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Seattle Seahawks y New England Patriots volverán a verse las caras en la final de la Super Bowl, un duelo que evoca al sucedido once años atrás, resuelto con uno de los finales más icónicos del Siglo XXI. En 2015, los Seahawks dispusieron de una última posesión y se colocaron a una yarda de la zona de anotación con 26 segundos restantes en el reloj. Russell Wilson lanzó un pase a Ricardo Lockette; es decir Seattle apostó por el juego aéreo en lugar del terrestre y el balón fue interceptado por Malcolm Butler. Los Patriots se aseguraron así el trofeo Vince Lombardi con un resultado de 28-24 tras una histórica remontada –perdían 24-14 en el último cuarto– que les confirmó con la dinastía del momento.
Esta Super Bowl LX que se disputará en la madrugada del domingo al lunes (00.30 horas) es bien distinta a la de entonces. No hay rastro de aquellas formaciones. Ambos equipos han vivido un proceso de reestructuración introduciendo nuevas generaciones y líderes que han desembocado en una final inesperada teniendo en cuenta que por primera vez después de cuatro años los Kansas City Chiefs de Patrick Mahomes no estarán en la liza por el título. Seattle aparece ante la oportunidad de revancha y New England busca reafirmar su legado después de la jerarquía alcanzada con Tom Brady y Bill Belichick que condujo a los Patriots a convertirse en la franquicia con más títulos de la National Football League (NFL), seis, para igualar a los Pittsburgh Steelers. Esta será la duodécima final para los Patriots, récord histórico de la competición.
El Levi's Stadium de Santa Clara, California, escenario de la Super Bowl LX.
Los Seattle Seahawks, favoritos
No obstante, las voces autorizadas y las casas de apuestas sitúan a los Seattle Seahawks como grandes favoritos a alzarse con el título en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, hogar de los San Francisco 49ers. Los Seahawks persiguen su segundo título de la Super Bowl tras el logrado en 2013. Será la cuarta final para ellos. Se trata de los campeones de la Conferencia Nacional, un proyecto tierno, puesto que Mike Macdonald es un técnico de segundo año que sin embargo ha convertido al equipo en una máquina de ganar. Su balance es de 14 victorias y 3 derrotas. Acuden a la final con una racha de nueve victorias consecutivas y como la mejor defensa de la temporada.
La defensa como mejor arma
Seattle no ha sido el equipo más espectacular, pero sí uno de los más difíciles de derrotar. La tropa de Macdonald apuesta por el control desde el rigor defensivo. La defensa es su identidad y su objetivo es multiplicar los errores rivales. En una liga que está dominada por el pase, los Seahawks han puesto el acento en la presión, en el control del ritmo de los partidos y la capacidad de obligar a sus opositores a jugar incómodos.
En este sentido, el quarterback Sam Darnold ha ejercido más de gestor que de héroe, ha ofrecido más regularidad que brillo. Ha sido eficiente en el tercer down, ha tenido un bajo porcentaje de pérdidas y una gran virtud ha sido el control de los momentos de partido. A su alrededor se ha edificado un ataque con Jaxon Smith-Njigba, mejor receptor de la NFL y autor del récord de yardas de la franquicia en una campaña (1.793) para ser nombrado mejor jugador ofensivo de la liga regular, y Kenneth Walker III como eje del juego terrestre. Un ataque confeccionado para reducir riesgos más que para ofrecer espectáculo.
Aunque la gran amenaza de los Seahawks es la defensa y el poderío físico. Ha sido uno los equipos que más presión ha generado sin recurrir al blitz y el que menos puntos ha permitido por partido: 17,2. DeMarcus Lawrence, veterano reconvertido en líder, ha sido el rostro visible de una unidad apodada como El lado oscuro que combina experiencia y juventud, y que ha logrado vivir en el territorio del rival y transformar cada drive ajeno en una negociación incómoda. Ellos han sido capaces de reducir los partidos. Es decir, de conceder menos posesiones para gozar de mayor control del juego y eliminar situaciones caóticas. El control es la obsesión del equipo de Macdonald.
Las variantes, la gran baza de los Patriots
Si los Seahawks representan el orden, los Patriots encarnan la flexibilidad. Campeones de la Conferencia Americana, el curso ha sido un renacer. De hecho, el equipo dirigido por Mike Vrabel, elegido mejor entrenador, ha alcanzado el mayor cambio de la historia de la NFL entre una temporada y otra. En 2024 lograron 4 victorias y 13 derrotas, y este año han igualado el récord de 14-3 de Seattle.
Esta reconstrucción ha sido posible gracias a la segunda mejor ofensiva de la temporada. Al igual que los Seahawks, los Patriots también encuentran una obsesión en la gestión del tiempo. Precisamente este hecho es en el que se apoyan muchos analistas para augurar un marcador corto en esta Super Bowl. Pero a diferencia de Seattle, New England se caracteriza por la eficiencia en el proceso de adaptación a las diferentes circunstancias que presentan los partidos.
Drake Maye es el símbolo de esta transición vivida por los Patriots. El quarterback de 23 años es el más joven de la historia de la franquicia en jugar una final, superando la precocidad de Brady, y se queda cerca del récord que Dan Marino estableció en 1985 a sus 23 años y 127 días. Aunque poco tienen que ver Maye con la leyenda de New England. Su juego es más físico, menos ortodoxo, y más dependiente del movimiento que de la precisión quirúrgica de Brady. El duelo de mariscales Darnold-Maye es la confrontación entre la experiencia que persigue legitimidad y la juventud que busca autoridad.
Vrabel, triple campeón de la NFL como jugador de los Patriots, ha conseguido sembrar las dudas en los rivales con un ataque menos brillante que el de otros equipos, pero más complejo, más difícil de descifrar, ya que no se aferra a una idea fija, sino que se adapta camaleónico a la del rival. Son los líderes de la eficiencia situacional, y los segundos en puntos por partido (28,8) y puntos totales (490).
Un detalle de la imprevisibilidad de los Patriots es el hecho de que lideran la liga en el ámbito de pases lanzados en menos de dos segundos y medio, lo que sugiere la dificultad de detener el juego de Maye, que se quedó a un voto de ser escogido mejor jugador de la temporada regular. El juego de carrera de Rhamondre Stevenson y TreVeyon Henderson se antoja crucial para desarrollar todo el potencial ofensivo de New England.
Esta final de la Super Bowl se presenta como una fijación por el equilibrio, como una guerra plagada de pequeñas batallas tácticas que decidirán al ganador con un resultado que no se espera abultado. Es decir, será una lucha que antoja decidida por los detalles.