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A sus 31 años, José María Berbil ha transformado su pasión por los animales en un proyecto de rescate que cada día moviliza a miles de personas en redes sociales. Desde Cantabria, donde gestiona la asociación Chema y su Manada y varias colonias felinas, comparte la realidad del abandono animal a través de vídeos que muestran tanto los rescates como la parte más dura del proceso: enfermedades, tratamientos y despedidas. Lo cuenta todo en @chemaysumanada.
Chema y su manada es un proyecto cada vez más conocido. ¿Cómo nació todo esto?
Todo empezó un año antes de la pandemia, cuando empecé a cuidar la colonia de gatos de mi suegra mientras se recuperaba de una operación de rodilla. Vi las necesidades que había: los gatos estaban sin esterilizar, las casetas eran precarias... Empecé a mejorarlas, a esterilizar a todos y a sacar a los pequeños en adopción. Ahí me fui involucrando sin darme cuenta.
¿Recuerda algún primer rescate que le marcara especialmente?
El de mi gato Once. Atropellaron a su madre y él se quedó junto a su cadáver horas. Cuando fui a recogerlo, me di cuenta de que tenía los ojos llenos de sangre: no tenía ojos. Por eso se llama Once. Con mucho tratamiento conseguí que viera algo de sombra. Ahora vive en casa.
Dedicar gran parte de la vida a los animales no es una decisión que se tome de un día para otro. Hay mucha implicación personal y compromiso.
Siempre me han encantado los animales. De pequeño, con mi hermana, nos llevábamos a casa todo lo que encontrábamos: pájaros heridos, caracoles con la cáscara rota... Pero jamás pensé que me iba a dedicar a esto. Es algo que tiene momentos muy duros, pero que compensa muchísimo. Al final lo haces porque te encanta.
El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional
Chema rescató a Once cuando el gatito, recién huérfano, permanecía junto al cadáver de su madre después de que la atropellaran. Cuando fue a cogerlo, descubrió que tenía los ojos llenos de sangre. Hoy, con esfuerzo y tratamiento, el gato ve sombras y vive en casa con Chema. Ese gatito da nombre a una forma de entender el rescate: estar en guerra permanente, atendiendo heridos sin tiempo para hundirse. “Te puede doler, pero no debes sufrir demasiado porque si no, no podrías continuar con esto”, afirma.
Las redes muestran los rescates, pero hay mucho que queda fuera de cámara. ¿Cuál es la parte menos visible de este trabajo?
La gente ve los vídeos y dice “qué bonito”, pero no sabe lo duro que es. Son animales que necesitan atención todos los días del año: da igual que sea Navidad, tu cumpleaños o que tengas planes. A las siete de la mañana hay que estar, en verano y en invierno. Eso no se ve.
Los casos más difíciles, como el de Once, ¿cómo los gestiona emocionalmente?
Me lo tomo como si estuviéramos en una guerra: tengo que atender a los heridos para salvarles la vida y no puedo parar a lamentarme, porque si no me hundo. Siempre tengo en la cabeza eso de que el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional. Sufres mucho, pero tienes que saber hasta dónde.
¿Cómo cambió su vida al empezar a compartir los rescates por internet y en las redes?
Gracias a eso tenemos la michiguardería. La gente nos quiere y nos apoya muchísimo, y sin ese apoyo nada de esto sería posible. Gracias a las redes puedo meterme en operaciones carísimas, rescatar varios gatos a la vez que necesitan estar ingresados, mantener la michi, pagar la comida, los veterinarios y el alquiler del local. Siempre tengo que dar las gracias a la gente, porque Chema y su manada existe gracias a ellos.
Chema y su Manada es uno de los proyectos de bienestar animal más seguidos
¿Podría explicar qué es el método CER y por qué es tan importante para controlar las colonias felinas?
CER son las siglas de Captura, Esterilización y Retorno. Lo fundamental es devolver al animal al mismo sitio donde se capturó, si lo llevas a otro lugar, moriría intentando volver. La esterilización es esencial para evitar que haya más animales sufriendo en la calle. Si la madre de Once hubiera estado esterilizada, probablemente no la habrían atropellado buscando comida para sus crías y él no habría perdido los ojos.
¿Cree que existe todavía mucho desconocimiento respecto a los gatos callejeros?
Muchísimo. Cualquier persona pasa junto a un gato herido en la calle y sigue andando. Si fuera un perro, todo el mundo pararía. Se ha normalizado que los gatos vivan así, que se apañen. Y no es así. Los animales no tienen que estar en la calle malviviendo.
¿Hay algún error frecuente que cometa la gente cuando intenta ayudar a una colonia?
Sí, dos muy comunes. El primero, llevarse a los gatitos cuando no está la madre. Ella puede haber salido a buscar comida, y sin ella muchos bebés mueren aunque intentes criarlos a biberón. El segundo, llevarte un gato de una colonia sin avisar. Detrás hay alimentadores que quieren a esos animales y que si falta uno no saben si lo atropellaron, si alguien le hizo daño..., hay que pensar en eso.
Gato rescatado por Chema y su Manada
¿Y que le han enseñado los animales a usted?
Me enseñan mucho, de verdad, todos los días. Sobre todo el perdón. Me han llegado gatos que han sido maltratados por el ser humano y que, aun así, vuelven a confiar, vuelven a acercarse, vuelven a dar cariño. Eso te deja sin palabras. El perdón y el no tener rencor son cosas importantes que he aprendido de ellos.
Si pudiera pedirle una sola cosa a la sociedad respecto al bienestar animal, ¿cuál sería?
Pediría que se acabase el maltrato animal, que no hubiera más maltrato en el mundo hacia los animales. Y que las leyes fueran más fuertes y más contundentes con los maltratadores, porque ahora mismo no lo son lo suficiente. Es lo que pediría, sin duda.