Durante medio siglo, Sylvester Stallone ha formado parte de la cultura popular gracias a algunos de los personajes más reconocibles de la historia del cine. Primero llegó Rocky Balboa, el boxeador que se convirtió en símbolo de superación en Rocky, película que el propio actor escribió y que terminó ganando el Óscar a la mejor película. Después apareció John Rambo, el veterano de guerra convertido en uno de los grandes iconos del cine de acción.
Dos personajes que marcaron su carrera y que también terminaron influyendo en la manera en la que Stallone entendía su propio cuerpo. Ahora, a sus 80 años, el actor repasa su vida, su carrera y las consecuencias de la fama en sus memorias, The Steps, un título que hace referencia a la famosa escalinata del Museo de Arte de Filadelfia que sube Rocky en una de las escenas más recordadas de la saga.
‘Rocky’ es una de las sagas más populares de la historia del cine.
En el libro, Stallone aborda episodios especialmente duros de su infancia, sus problemas de ansiedad, el impacto que tuvo el éxito sobre su personalidad y, especialmente, la obsesión que desarrolló con su físico para dar vida a sus personajes.
Una infancia marcada por las dificultades
Stallone comienza su relato recordando las circunstancias de su nacimiento. Según cuenta en sus memorias, su madre tuvo un parto complicado y el empleo de fórceps provocó una parálisis facial parcial que afectó a una parte de su rostro.
El actor asegura que las consecuencias de aquello marcaron sus primeros años de vida y tuvieron un impacto directo en su forma de hablar. Desde su nacimiento fue considerado "discapacitado" a causa del complicado parto de su madre. “Dio la casualidad de que estaba cerca de un centro médico; se podría decir que era una especie de clínica de beneficencia". El personal médico que asistió el parto utilizó fórceps, lo que le provocó una parálisis facial parcial. "Podría haber sido peor, ya que a veces eso causa daños cerebrales", revela. "Crecer así fue terrible, porque arrastraba las palabras y hablaba de forma confusa. Era diez veces peor que la forma de hablar de Rocky".
El intérprete sufrió años de acoso y las dificultades familiares tampoco ayudaron. Con el paso de los años llegó a plantearse recurrir a profesionales para abordar sus problemas de salud mental.
El éxito de Rocky tuvo un precio
La fama llegó de forma extraordinaria después del éxito de Rocky, pero Stallone reconoce que la transformación no fue necesariamente positiva en el plano personal. El actor admite que el éxito le hizo desarrollar una actitud arrogante y que durante aquella etapa terminó alejándose de personas que habían confiado en él. "Me convertí en un niño petulante. Años más tarde, me despreciaba a mí mismo. Me sorprende seguir aquí", confiesa.
Stallone asegura además que llegó a enfrentarse con buena parte de la prensa y con personas de su entorno profesional. "Simplemente carecía de humildad", reconoce al recordar aquellos primeros años de enorme popularidad.
Pero el éxito también cambió su relación con su propio cuerpo. La necesidad de transformar su físico para interpretar a sus personajes hizo que el entrenamiento y la apariencia física adquirieran cada vez más importancia.
La transformación física de Stallone para sus películas de acción se convirtió en una de sus señas de identidad. El actor explica en sus memorias cómo pasó de buscar un físico atlético a perseguir una imagen corporal cada vez más extrema.
"Mi cuerpo se volvió mi armadura", afirma.
El contraste entre Rocky y Rambo fue determinante. Mientras el primero presentaba una imagen más cercana a la de un boxeador, el segundo exigía una apariencia mucho más musculada y definida.
"Miraba a Rocky: un tipo de aspecto muy terso y normal. Y luego, en Rambo, interpretas a un guerrero, así que serías un poco más animal. No te verías tan terso. Así que empecé a pensar: diseña tu cuerpo como el de un jaguar, un felino", explica.
Lo que inicialmente parecía una exigencia profesional terminó convirtiéndose, según reconoce el propio actor, en una obsesión con su físico.
La confesión de Stallone sobre su físico
El intérprete asegura que llegó a llevar esa obsesión hasta un extremo que considera especialmente preocupante. Durante la preparación de Rocky III, afirma que alcanzó un porcentaje de grasa corporal del 2,6 %, una cifra que, según su propio relato, estuvo acompañada de importantes dificultades para alimentarse.
"Luego se convirtió en una obsesión. Algo realmente malo. Llegué al punto de volverme bulímico", afirma.
Stallone explica que durante aquella etapa tenía problemas para retener los alimentos y que la preocupación por mantener su estado físico se había convertido en una prioridad absoluta. "Era literalmente una obsesión por el culto al cuerpo", sentencia.
Sylvester Stallone (d) en Rambo (Acorralado).
El actor también habla abiertamente en sus memorias sobre el uso de esteroides durante aquella época. Stallone sostiene que recurrió a estas sustancias para mantener el físico que exigían sus papeles. "Nadie lo consigue sin aditivos ni drogas, punto. Me da igual lo que digan", asegura. "Tomaba esteroides de forma controlada: seis semanas de consumo y seis de descanso".
"He abusado de mi cuerpo"
El actor reconoce que aquella exigencia física terminó teniendo consecuencias importantes a lo largo de los años.
"Pero eso también pasó una factura terrible", afirma Stallone. "Sí, he abusado de mi cuerpo. Me han operado nueve veces de la espalda, dos del hombro y me han hecho tres fusiones cervicales", explica. "Todo se mantiene unido como con alambre, pero aun así quiero mantenerme en forma".