Después de la Segunda Guerra Mundial, en 1948, el papa Pío XII proclamó a Madonna del Ghisallo, Patrona universal de los ciclistas. Una antorcha bendecida por el papa fue trasladada desde Roma hasta el santuario a relevos.
Gino Bartali y Fausto Coppi fueron los campeones que dieron luz a la patrona del ciclismo. El santuario es un lugar para el peregrinaje de los ciclistas y los aficionados.
Las campanas de Madonna del Ghisallo repicaron con nostalgia, pero con orgullo, el adiós de Ion Izagirre y Pello Bilbao, dos ciclistas irrepetibles, inolvidables, en Il Lombardia que conquistó Paul Seixas, estrella emergente, que tomó el testigo del quinquenio dorado de Tadej Pogacar.
El francés, campeón de la Itzulia, mostró la cresta de la rebeldía en la ascensión a Civiglio. “Tal vez aceleré antes de lo previsto”, se sinceró el francés.
Siempre adelantado a su tiempo. Desde allí sobrevoló entre la algarabía de San Fermo della Battaglia, en su segundo paso, para anidar en la gloria de Como en solitario, contundente su victoria, sin sombra.
Paul Seixas, victorioso en Il Lombardia.
Gran despedida
Seixas, heredero del esloveno. El príncipe que quiere ser rey se entronizó en el Monumento italiano. El más joven vencedor de la historia de la carrera en sus 120ª ediciones. “Es un sueño. No me lo puedo creer”, argumento Seixas, un muchacho, 20 años y 16 días en su logro, venido del futuro que disfruta del presente.
A la espalda del francés, a 48 segundos, asomó un gran Enric Mas. Giulio Ciccone, resignado, tan cerca y tan lejos, cerró el podio, a 1:05.
En el grupo de los mejores Pello Bilbao firmó un sensacional 7º puesto en la carrera de su adiós tras 16 campañas. El mismo destino lo compartió Ion Izagirre.
El de Ormaiztegi y el de Gernika pedalearon iluminados por la luz de otoño en su último relevo. Se pusieron el dorsal definitivo. Dos hombres y un destino.
Una carrera impecable
El imperdible final de una modélica biografía a pedales de dos de los mejores ciclistas vascos de la última década. Izagirre cierra su currículum con 20 victorias, entre ellas, dos en el Tour, una en el Giro, otra en la Vuelta, así como la general de la Itzulia.
Ion Izagirre, emocionado, antes de partir.
Pello Bilbao completa su álbum con un triunfo de etapa en el Tour, dos en el Giro y etapas en la Itzulia o el Dauphiné entre sus 17 laureles.
En el Monumento del otoño, en la tierra de los poetas, en la Clásica de las hojas muertas, Ion Izagirre y Pello Bilbao, arropados por los suyos, abrazados por sus familias, se desvanecieron en el horizonte como un verso que recorre la eternidad. Les espera el futuro a Ion y Pello, ciudadanos, sin imperdibles para sostenerse en el ciclismo, su vida durante tantos años.
“Los viejos soldados nunca mueren, solo se desvanecen”. La frase la esculpió para la historia el general MacArthur en el Congreso de Estados Unidos, en 1951. Solo el olvido puede deteriorar lo que alguna vez fue.
Todo permanece en las despedidas, arcano de la vida, custodio de la memoria que hemos sido. Los cierres poseen la fuerza irrevocable del recuerdo, del presente que fue pasado. Despedirse es plegarse en el tiempo y rememorar.
De la percha de la memoria cuelgan las risas, las penas, las miradas, los abrazos, los sonidos, los paisajes, los bailes, los besos, las miradas, lo que fuimos, tal vez por un instante, y lo que pudo ser.
El de Ormaiztegi y el de Gernika, luminoso, se adentraron en el ocaso a través de la luz mágica, serena, de octubre, por carreteras evocadoras, fascinantes, los árboles mudando hacia los ocres, camino de los tonos bronces, pero aún el verde mayoritario. Un paseo por las nubes reflejado el cielo en el lago Como.
Amantes apasionados del ciclismo, con el guipuzcoano y el vizcaino se despiden dos formas de ser, estar y sentir en el ciclismo.
Ion y Pello, dos ciclistas de cuerpo entero, transitaron por el pasillo de honor que siempre saludan las despedidas antes de inmiscuirse en Il Lombardia, desde Bérgamo a Como.
Pello Bilbao coloca el último imperdible al dorsal.
La dureza de siempre
239 kilómetros y las cotas de Selvino, Colle di Berbenno, Valpiana y Giovenzana, la icónica cima de Madonna del Ghisallo (8,6 kms al 6,2%) antes de aproximarse a Como para afrontar la primera subida a San Fermo della Battaglia y acudir después a la exigente cota de Civiglio, 4,2 kilómetros al 9,7% y rampas de hasta el 14%, y el segundo paso por San Fermo della Batagglia, 2,7 kilómetros al 7,2% .
El Monumento amaneció con retraso. El pelotón, representado por Evenepoel, luciendo el maillot de campeón de Europa tejido en la foto-finish, protestó durante unos minutos por los últimos episodios acaecidos en las pruebas italianas, donde hubo problemas originados por la irrupción de vehículo ajenos a las carreras.
En Madonna del Ghisallo, altiva la subida, a la fuga de inicio, le quedaba escaso aire. Evenepoel arengó a los suyos. Impuso un ritmo duro y sostenible.
Ion Izagirre, herida la muñeca izquierda, sufrió. Al de Ormaiztegi no le asusta el dolor. A pesar de la dolencia, de una fractura de radio, pedaleó.
Carácter Izagirre. Próximos a Evenepoel. el campeón del Mundo, McNulty, Del Toro, Seixas y Healy observaban la escena hasta que Barré impulsó a Jorgenson, que arrastró a McNulty, Simmons y Scaroni.
La sacudida desencajó a Evenepoel y Seixas. Del Toro no se alteró. Contaba con McNulty por delante. El orden retornó unas viñetas después.
Ataque de Seixas
En San Fermo della Battaglia sonaba el redoble de tambor y los corazones agitados de los miles de tifosi, palpitando emoción, abarrotando los márgenes. Un pasillo humano de agitación, ánimos y efervescencia.
Moniquet, Leonard, O’Connor, Bennett, Bernard, Vervaeke y Leemrize tenían un renta por encima del minuto al inicio de la subida y bastante por debajo en el final. Emergió Civiglio, su dureza lacerante, y brotó la exuberancia, la juventud de Paul Seixas y su ritmo marcial.
A Evenepoel se le cayó la máscara de hierro. Agrietado. Descosido. Rostro pálido. Del Toro también se quedó sin hilo del que tirar.
El arcoíris de McNulty era un fundido a negro. Al francés se le anillaron Ciccone y Pidcock por poco tiempo. Enric Mas, estupenda la pose, se sostenía.
Ciccone compartió plano con el mallorquín hasta San Fermo della Battaglia, donde galopaba, potro salvaje, el imperial francés. Seixas honra al despedida Ion Izagirre y Pello Bilbao. Agur eta ohore.