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Ocho años han transcurrido desde que la trágica pérdida de Ekai Lersundi Martínez sacudiera la conciencia colectiva de toda Euskadi. Ocurrió en febrero de 2018, en plena adolescencia y mientras aguardaba la atención médica y hormonal que nunca llegó a tiempo. Desde entonces, su padre, Elaxar Lersundi, y su familia no han dejado de batallar. Su lucha no solo busca honrar la memoria de su hijo, sino proteger a las nuevas generaciones y ofrecer cobijo a quienes sufren en la sombra. Coincidiendo con la organización de una nueva edición del Aniztasunaren Besarkada Eguna (‘Día del Abrazo a la Diversidad’) en Ondarroa, Elaxar hace un alto en el camino para hablar sin tapujos sobre el estigma del suicidio, la empatía y la necesidad imperiosa de no dar ni un solo paso atrás en los derechos conquistados.
Ocho años después, el Aniztasunaren Besarkada Eguna se ha consolidado como un encuentro referente en Ondarroa. ¿Cómo nació exactamente esta iniciativa?
Surgió tras el primer aniversario. El primer año tras el fallecimiento de Ekai fue un torbellino de homenajes junto a la asociación Naizen y la gente del pueblo. Cuando concluyeron aquellos actos oficiales, Ana, su madre, y yo nos dimos cuenta de algo muy profundo: los abrazos sinceros que nos daba la gente nos curaban por dentro. Sentíamos que un abrazo es infinitamente mejor que muchos medicamentos, porque te reconforta de una forma que ningún fármaco puede lograr. Nos preguntamos por qué no le regalamos a Ekai, en su memoria, un día dedicado precisamente a repartir abrazos. Así nació la primera edición. El año que no pudimos hacerlo en la plaza por coincidir con alguna feria o por la pandemia, buscamos la manera de adaptarlo, pero la esencia siempre ha sido la misma: regalar y recibir ese cariño comunitario. Siempre se celebra el segundo sábado de octubre en torno al cumpleaños de Ekai, el 13 de octubre.
Observando el escenario actual con la perspectiva que dan estos ocho años, ¿siente que la sociedad ha avanzado o que nos enfrentamos a nuevos riesgos?
Hay avances evidentes. La despatologización de la transexualidad ha sido un logro fundamental y los plazos para acceder a las terapias hormonales se han acortado en muchos aspectos, aunque todavía queda mucho por hacer. Sin embargo, nos preocupa enormemente el ambiente social. Por un lado, hay más empatía y comprensión generalizada; pero, por otro, vemos una radicalización brutal en determinados sectores. El discurso del odio está calando con muchísima fuerza, y lo más doloroso es ver a chavales muy jóvenes —de 14, 15 o 16 años— reproduciendo insultos y consignas abiertamente tránsfobas u homófobas en las calles. Es un retroceso peligroso frente al que no podemos ponernos de perfil y que personalmente me preocupa mucho, teniendo en cuenta que estamos a las puertas de unas nuevas elecciones. Todo es consecuencia de lo que está ocurriendo en la sociedad actual con gobiernos como el de EE.UU. donde familias con hijas e hijos trans han tenido que salir de su país, las que pueden, pero ¿qué pasa con las que no tienen medios para ir a vivir a otros países?.
Por otro lado, ustedes siempre han rechazado el silencio en torno al suicidio. ¿Por qué es tan necesario romper ese tabú en los medios y en las calles?
Porque lo que no se nombra, parece que no existe. Se ha instalado el mito de que hablar del suicidio provoca un efecto contagio, y eso es rotundamente falso; las estadísticas y los profesionales así lo demuestran. Al contrario: romper el silencio permite que quien está sufriendo al límite sepa que puede pedir ayuda. En este país se suicidan entre 4.000 y 5.000 personas al año, una cifra desgarradora. Muchas veces me escriben o me abordan jóvenes por redes sociales o por la calle con pensamientos suicidas. Lo único que necesitan en ese instante no son grandes discursos, sino que alguien los escuche de verdad, sin juzgar. Solo con estar ahí y escucharles, les estás tendiendo un salvavidas. Se debería de hablar más de este tema.
El Aniztasunaren Besarkada Eguna de este año promete reunir de nuevo a colectivos de muy diversa índole. ¿Qué se va a encontrar quien acuda a la plaza?
Queremos que sea una jornada profundamente inclusiva y diversa. Participará gente del espacio cultural Etxelila, asociaciones de diversidad funcional, representantes del movimiento feminista y vecinas y vecinos de todas las edades. Contaremos con la participación de jóvenes que leerán pasajes y resúmenes de libros como Tránsitos, que recoge testimonios de 25 familias y culmina precisamente con la historia de Ekai. También habrá música, pequeñas intervenciones y, como colofón, formaremos una gran espiral humana en la plaza para fusionarnos en un abrazo colectivo. Un abrazo donde quepamos todos: desde las personas trans hasta quienes sufren cualquier tipo de discriminación o rechazo. Este año es, además, un año especial porque ha fallecido un buen amigo que ha estado con nosotros en los peores momentos, Mikel Etxaniz, y tendremos un recuerdo especial para él.
Si pudiera enviar un mensaje a las instituciones y a las familias que hoy acompañan a menores trans, ¿cuál sería?
A las instituciones, que no permitan ni un solo retroceso en las leyes de protección y que inviertan en educación y sanidad pública. Y a las familias, que escuchen a sus hijos, que los abracen y los respalden sin condiciones. Ekai nos dejó escrito que siguiéramos luchando por todos los que venían detrás. Ese es el mandato que cumplimos cada día. Pese a las dificultades, no vamos a dar ni un paso atrás. Tenemos que movilizarnos para seguir adelante y no perder lo que hemos logrado hasta el momento con tanto sufrimiento.