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Un nuevo estudio de la Universidad de Cornell (EEUU) en ratones, realizado durante seis años, ha demostrado que la activación de un punto de control natural en la meiosis -el proceso por el que se forman las células sexuales- puede detener de forma segura la producción de esperma.
En el estudio, publicado en 'Proceedings of the National Academy of Sciences', los investigadores utilizaron JQ1, un inhibidor de molécula pequeña desarrollado como herramienta de investigación para el estudio del cáncer y las enfermedades inflamatorias. Debido a sus efectos secundarios neurológicos, no era una terapia viable para la enfermedad ni un método anticonceptivo definitivo, pero se sabe que interrumpe una etapa de la meiosis llamada profase 1. Esto permitió a los investigadores de Cornell proporcionar la primera prueba de concepto de que la meiosis -y la producción de esperma- pueden ser atacadas de forma segura y reversible.
"Somos prácticamente el único grupo que impulsa la idea de que los objetivos anticonceptivos en los testículos son una forma viable de detener la producción de esperma", ha afirmado Paula Cohen, profesora de genética y directora del Centro de Ciencias Reproductivas de Cornell.
"Nuestro estudio demuestra que, en la mayoría de los casos, recuperamos la meiosis normal y la función completa del esperma, y lo que es más importante, que la descendencia es completamente normal", ha añadido Cohen.
Actualmente, los anticonceptivos masculinos incluyen condones y vasectomías. Por el momento la vasectomía es la única opción de larga duración disponible, y que técnicamente es reversible mediante cirugía posterior. Los investigadores se han mostrado especialmente reacios a desarrollar un anticonceptivo hormonal, ya que estos tratamientos han demostrado ser potencialmente peligrosos para las mujeres.
Centrados en la meiosis para una fertilidad reversible
Cohen y sus colegas decidieron centrarse en la meiosis, en lugar de en otras etapas, para detener por completo la producción de esperma de forma reversible y sin afectar la funcionalidad de los demás órganos reproductores masculinos. "No queríamos afectar las células madre espermatogoniales, porque si se destruyen, un hombre nunca volverá a ser fértil. Además, una vez que el esperma entra en la espermiogénesis, existe la posibilidad de que espermatozoides viables se filtren y fecunden un óvulo", ha explicado Cohen.
El JQ1 interrumpe la meiosis al destruir células durante la profase I e impide el inicio de la expresión génica necesaria para la espermiogénesis. En el estudio, los investigadores administraron JQ1 a ratones macho durante tres semanas. Descubrieron que los ratones no producían esperma y que todos los parámetros moleculares de la meiosis estaban alterados, incluido el comportamiento cromosómico durante la profase 1.
Recuperación completa y descendencia sana
Luego dejaron de administrar JQ1 y, en seis semanas, la mayoría de los parámetros normales de la profase 1 se recuperaron, junto con la producción normal de esperma. Posteriormente, cruzaron a esos ratones y comprobaron que todos eran fértiles. Al cruzar a las crías, demostraron que también eran fértiles y que tenían descendencia sana.
"Esto demuestra que recuperamos la meiosis completa, la función espermática completa y, lo que es más importante, que la descendencia es completamente normal. Un anticonceptivo masculino probablemente comenzaría con una inyección cada tres meses, o posiblemente un parche, para garantizar su eficacia", ha finalizado Cohen.