Con el otoño, los bosques de Euskal Herria se convierten en un escenario donde aparecen setas de todo tipo, lo que transforma esta estación en el momento favorito de quienes disfrutan de la micología. Entre las zonas más emblemáticas para iniciar la jornada destaca el Parque Natural de Gorbeia, repartido entre Bizkaia y Álava. Sus hayedos y robledales son un auténtico paraíso para recoger estas joyas. Muy cerca, el Parque Natural de Urkiola también tiene buenas condiciones por sus laderas húmedas. Por otro lado, el bosque de Altube es otro punto cercano de interés. Gracias a sus árboles, resulta perfecto para encontrar especies como la Boletus edulis, el rebozuelo o diferentes tipos de boletus.
Los bosques nos surten de gran cantidad de setas en otoño.
En Gipuzkoa, el Parque Natural Aiako Harria ofrece un escenario con muchos bosques húmedos, cascadas y vistas a la bahía de Txingudi. Allí abundan especies como el níscalo, muy apreciado en la gastronomía local.
Los tesoros de Navarra
Navarra es una potencia micológica gracias a la diversidad de sus microclimas. Más allá de la monumental Selva de Irati, los bosques del Valle de Ultzama, famoso por su parque micológico acotado, y los húmedos hayedos de Baztan y Monte Alduide son auténticos paraísos para encontrar boletus, ziza hori y las cotizadas trompetas de la muerte entre la hojarasca. La Sierra de Lokiz y los espectaculares bosques del Señorío de Bertiz también destacan por su humedad, ideal para el brote de amanitas cesáreas y gibelurdines.
Qué buscar en los bosques
Gorbeia es el enclave micológico por excelencia. Sus inmensos hayedos en zonas como Pagomakurre o los robledales de Altube ofrecen las condiciones perfectas de humedad para el Boletus edulis y el apreciado aereus. Es una parada obligatoria para quienes buscan ejemplares muy grandes.
Otro punto mencionado es la Selva de Irati, el segundo hayedo-abetal más extenso de Europa y una zona protegida e ideal para la búsqueda de ziza hori (rebozuelo), trompetas de la muerte y carboneras.
A tener en cuenta...
Comprobar las especies es clave, ya que algunas variedades tóxicas se parecen mucho a las comestibles. También es bueno llevar cestas de mimbre para que las esporas caigan al suelo y el ciclo natural continúe. Además, es importante informarse de las normativas y respetar sus límites.