Vitoria-Gasteiz se ha vestido de gala para rendir un sentido y emotivo homenaje a la figura de José Ángel Cuerda, el hombre que ocupó la alcaldía durante dos décadas y que es recordado por una inmensa mayoría como el regidor más querido de la historia reciente de la ciudad.
El Palacio Villa Suso fue el escenario elegido este jueves para poner en valor la huella imborrable de un político que, más allá de las siglas, hizo de Vitoria una ciudad a su imagen y semejanza. El acto, impulsado por la asociación Celedones de Oro, sirvió de marco para presentar un monográfico especial en la revista Urrezko, donde se desglosan las vivencias y el legado de quien fuera el primer alcalde de la democracia en la capital alavesa.
Pionero de la justicia social y el humanismo
La gestión de Cuerda, que se extendió desde 1979 hasta 1999, no se limitó a la administración ordinaria, sino que estuvo guiada por una máxima que él mismo repetía con frecuencia: "No es de mi competencia, pero sí de mi incumbencia". Bajo esta premisa, Vitoria-Gasteiz se convirtió en un referente de políticas progresistas y valientes. Entre sus hitos más destacados, los ponentes del homenaje recordaron que fue el impulsor del primer registro de parejas de hecho y de la creación de la primera oficina de Objeción de Conciencia para aquellos que rechazaban el servicio militar obligatorio.
Además, su compromiso con la solidaridad global llevó a la ciudad a ser pionera en destinar el 0,7% del presupuesto para la cooperación al desarrollo. Estas acciones, junto con la implementación de políticas sociales avanzadas y la creación de la red de centros cívicos, transformaron la Vitoria de la Transición en una urbe moderna, inclusiva y profundamente humana donde, en palabras de la periodista Pilar Ruiz de Larrea, "cabíamos todos".
Cultura y urbanismo con alma
El legado de José Ángel Cuerda también es visible en el tejido cultural y urbano de la ciudad. Durante sus veinte años de mandato, el alcalde apostó por proyectos que hoy son señas de identidad de Gasteiz, como la recuperación del centro cultural Montehermoso, la incorporación de obras de artistas como Ibarrola al espacio público y el empeño personal por dotar a la ciudad de un teatro público de calidad. Para Cuerda, la cultura no era un simple adorno, sino el instrumento fundamental para "enseñar a ser mejores personas y crecer".
Este enfoque se complementó con una visión urbanística que priorizaba el medio ambiente y la cohesión social, contando siempre con figuras clave como los educadores de calle para asegurar que nadie se quedara atrás en el progreso de la capital. Su curiosidad intelectual era tal que, según recordó la teniente de alcaldesa Beatriz Artolazabal, el alcalde solía leer el diario francés Le Monde para importar y adaptar innovaciones sociales que veía en el país vecino.
El hombre tras la "makila"
Más allá de su faceta pública como abogado y político, el homenaje permitió descubrir el lado más íntimo de este Celedón de Oro. Su hijo, Carlos Cuerda, compartió detalles entrañables de la vida familiar, describiendo un hogar en la calle Sancho el Sabio donde los libros son los protagonistas absolutos, acumulando entre 4.000 y 5.000 ejemplares de diversas disciplinas, con una mención especial a la poesía.
El acto también tuvo un espacio para el recuerdo de Merche, su mujer y "ancla emocional", quien habría cumplido 90 años el mismo día del homenaje. El evento concluyó con un ambiente de profunda gratitud, reforzado por la presencia de representantes de todos los partidos políticos y la proyección de un diaporama con fotografías históricas acompañadas por la música que emociona a Cuerda: desde los versos de Machado cantados por Serrat hasta la elegía de Xabier Lete. Vitoria ha dejado claro que, aunque hayan pasado años desde que dejó el cargo, la figura de Cuerda sigue más viva que nunca en el corazón de sus ciudadanos.