La última imagen del Papa Francisco sigue grabada en la memoria. Aquella mañana de Pascua, en la plaza de San Pedro, Jorge Mario Bergoglio avanzaba despacio en el papamóvil: gesto cansado, voz débil y la misma determinación de siempre por estar entre la gente. Murió al día siguiente, el 21 de abril de 2025, cerrando un pontificado que puso a los márgenes en el centro.
El legado de Francisco
Un año después de su muerte, el legado de Francisco sigue vivo en las reformas que abrió y en una nueva forma de entender el papel de la Iglesia en el mundo. Su mirada hacia las periferias, la denuncia de las desigualdades, el impulso a la sinodalidad y la exigencia de transparencia marcaron un punto de inflexión.
El presbítero y teólogo Javier Vitoria lo resume así: "Se le echa de menos. Fue un soplo de aire fresco en la Iglesia católica. Impulsó cambios necesarios, hizo avances importantes en la sinodalidad y obligó a afrontar asuntos como la pederastia. Fue un Papa providencial, de los que llegan en el momento oportuno y marcan un antes y un después".
En esa misma línea se expresa el jesuita Manu Arrúe, quien recuerda a Francisco como un papa cercano y transformador, que apostó por una sociedad más servicial, abierta y comprometida con quienes peor lo pasan. A su juicio, el pontífice argentino dejó su impronta al situar en el centro a los marginados, la justicia social y la ecología, además de tender puentes entre religiones y pueblos: “Qué maravilla que haya existido una persona así”.
La teóloga María José Arana coincide en esa lectura y subraya el alcance humano y pastoral de su figura: "Recuerdo al Papa Francisco como un hombre muy valiente, muy cercano y campechano, una figura que intentó cambiar el tono de la Iglesia y hacerla más próxima a la gente. Creo que consiguió que muchos cristianos nos situáramos de otra manera en la sociedad, con una actitud más servicial, más dialogante y más abierta a los problemas reales del mundo", afirma.
“ Echo de menos al Papa Francisco. Fue un soplo de aire fresco; marcó un antes y un después ”
Javier Vitoria - Presbítero y teólogo
Sin embargo, también introduce un matiz crítico sobre uno de los debates pendientes: la mujer en la Iglesia. "Siempre vi una dificultad importante en Francisco en todo lo relacionado con la mujer. A pesar de algunos avances concretos, en ese terreno le veía remiso, prudente en exceso y con problemas para afrontar decisiones de mayor calado", sostiene la teóloga.
Uno de los desafíos más graves a los que tuvo que enfrentarse Francisco fue el de la pederastia. El pontífice respondió con determinación, cercanía y voluntad de poner fin al escándalo, aunque ese impulso chocó en ocasiones con resistencias internas en el seno de la Iglesia.
En ese contexto, Vitoria subraya la gravedad de lo ocurrido y pone el foco en lo que considera el verdadero problema: “Lo peor no es que haya habido casos de pederastia, que ya es gravísimo, sino que además se hayan ocultado y se haya intentado desviar la atención. Eso no puede volver a suceder”.
León XIV saluda sonriente a los fieles
Nueva etapa
Con ese escenario aún abierto, la Iglesia católica afrontó un momento decisivo: elegir al Papa número 267. En las horas previas al cónclave, la cadena italiana TV2000, vinculada a la Conferencia Episcopal, repasó a los principales candidatos a suceder a Francisco. Los analistas los dividieron en tres corrientes: progresistas, partidarios de continuar la senda reformista de Francisco; conservadores, favorables a revertir parte de sus cambios; y un tercer bloque de perfiles periféricos o difíciles de encajar, entre los que se encontraba Robert Francis Prevost.
Prevost no encabezaba las quinielas. Era, en palabras de los analistas vaticanos, un outsider: alguien difícil de encasillar en los bloques tradicionales. Estadounidense de nacimiento, misionero en Perú durante años, con nacionalidad peruana y una trayectoria que atravesaba continentes, su perfil desbordaba etiquetas. Sin embargo, fue su nombre el que se escuchó en la plaza de San Pedro el 8 de mayo tras la fumata blanca.
Desde el primer momento, el nuevo Papa dejó claro el eje de su pontificado. "Sin miedo, unidos, tomados de la mano con Dios y entre nosotros sigamos adelante. Ayúdennos también ustedes, luego ayúdense unos a otros a construir puentes", proclamó desde el balcón de San Pedro. Era su hoja de ruta.
“ León XIV no se calla ante las injusticias; eso es importante en un momento tan convulso ”
Manu Arrue - Jesuita
Similitudes y diferencias
En este primer año, León XIV ha dado señales de continuidad con el legado de su predecesor, pero también de afirmación propia. Ha mantenido procesos abiertos, ha consolidado reformas y ha introducido un ritmo distinto: menos gestos inesperados, más construcción a largo plazo.
Esa continuidad, de hecho, ha disipado la incertidumbre que tenía sobre su figura. “Aunque a mi edad uno está acostumbrado a que los Papas mueran y lleguen otros, siempre hay un momento de incertidumbre sobre qué va a pasar con la sucesión. Sin embargo, esa incertidumbre inicial, al menos en mi caso, se ha ido disipando al ver que el Papa León está sancionando lo que Francisco había aprobado”, afirma Javier Vitoria.
María José Arana aprecia esa misma línea de continuidad, aunque con sello propio: "En León XIV veo algunos signos claros de continuidad con Francisco, especialmente en la preocupación social, en la atención a los pobres y en determinados gestos pastorales, aunque naturalmente está imprimiendo su propio estilo".
Sin embargo, existen diferencias entre ambos. “Hay diferencias de estilo y de manera de ser, pero no tanto en los planteamientos. Son dos Papas con culturas religiosas distintas, uno jesuita y otro agustino, con trayectorias personales muy diferentes, y eso acaba marcando”, reconoce Vitoria
Francisco fue un Papa de gesto inmediato, de palabra directa, incluso imprevisible. "Se movía muy bien en el directo, en la improvisación, era un Papa muy cómodo en el contacto inmediato, algo que le daba una gran relevancia mediática porque entraba en todos los temas sin filtros" , explica el teólogo. Esa espontaneidad, que le acercó a muchos, también generó tensiones dentro de la propia Iglesia.
León XIV, en cambio, ha optado por un estilo más contenido. “Tiene un tono más prudente, pero eso no significa que sus posiciones sean menos claras” , apunta Vitoria. Su comunicación es más medida, su lenguaje más institucional, su presencia menos expuesta al ruido mediático.
Manu Arrue coincide en ese contraste de ritmos entre ambos pontificados: "Francisco ya tenía un rodaje de años y eso le permitía ir abriendo nuevos caminos. Este Papa, en cambio, está comenzando y va con más pies de plomo, aunque no se calla ante las injusticias. Eso es importante en un momento internacional tan convulso como el que vivimos".
Funeral tras la muerte del Papa Francisco
La paz, objetivo prioritario
Para el jesuita, hay dos aspectos que están marcando el Papado de León XIV: la lucha por la paz mundial y la unidad de la Iglesia. En cuenta a la guerra, Robert Francis Prevost se ha mostrado tajante en las últimas semana, enviando mensajes de paz, convivencia y respeto. “La guerra no puede ser proactiva, no se puede invadir un país y actuar al margen del derecho internacional y de los organismos internacionales”, dice Arrue.
El religioso considera que León está siendo valiente en este sentido al enfrentarse a personas tan poderosas como Dondald Trump: “Defender una postura de paz en medio de los conflictos actuales le está granjeando enemigos, pero está sosteniendo una posición lógica y coherente. Es inaceptable que el presidente de los Estados Unidos amenace con hacer desaparecer a toda una civilización”.
Desde esa misma convicción, Manu Arrue reclama un esfuerzo conjunto para frenar la violencia: “Si las diferentes religiones, en la línea del Papa León XIV, se convierten en garantes de la paz, esta estará más cerca”.
La teóloga María José Arana comparte esa percepción y considera que la paz se ha convertido en uno de los ejes del nuevo pontificado: “Yo creo que este Papa tiene muy centrado el problema de la paz. Su actitud me parece valiente y necesaria, porque vivimos un momento internacional muy delicado y hacía falta una voz moral con capacidad de interpelar a los poderes políticos”.
“ Debemos avanzar hacia una Iglesia en la que las mujeres tengan un papel relevante ”
María José Arana - Teóloga
La cohesión interna
La cuestión de la unidad interna sigue siendo uno de los grandes asuntos en el seno de la Iglesia católica. Francisco impulsó durante su pontificado una mayor participación de fieles, religiosos y laicos a través de la sinodalidad. León XIV hereda ahora ese proceso con el reto de consolidarlo sin fracturas. Ese desafío no es menor, según Manu Arrue: “Los católicos somos más de 1.400 millones. Puedes imaginar la cantidad de tendencias distintas que existen y lo difícil que resulta mantener la unidad”.
La diversidad cultural, social y moral dentro de la Iglesia convierte cualquier avance en un equilibrio delicado. Lo que se vive en Europa no siempre coincide con la realidad de África, Asia o América Latina, y esas diferencias atraviesan debates de fondo sobre el papel de la mujer, la moral sexual o la organización interna. “No es fácil para el Papa mantener la unidad dentro de la Iglesia porque surgen discrepancias en temas relevante. Hay que hacerlo desde el Evangelio. Los acuerdos supoen un avance para todos”, reconce Arrue.
La teóloga María José Arana apuesta por el diálogo como herramienta de cohesión interna y también de apertura: “León XIV tiene una sensibilidad especial hacia el diálogo interreligioso. En un mundo tan fragmentado, ese diálogo puede convertirse en una herramienta esencial para la convivencia y la paz”.
El Papa León XIV aparece por primera vez desde la ventana del Palacio Apostólico para recitar el Regina Coeli.
Los 8 retos de León XIV
Abusos sexuales
El escándalo de la pederastia sigue siendo la herida más grave. Francisco dio pasos importantes, pero el problema dista mucho de estar cerrado. León XIV ha mantenido la línea de tolerancia cero, pero se le exige algo más que continuidad: rapidez en los procesos, depuración de responsabilidades y una transparencia que no deje lugar a dudas.
Unidad interna de la Iglesia
León XIV ha optado por un tono menos beligerante, pero las fracturas internas en el seno de la Iglesia no han desaparecido. Persisten las tensiones entre quienes reclaman reformas y quienes ven riesgos en cualquier cambio. La dificultad está en arbitrar sin bloquear ni romper equilibrios. El Papa deberá mantener ese equilibrio sin romperlo, en un momento en el que la polarización también atraviesa lo religioso.
El papel de la mujer
La demanda de mayor presencia femenina en órganos de decisión sigue creciendo, y la falta de avances empieza a percibirse como una señal de inmovilismo. Es uno de los terrenos donde más se medirá la capacidad reformista del pontífice.
Pérdida de fieles en Occidente
Europa vive un proceso de secularización acelerado. La Iglesia pierde influencia social y capacidad de movilización. El reto no es solo recuperar fieles, sino redefinir su papel en sociedades donde la religión ya no está tan presente en el espacio público.
Auge de cristianos en el hemisferio sur
África y parte de Asia viven una expansión del catolicismo. Pero ese crecimiento ha traído consigo tensiones culturales y doctrinales. León XIV deberá armonizar una Iglesia cada vez más diversa, donde las prioridades no son las mismas en todos los continentes.
Conflictos internacionales
En un contexto de conflictos prolongados y nuevas tensiones geopolíticas, la voz del Papa sigue siendo observada con lupa. La posición de León XIV en contra de la guerra y su enfrentamiento con Donald Trump le ha granjeado numerosos apoyos y también algunos enemigos. Se espera que mantenga una postura igual de firme ante futuros desafíos, abogando siempre por la paz.
Reforma de la curia
El Vaticano arrastra inercias burocráticas difíciles de cambiar. La modernización de las estructuras, la transparencia financiera y la eficiencia administrativa siguen siendo tareas pendientes.
Agenda social y climática
Francisco dejó el listón alto en cuestiones como la desigualdad o el medioambiente. Mantener ese compromiso —y traducirlo en influencia real— será otra prueba para León XIV.
Labor compleja
León XIV afronta así una tarea compleja: preservar la cohesión de una comunidad global sin renunciar a las reformas puestas en marcha en la etapa anterior y sin cerrar la puerta a nuevas transformaciones, como la presencia de la mujer en la Iglesia.