La cordialidad y el buen talante ha presidido este jueves la reunión que han mantenido en la Casa Blanca los máximos mandatarios de las dos mayores potencias económicas del planeta. En las declaraciones previas a la esperada cumbre, Donald Trump y Xi Jinping han coincidido en apostar por la vía de la colaboración entre Estados Unidos y China en la búsqueda de “un futuro mejor” para ambos países, sin descartar una “competencia sana”.
Más dado a las apreciaciones en el ámbito personal, Trump no ha dudado en destacar la “amistad verdaderamente extraordinaria” que mantiene con Xi desde que accediera a la presidencia estadounidense por primera vez en 2016, una relación “construida sobre el respeto mutuo y los intereses vitales de nuestros pueblos”.
Trump recurría a argumentos históricos al llamar a profundizar una relación entre dos países que fueron "aliados" durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos cooperó con las fuerzas chinas frente a la ocupación japonesa. "Así como nuestros pueblos trabajaron juntos para ganar aquella guerra, el presidente Xi y yo seguiremos trabajando juntos para forjar un futuro mejor para nuestras dos naciones”, agregaba el inquilino de la Casa Blanca, agradeciéndole a su homólogo asiático “esta visita histórica”. En este contexto, ha recordado que se trata del primer presidente chino en realizar dos visitas de Estado a Washington, después de la que efectuó en 2015, durante el mandato de Barack Obama.
En esa línea de sintonía incidía Xi Jinping, al remarcar que "China y los Estados Unidos no deben cruzar la línea del conflicto y la confrontación" y abogar por "fortalecer la comunicación" y "cooperar con sinceridad". Ello no significa, a su juicio que haya que “evitar hablar de competencia”, pero manifestaba que “esta debe ser sana y mantenerse dentro de límites razonables. Debe tratarse de una carrera para ponernos al nivel del otro, no de una lucha en la que uno gana y el otro pierde". Y es que, en su opinión, los intereses bilaterales "están profundamente entrelazados y existe un amplio margen" para colaborar.
En el ámbito de la defensa, Xi instó a las fuerzas armadas de los dos países a "mantener un diálogo regular y mejorar los mecanismos de comunicación y prevención de crisis", e insistió en que es posible superar la trampa de Tucídides. Este concepto con raíces en la Grecia clásica, que se ha vuelto popular para analizar la rivalidad geopolítica entre China y Estados Unidos, describe una aparente tendencia a la guerra con base en que un Estado hegemónico ve amenazado su liderazgo por otro.
Más centrados en el terreno de la economía y las relaciones comerciales, enfatizaba: "Puede que la cooperación entre China y Estados Unidos no resuelva todos los problemas del mundo, pero sin ella sería difícil solucionar muchos de los desafíos globales. China mantiene sus puertas abiertas de par en par y acoge a las empresas estadounidenses que deseen invertir y hacer negocios allí. Esperamos que las empresas chinas reciban un trato justo aquí, en Estados Unidos". En este sentido, cabe destacar que Xi ha viajado a EE.UU. acompañado de representantes de grandes empresas como BYD, Xiaomi o Alibaba.
Junto con la tregua comercial, que Washington aseguró el miércoles que se prorrogará dos meses, y el levantamiento de restricciones chinas a la exportación de tierras raras a Estados Unidos, el desarrollo y las salvaguardas de la IA se ha vuelto el asunto más capital de la visita de Xi. "Tanto China como Estados Unidos son naciones líderes en inteligencia artificial (IA). Poseemos tanto la capacidad como la responsabilidad de desarrollar y gestionar la IA para el bien común, así como de garantizar que su desarrollo permanezca siempre bajo control humano y sirva al bienestar de las personas", añadió el mandatario. Así, se cree que la visita se podría saldar con la creación de un teléfono rojo para que las dos potencias puedan gestionar una potencial crisis relacionada con los avances de la IA.
Esta es la segunda vez que ambos líderes se reúnen este año, después del encuentro que mantuvieron en Pekín en mayo. El objetivo de esta cumbre es rebajar las tensiones en una relación marcada, además de por la carrera por la inteligencia artificial, por las disputas comerciales, tecnológicas y geopolíticas, desde los aranceles y las tierras raras hasta la guerra de Irán y la situación de Taiwán.