"Te estás duchando mal y no lo sabes". Con esa advertencia arranca la doctora Marín Berbell un vídeo en el que desgrana los errores más habituales que cometemos en la ducha y que, según explica, pueden dañar la piel de forma acumulada. "Te explico como médico tres errores que casi todos cometemos y que pueden dañar nuestra piel".
Frotarse la piel con esponja
El primer error, "probablemente el más frecuente", según la doctora, es frotarse la piel. La explicación es dermatológica: "La piel tiene su propio microbioma y una barrera lipídica que la protege. Y si la frotas, te puedes cargar ese microbioma". El microbioma cutáneo es la comunidad de microorganismos que vive en la superficie de la piel y que actúa como primera línea de defensa frente a bacterias patógenas, hongos e irritantes externos. La barrera lipídica, formada por aceites y grasas naturales, es la que mantiene la hidratación y evita que agentes externos penetren en las capas más profundas. Frotar con esponja, especialmente con las de textura rugosa, daña ambas estructuras.
Ducharse con agua demasiado caliente
El segundo error combina temperatura y duración. "Aunque esté agustísimo debajo del chorro, el agua a quinientos grados tanto rato te seca, irrita la piel y te puede llevar a dermatitis", dice la doctora. El límite que marca es el de menos de diez minutos y a una temperatura más templada. El agua muy caliente disuelve los lípidos naturales de la piel con mucha más eficacia que el agua tibia, lo que deja la barrera cutánea desprotegida y favorece la pérdida de humedad. Con el tiempo, ese hábito puede derivar en sequedad crónica, picor y, en pieles sensibles o con predisposición, en brotes de dermatitis atópica o eccema.
Usar demasiado jabón
"No necesitamos tanto jabón. Nuestra piel se limpia sola cada día. Y el jabón al final acaba con los aceites esenciales que protegen nuestra piel". La doctora Marín Berbell es muy concreta sobre dónde sí tiene sentido usarlo: "si no te has rebozado en una piscina de barro, el jabón únicamente es necesario en las axilas, aquí abajo y en los pies". El resto del cuerpo, en condiciones normales, no necesita jabón en cada ducha.
Ducha
El problema del exceso es que elimina los lípidos protectores y altera el pH natural de la piel, que es ligeramente ácido y actúa como escudo frente a infecciones y agresiones externas.
Consejos extra
Ducharse parece un gesto cotidiano, pero hay pequeños detalles poco conocidos que pueden marcar la diferencia en la salud de la piel y el cabello. Por ejemplo, no todo el mundo sabe que aplicar el champú dos veces puede ser útil cuando hay acumulación de grasa o productos, ya que la primera limpieza elimina la suciedad superficial y la segunda actúa en profundidad. También conviene evitar usar esponjas o estropajos a diario, ya que pueden alterar la barrera natural de la piel y favorecer irritaciones.
Otro aspecto clave es el orden: empezar por el pelo y terminar por el cuerpo evita que restos de acondicionador queden en la piel y obstruyan los poros. Además, dejar que la piel se seque unos segundos antes de aplicar crema mejora la absorción de los hidratantes, ya que la piel ligeramente húmeda retiene mejor el producto. Incluso la dirección del agua influye: una ducha directa y muy potente puede afectar a la microcirculación si se usa de forma continuada, por lo que es mejor alternar intensidades. Por último, ventilar el baño después de ducharse no solo evita humedad ambiental, sino que también reduce la proliferación de bacterias y moho, algo que muchas veces se pasa por alto.