, se desplomó primero?

No hubo una única causa ni un fallo instantáneo. Los aviones no derribaron directamente los edificios y el combustible tampoco fundió el acero. Los impactos desencadenaron una sucesión de daños que fue debilitando unas estructuras todavía capaces de mantenerse en pie. Fue la combinación del choque, la destrucción del aislamiento contra el fuego y los incendios posteriores la que terminó provocando los colapsos, según concluyó la investigación del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST).

Dos edificios concebidos como tubos

Las Torres Gemelas tenían 110 plantas y superaban los 410 metros de altura. Aunque desde el exterior parecían dos bloques compactos, su estructura se apoyaba en un sistema poco habitual cuando fueron construidas. Cada edificio contaba con 244 columnas de acero distribuidas por el perímetro y un núcleo central formado por 47 grandes pilares que albergaba ascensores, escaleras e instalaciones.

Ambas partes estaban conectadas por las cerchas de los forjados. Esta disposición permitía repartir las cargas entre el núcleo y la fachada y dejaba amplias superficies de oficinas sin columnas intermedias. La propia piel exterior del edificio formaba así una especie de tubo rígido frente al viento y sostenía una parte importante de su peso.

Esa capacidad para redistribuir las cargas explica que las torres no cayeran en el momento del impacto. Cuando los aviones cortaron o dañaron varias columnas, el peso pasó a apoyarse sobre los elementos que todavía permanecían en pie. La estructura absorbió inicialmente el golpe, pero lo hizo después de perder parte de sus soportes y en unas condiciones para las que no había sido diseñada.

Consulta la infografía completa

El primer impacto cerró todas las salidas

A las 8.46, el Boeing 767 del vuelo 11 chocó contra la fachada norte de la Torre Norte a la altura de las plantas 93 a 99. El avión atravesó parte de la estructura exterior, dañó columnas del núcleo y distribuyó combustible, restos y material inflamable por varios pisos.

El impacto dejó inutilizadas las tres escaleras de evacuación en la zona afectada. Las 1.355 personas que se encontraban en las plantas superiores quedaron sin una vía practicable para descender, de acuerdo con la reconstrucción del NIST. Nadie situado por encima del choque logró salir del edificio.

En la Torre Sur, todavía intacta, comenzó entonces un periodo decisivo de 17 minutos. Algunas personas entendieron que debían abandonar el complejo inmediatamente; otras permanecieron en sus puestos o regresaron a ellos después de escuchar mensajes que indicaban que el edificio estaba seguro. Cerca de 3.000 ocupantes consiguieron bajar lo suficiente para ponerse a salvo antes del segundo impacto, algunos mediante las escaleras y otros utilizando ascensores que todavía funcionaban.

A las 9.03, el vuelo 175 de United Airlines apareció inclinado sobre Manhattan y golpeó la Torre Sur entre las plantas 77 y 85. La imagen, retransmitida en directo, confirmó que no se trataba de un accidente.

El segundo avión llegó más abajo y más rápido

La posición del impacto determinó lo que sucedería durante los siguientes 56 minutos. El primer avión había golpeado la Torre Norte cerca de la parte superior, dejando aproximadamente 17 pisos sobre la zona dañada. El segundo penetró unos 16 pisos más abajo, por lo que la estructura debilitada de la Torre Sur tuvo que soportar el peso de alrededor de 33 plantas.

El vuelo 175 también alcanzó el edificio a mayor velocidad y con una fuerte inclinación. No entró de manera centrada, sino en diagonal y cerca de una esquina. El daño resultante fue asimétrico: algunas columnas quedaron cortadas, otras recibieron cargas adicionales y parte del núcleo se vio afectada de manera desigual. La sección superior conservaba mucho más peso y lo ejercía sobre una zona dañada más extensa y desequilibrada.

A diferencia de lo ocurrido en la Torre Norte, una de las tres escaleras de la Torre Sur —la escalera A— continuó siendo transitable durante parte del incendio. Dieciocho personas que se encontraban por encima de la zona de impacto consiguieron atravesarla y escapar. Las otras 619 personas situadas en el área alcanzada o por encima de ella murieron cuando cayó el edificio.

El acero no tuvo que fundirse

Después de los choques, las imágenes mostraron durante minutos las llamas y el humo saliendo de las fachadas. El combustible de los aviones inició los incendios, pero buena parte se consumió rápidamente. El fuego continuó alimentado por el mobiliario, el papel, los revestimientos y los demás materiales presentes en las oficinas.

La explicación del derrumbe no depende, por tanto, de que las llamas alcanzaran el punto de fusión del acero. Este material se funde a temperaturas muy superiores a las registradas en las torres, pero pierde rigidez y capacidad para soportar peso mucho antes. Los incendios llegaron a alcanzar temperaturas cercanas a los 1.000 grados centígrados en determinadas zonas, según el NIST.

El sistema de cerchas conectaba el núcleo de las Torres Gemelas con las columnas exteriores, que terminaron curvándose hacia dentro por efecto de los incendios. NIST

En condiciones normales, las columnas y las cerchas estaban protegidas por un revestimiento ignífugo destinado a retrasar el calentamiento. Los impactos arrancaron una parte considerable de esa protección justo en las plantas más dañadas. El acero quedó expuesto al fuego y comenzó a deformarse.

Al calentarse, los forjados se dilataron y posteriormente se combaron. Esa deformación hizo que las cerchas tirasen de las columnas exteriores hacia el interior. Al mismo tiempo, los pilares del núcleo se debilitaban y transferían parte de la carga a la fachada. Cada componente que cedía obligaba a los restantes a asumir un esfuerzo mayor.

56 minutos frente a 102

En la Torre Sur, la combinación fue especialmente desfavorable: impacto más bajo, mayor número de plantas por encima, daño excéntrico y una evolución de los incendios que afectó a elementos estructurales decisivos. Las imágenes analizadas posteriormente permitieron observar cómo la pared este comenzaba a curvarse hacia dentro.

A las 9.59, solo 56 minutos después de recibir el golpe, la parte superior del edificio empezó a inclinarse hacia el este y el sur. La zona dañada ya no pudo sostenerla. Cuando ese enorme bloque comenzó a descender, las plantas inferiores no estaban preparadas para detener la energía de la caída. El fallo inicial dio paso a un colapso progresivo que recorrió toda la torre.

Vista aérea de la zona cero seis días después del derrumbe de las Torres Gemelas. Wikimedia Commons.

La Torre Norte permaneció todavía en pie durante otros 29 minutos. Había recibido el primer impacto, pero este se produjo más arriba y dejó una carga menor sobre las plantas afectadas. Sus incendios evolucionaron de forma diferente y la estructura conservó temporalmente una distribución algo más favorable. Eso no evitó el mismo proceso: los pisos se deformaron, las columnas exteriores fueron arrastradas hacia dentro y la fachada sur terminó perdiendo su capacidad de sostener el edificio.

A las 10.28, 102 minutos después del primer choque, cayó la Torre Norte. El orden se había invertido: la segunda torre atacada fue la primera en desaparecer y la primera atacada fue la última en hacerlo.

Una evacuación contra el reloj

Dentro de los edificios, la explicación técnica se tradujo en una carrera por las escaleras. El NIST calculó que aquella mañana había unas 17.400 personas en las dos torres. Aproximadamente el 87% consiguió salir y lo hizo también más del 99% de quienes estaban por debajo de las zonas de impacto.

El dato revela tanto la magnitud de la evacuación como la importancia de la hora a la que ocurrió el atentado. Las torres se encontraban ocupadas solo entre un tercio y la mitad de su capacidad. Si hubieran albergado a unas 20.000 personas cada una, el desalojo habría requerido más de tres horas y el número de víctimas podría haber sido mucho mayor.

Tres bomberos trabajan entre el humo y los edificios incendiados durante la mañana del 11-S. Wikimedia Commons.

La bajada tampoco fue rápida. Los supervivientes tardaron una media de 48 segundos por planta, aproximadamente el doble de lo observado en evacuaciones ordinarias. Había humo, agua, restos, personas con dificultades de movilidad y bomberos ascendiendo en dirección contraria. Muchos ocupantes interrumpieron además el descenso para esperar instrucciones, ayudar a compañeros o tratar de comprender lo que estaba ocurriendo.

La investigación posterior al 11-S dio lugar a más de 40 cambios en códigos de construcción y a modificaciones en los estándares de protección contra incendios. Se reforzaron las exigencias sobre las escaleras, los ascensores de emergencia, las comunicaciones de los equipos de rescate, los materiales ignífugos y la resistencia de los edificios frente a colapsos.

Veinticinco años después, las horas continúan delimitando el relato: 8.46, 9.03, 9.59 y 10.28. Entre la primera y la última transcurrieron únicamente 102 minutos. El tiempo suficiente para evacuar a miles de personas, destruir dos de los edificios más reconocibles del planeta y dividir la historia reciente en un antes y un después.

11/09/2026