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Mercedes es la nueva referencia en la Fórmula 1. La introducción del nuevo reglamento técnico ha abierto una nueva era que ha traído consigo un cambio de gobierno. La jerarquía se ha mudado de fábrica. La marca de Brackley ha diseñado el monoplaza a batir. Es el espejo de la parrilla. Es el tesoro que admirar en la búsqueda del desarrollo. Es el camino a seguir, la pieza que hay que tratar de perseguir y emular. George Russell, señalado por todo el paddock como principal favorito al título, cumplió con su condición en el Gran Premio de Australia, el amanecer de una etapa que pretende redefinir el equilibrio entre la potencia, la sostenibilidad y el espectáculo. Una época en la que la electrónica gana terreno a la combustión. Russell se adjudicó la primera victoria secundado por Kimi Antonelli. Doblete de Mercedes para asentar la primera piedra de lo que puede ser la construcción de un poderoso imperio.
Ferrari puso el picante en lo que se podía antojar como el paso de un rodillo llamado Mercedes por el circuito de Melbourne, un trazado de Albert Park que otrora apenas concedía oportunidades de adelantamiento pero que ha permitido observar cómo esta nueva Fórmula 1 brinda ocasiones a través de la gestión de la energía eléctrica, con ese botón de adelantamiento que puede ofrecer alrededor de 30 kilómetros extra de velocidad para dibujar espacios donde antes no los había. Porque así arrancó la cita inaugural. Ferrari completó una salida inusual en los últimos tiempos. Charles Leclerc se disparó desde la cuarta pintura hasta la primera posición. Como las balas.
Imagen de los primeros instantes de la carrera que ha abierto la temporada de 2026, con Charles Leclerc en cabeza.
Un comienzo espectacular
Mercedes buscó echar el lazo a la presa rápidamente para erradicar las sorpresas. En la segunda vuelta, el poleman Russell saltaba el primer puesto. Pero Leclerc no bajó los brazos. Se abrazó a su energía eléctrica. En los nueve primeros giros se dieron siete cambios de posiciones en cabeza. “Esto es muy peligroso”, alertó el de Mercedes. “Esto da mucho miedo”, aderezó el de Ferrari en pleno apogeo del duelo. Las baterías catapultaban al coche predecesor. Russell y Leclerc daban sentido al cambio de normativa pasándose y repasándose. La gestión de la energía resultaba vital para el ataque y la defensa.
Detrás, Lewis Hamilton ascendía a la tercera plaza desde el séptimo cajón de salida, mientras que Antonelli, que partía segundo, caía al séptimo lugar. O sea, tras clasificar Mercedes en primera y segunda posición descendía a la segunda y séptima posición. Fernando Alonso, por su parte, hacía himalayismo escalando siete posiciones en la primera vuelta.
McLaren había perdido a uno de sus efectivos antes de tomarse la salida. Oscar Piastri sufrió un accidente antes de la vuelta de formación, es decir en el giro que se completa para trasladar el coche desde el garaje hasta la parrilla. Por otro lado, el Audi de Nico Hulkenberg se rompió en la vuelta de calentamiento. Dos bajas sin que se apagara el semáforo.
Ferrari, a la contra
La carrera dio un giro radical en la vuelta 11. El motor del Red Bull de Isack Hadjar dijo basta. Se paró. Fue la habitual alerta sobre la fiabilidad en el comienzo de una nueva era. Los participantes decidieron completar la primera –y a la postre única– parada en boxes. Ferrari fue la excepción; se quedó en pista. Leclerc se cobró el liderato. En el giro 18, con la aparición de un nuevo coche de seguridad virtual, Ferrari desechó de nuevo la opción de sustituir los neumáticos. La parada de Leclerc se demoró hasta la vuelta 25. Entonces Russell regresó al liderato.
En ese momento empezó la segunda fase de la carrera, menos espectacular que la primera. Entró en juego la gestión del consumo de gomas. Ferrari se encomendó a la estrategia de portar unos calzos más nuevos, a la espera de que Mercedes se viera en la obligación de realizar una segunda parada. Pero eso no ocurrió. Russell pilotó sin amenazas. Antonelli fue la máxima expresión del potencial de Mercedes. El italiano remontó desde la séptima posición a la segunda. Con los dos monoplazas al frente, Mercedes ya estaba donde quería, donde se preveía. Es su momento.
Verstappen, Piloto del Día y decepción de McLaren
Max Verstappen, que sería elegido como Piloto del Día por los aficionados, trataba de redimirse del error que el sábado le condenó a la vigésima plaza de salida. El neerlandés terminaría sexto, planteando la cuestión de dónde hubiera estado el Red Bull de haber arrancado más adelante. Pero a la vez sembró dudas al permanecer durante casi un tercio de la carrera tratando de adelantar al McLaren de Lando Norris, quien finalizó quinto. La decepción en la zona delantera fue precisamente McLaren. Norris cruzó la meta a 51 segundos de Russell tras completar las 58 vueltas de la carrera. “¿Crees que vamos cambiar 50 segundos de una carrera a otra?”, dijo decepcionado el campeón del mundo. Lando solo podía encontrar el consuelo de haber mantenido a raya a Verstappen.
Mercedes fue muy superior. Solo Ferrari cuestionó el potencial y gracias su tremendo potencial en la salida. Leclerc subió al podio con 15 segundos de desventaja respecto al ganador y con 12 sobre Antonelli. La propuesta de una estrategia alternativa al resto impidió ver cuál hubiera sido el panorama en igualdad de condiciones. ¿Fue un error? El tiempo determinará la capacidad del Ferrari. “Sin el safety car creo que tampoco hubiéramos tenido opciones de victoria. Parecía que Mercedes tenía más ritmo que nosotros, aunque no tanto como ayer. Tercero era lo máximo a lo que podíamos aspirar”, comentó Leclerc, que batió a un Hamilton que fue cuarto y transmitiendo sensaciones de haber recuperado nivel competitivo.
“Llevábamos mucho tiempo sin tener un coche como este. Hemos podido disfrutar”, celebró Russell, protagonista del fulgurante inicio del curso de Mercedes. “Es el mejor comienzo que podíamos tener”, añadió Antonelli, que expresó el deseo de toda la fábrica: “Con ganas de la próxima carrera”. Y es que puede ser una temporada excepcional para sus intereses.
En la zona media, Oliver Bearman llevó al Haas al séptimo puesto. El debutante Arvid Lindblad terminó octavo con el Racing Bull. Gabriel Bortoleto dio los primeros puntos a Audi con el noveno puesto. Pierre Gasly cerró el Top 10 con el Alpine. Aston Martin terminó la carrera con Lance Stroll, algo que se intuía improbable, pero lo hizo después de cuatro paradas y con 12 vueltas perdidas. Mientras, Alonso tuvo que retirar su coche. Carlos Sainz fue decimoquinto con un Williams lejos de ser competitivo. Echa a andar el Mundial. Empieza una carrera de desarrollo en la que Mercedes parte con ventaja. Bastante, además.