Vida y estilo

Un recorrido por la costa de Bizkaia y sus faros

Para el escritor y marino Joseph Conrad la costa cantábrica es “lo más desagradable y arriesgado que imaginarse pueda” y aunque desde tierra es espectacular, los faros del litoral vizcaino parecen darle la razón
Por la torres de luz que iluminan la costa de Bizkaia / Juan MIguel Ochoa de Olza | NTM

La costa de Bizkaia, como la del resto del Cantábrico es una de las más agrestes y espectaculares que se pueden encontrar. Altos acantilados se alzan sobre el mar, cuyas olas baten estas paredes con fuerza y ocultan peñas y peligros que hacen que navegar por su aguas resulte arriesgado. Además, las tormentas del noroeste complican aún más salir al mar.

Para auxiliar a marinos y navegantes, los faros y las luces de ayuda son la mano que les guía con seguridad, la que les indica dónde están o por dónde pueden o no pasar. También sirven ahora de hitos para senderistas, paseantes y amantes del mar.

Para los que los ven desde tierra, los faros también son un atractivo que no deja indiferente. Además, los enclaves sobre los que se han levantado la mayoría ofrece vistas y panorámicas bellas que siempre satisfacen. A ello se une que la historia, el camino que lleva hasta ellos o el propio edificio ofrecen un plus que justifica la visita.

El faro de Arriluze, fuera de servicio, es de aspecto el más atípico de levantados en Bizkaia. J.M. Ochoa de Olza | NTM

De Getxo a Gorliz

En Getxo, junto al puerto deportivo, se encuentra el faro de Arriluze, en la antigua Casa de Náufragos y actual sede de Cruz Roja y del Club de Remo. Diferente a cualquiera de los otros faros que se pueden ver en Bizkaia, recuerda más a un caserío.

Es un buen punto de arranque de una excursión a pie hasta Gorliz, recorriendo un espectacular y quebrado paisaje por encima de algunos de los acantilados más altos del territorio.

Para muchos vecinos del Gran Bilbao es un paseo habitual subir desde aquí hasta Punta Galea pasando por la playa de Ereaga hasta el puerto viejo de Algorta, llegar hasta la playa de Arrigunaga y desde allí comenzar a subir por el camino por encima del talud de la playa camino de Punta Galea.

Pero antes vale la pena desviarse hacia la terminal de los cruceros por el contramuelle de Arriluze. Este malecón en el que paseantes y pescadores se cruzan acaba en una baliza, una torre cilíndrica blanca, un castillete de aura medieval que sustituyó en su momento al de Arriluze, ahora fuera de servicio.

El actual faro de Punta Galea, de 1950, es el tercero de los que han iluminado este punto de la costa vizcaina. J.M. Ochoa de Olza | NTM

Con su luz roja marca la entrada a la ría del Nervión-Ibaizabal. La silueta de esta baliza vista de lejos sirve de escala para calcular el tamaño de los cruceros atracados que llenan Bilbao de turistas. Se queda muy pequeña.

De nuevo en ruta tras pasar Algorta y subir bordeando el mirador de Aixerrota se alcanza el viejo fuerte de punta Galea, un bastión militar que defendía la entrada a Bilbao por mar con sus cañones. Para los amigos de los faros, en su interior se puede descubrir el primitivo faro, de más de siglo y medio de antigüedad. Ahora, desmochado y sin linterna parece la torre del fuerte.

Al final del paseo, entre casas y como un chalé más, se encuentra el actual faro de Punta Galea, que entró en servicio en 1950 y es el tercero de los que han iluminado este punto.

Desde aquí, una serie de sendas llevan hasta Gorliz pasando por encima de las playas de Gorrondatxe, Sopelana, Barrika y Muriola hasta bajar a Plentzia y Gorliz. Solo queda ascender hasta el cabo Billano, donde se encuentra el faro de Gorliz sobre una cresta casi a dos aguas. Es el más moderno de esta costa. Entró en servicio en 1991.

Esta blanca torre de 21 m es también, al igual que la de Galea, un aerofaro. Su cúpula transparente permite que su luz y sus destellos sean visibles desde el aire y los aviones se orienten hacia el aeropuerto de Bilbao, que está en Loiu.

Los amaneceres desde el faro de Santa Katalina son tan atractivos como los atardeceres desde el cabo Matxitxako. J.M. Ochoa de Olza | NTM

Matxitxako y Santa Katalina

Mientras disfrutamos de la puesta del sol en el faro de Gorliz es posible que vislumbremos en la costa de Cantabria la titilante luz blanca del faro de Santa Ana, en Castro: cuatro destellos cada 24 segundos. En línea recta está a 12 millas náuticas, unos 22 km. Una norma común es que desde un faro deben verse al menos el anterior y el siguiente.

Por eso, si el excursionista se gira hacia el este descubrirá las luces del faro de Matxitxako, a unas 8 millas (15 km), la siguiente visita.

Ir hasta el cabo Matxitxako, en Bermeo, es adentrarse en la Bizkaia más marinera, la de la pesca de altura, la de la caza de ballenas, la de los exvotos de San Juan de Gaztelugatxe. Es llegar al escenario de una de las batallas navales más épicas de la Guerra Civil, entre los bous de la Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi Gipuzkoa, Nabarra, Bizkaia y Donostia y el sublevado crucero Canarias. Es también llegar a la puerta de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai.

El actual faro de Matxitxako es el más grande de los de Bizkaia. Su imponente edificio de principios del siglo XX fue el último de los habitados por un farero en este territorio.

Más abajo de este, justo en el mismo borde del acantilado, se conserva todavía la torre del primer faro, de 1852, que sin linterna ahora cuenta con una potente bocina de niebla y un observatorio de aves y cetáceos.

Dirigiendo nuevamente la mirada al este, más allá de los cabos de Ogoño y Apikale, a unas 11 millas náuticas (21 km) en línea recta se ve la silueta del cabo de Santa Katalina y su faro, en Lekeitio, el último de los faros vizcainos.

Levantado en 1862 sobre el mismo borde del acantilado, muchas olas gigantescas han rociado de espuma su linterna a 46 m de altura. Destino habitual de los paseos de lo lekeitiarras y visitantes, ahora ofrece el atractivo añadido de que, tras su restauración, es visitable.

No se puede acceder a la linterna, pero el balcón de su Centro de Interpretación de las Técnicas de Navegación permite asomarse directamente sobre el mar.

En este centro se pueden aprender los fundamentos básicos de la navegación desde la antigüedad y embarcarse en una singladura virtual desde Elantxobe, al pie de Ogoño, hasta la seguridad del puerto de Lekeitio.

Para los que gusten de madrugar, este balcón permite ver uno de los amaneceres más bellos de la costa. Los que prefieran las puestas de sol tienen que volver a Matxitxako.

Así son estos faros

Baliza contramuelle de Algorta

  • Construcción: 1904. Torre cilíndrica blanca.
  • Altura de la torre: 15 m.
  • Plano focal: 18 m.
  • Alcance: 3 millas náuticas.
  • Señal: Luz roja. Un destello cada 5 segundos.

Faro de Arriluze

  • Construcción: 1920. Torre cilíndrica blanca sobre torre cuadrada blanca.
  • Señal: Fuera de servicio.

Faro de Punta Galea

  • Construcción: 1852. Torre redonda de mampostería.
  • Altura de la torre: 8 m.
  • Plano focal: 84 m.
  • Alcance: 19 millas náuticas.
  • Señal: Luz blanca. Tres destellos cada 8 segundos.

Faro de Gorliz

  • Construcción: 1991. Torre blanca.
  • Altura de la torre: 21 m.
  • Plano focal: 165 m.
  • Alcance: 22 millas náuticas.
  • Señal: Luz blanca. Tres destellos cada 7 segundos.

Faro de Matxitxako

  • Construcción: 1852. Torre prismática de mampostería.
  • Altura de la torre: 20 m.
  • Plano focal: 122 m.
  • Alcance: 24 millas náuticas.

Señal: Luz blanca. Un destello cada 7 segundos.

Faro de Santa Katalina

  • Construcción: 1862. Torre troncocónica gris con base octogonal.
  • Altura de la torre: 13 m.
  • Plano focal: 46 m.
  • Alcance: 17 millas náuticas.
  • Señal: Luz blanca. Cuatro destellos cada 20 segundos.
20/01/2024