En las montañas del norte de Italia todavía existen formas de vida muy alejadas del ritmo de las grandes ciudades. Es el caso de Giuseppina, una jubilada que vive prácticamente aislada de la sociedad en una vivienda situada a casi 3.000 metros de altitud, en el valle de Valseriana, en la provincia de Bérgamo.
Su historia se ha conocido a través del canal de YouTube The Pillow, dedicado a mostrar formas de vida alejadas de los grandes núcleos urbanos. Durante la entrevista, Giuseppina explica que está más acostumbrada a convivir con animales que con personas y reconoce que el contacto social no resulta fácil para ella. "La gente no es para mí", afirma en un momento de la entrevista.
Esta es la casa del valle de Valseriana, en la provincia de Bérgamo, al norte de Italia, a casi 3.000 metros de altura.
Una casa sin teléfono, televisión ni frigorífico
La vida cotidiana de Giuseppina transcurre prácticamente al margen de la tecnología. En su vivienda no tiene teléfono, radio ni televisión, y tampoco dispone de buena parte de los electrodomésticos habituales en cualquier hogar.
Uno de los ejemplos más llamativos es el frigorífico. Lejos de ser un problema, ella lo considera innecesario: la mujer asegura que no lo necesita, debido a las bajas temperaturas de la zona que funcionan como un sistema natural de conservación de alimentos. Durante el invierno, el frío puede ser extremo y en el interior de la vivienda se alcanzan hasta los 13 grados bajo cero.
La calefacción depende únicamente de una chimenea. El frío también condiciona sus horas de descanso: “Cuando duermo estoy caliente, porque uso 16 mantas a la vez”, contó.
La jubilada italiana vive sola en los Alpes y se dedica al cuidado de sus animales.
Pese a estas condiciones, Giuseppina afirma estar completamente acostumbrada a la vida en la montaña. Según explica, nunca ha dormido fuera de su casa y tampoco ha viajado en avión. “Ir en avión me daría muchísimo miedo. Eso de que vaya rápido, baje y luego suba no podría soportarlo. La velocidad me da miedo”, explicó.
Su rutina: animales, leña y trabajo
Aunque ya está jubilada y recibe una pensión, Giuseppina continúa trabajando en la finca donde ha desarrollado prácticamente toda su vida. Cada temporada cría un ternero que posteriormente vende y utiliza ese dinero como complemento a sus ingresos.
Sus tareas diarias están muy alejadas de las habituales en una ciudad. Recoge hojas secas, corta leña y limpia el estiércol, además de ocuparse de los animales que viven con ella: gallinas, un perro y varios gatos, que forman parte de su día a día y se han convertido en su principal compañía.
"Me marea ver a tanta gente; no puedo ser fuerte, me siento débil. En cambio, entre los animales te sientes más fuerte; los animales se han convertido en mi familia", explica al hablar de cómo se siente cuando está rodeada de personas.
Una vida entera en la misma finca
La vivienda no es un lugar al que Giuseppina haya llegado recientemente para buscar tranquilidad. La finca ha sido su hogar durante toda su vida. Allí vivió junto a sus padres y sus dos hermanas, aunque con el paso de los años la familia fue desapareciendo.