En el extremo norte de la provincia de Burgos, casi pegada a Cantabria, Espinosa de los Monteros ha recibido oficialmente la máxima figura de protección patrimonial al ser declarada Conjunto Histórico. Este reconocimiento como Bien de Interés Cultural pone, como afirma la Diputación de Burgos, en valor un trazado urbano donde las antiguas torres defensivas y las casas señoriales de piedra cuentan la historia de una villa estrechamente ligada a la Corona desde la Edad Media.
Reyes, hidalgos y torres de piedra
Espinosa no se entiende sin el histórico Cuerpo de Monteros de Espinosa. Nacido en el siglo XI, este cuerpo de hidalgos locales tuvo el acometido de custodiar a los reyes de España durante la noche, una responsabilidad que terminó dando nombre al propio pueblo. Con los siglos llegaron nuevas concesiones reales, como el mercado semanal de 1501 o el título formal de villa otorgado por Felipe IV en 1627, consolidándola como un referente de poder en la comarca.
Pasear por su casco urbano nos permite descubrir una de las mayores concentraciones de arquitectura señorial de Las Merindades. Tras sus escudos en piedra existen joyas como el Palacio de los Cuevas Velasco, el de los Fernández Villa o el imponente Palacio del Marqués de Chiloeches. El recorrido nos hace pasar además por rincones singulares como la llamada Casa de los Cubos o la llamativa Torre de los Azulejos.
Palacio chiloeches.
El pueblo también tiene dos iglesias clave que deberías visitar. Por un lado está la iglesia de San Nicolás, del siglo XII, y famosa por su pila bautismal cuadrada y su retablo gótico del siglo XV. Por otro, la iglesia de Santa Cecilia, iniciada en el siglo XVI, tiene una curiosidad que solo los visitantes más atentos notan. Y es que tiene sus columnas ligeramente inclinadas por haberse construido sobre un suelo inestable a orillas del río Trueba.
El patrimonio de Las Merindades
La visita a Espinosa es el punto de partida perfecto para hacer una ruta por otras villas vecinas de mucha riqueza histórica.
A unos 25 kilómetros, el Valle de Mena conserva en su capital Villasana de Mena la estructura medieval original. La calle del Medio es el eje vertebrador para observar casonas imponentes, la monumental Torre de los Velasco y el palacio de los Sancho Ortiz de Matienzo.
Medina de Pomar, por otro lado, es la parada más obligatoria de la zona. Su horizonte está dominado por el Alcázar de los Condestables, una imponente fortaleza del linaje de los Velasco. En sus calles se encuentra un casco antiguo articulado alrededor de la iglesia de Santa Cruz y el Monasterio de Santa Clara, este último reconfigurado hoy como museo, hospedaje y convento de clausura. Al ser uno de los núcleos más poblados de la comarca, Medina de Pomar ofrece además una gran oferta de restaurantes donde probar su lechazo asado o las carnes de la zona.
A tan solo ocho kilómetros de Medina, Villarcayo ejerció durante siglos como centro administrativo y político de Las Merindades. Su Plaza Mayor y la calle Santa Marina concentran espléndidas casas levantadas entre los siglos XVII y XVIII. Por último, Salazar es la sorpresa del itinerario. Este pequeño pueblo está estructurado a lo largo de una calle principal y reúne una densidad asombrosa de fachadas ornamentadas con escudos, casas-torre y el con imponente Palacio de los Salazar, muestra directa del enorme poder que alcanzó esta familia.