Durante años bastaba con cerrar los ojos para recordar un número de teléfono. El de casa. El de los abuelos. El de aquel amigo de la cuadrilla o el de ese "cuelgue" adolescente al que llamabas repasando mentalmente cada cifra antes de descolgar. Hoy muchas personas tendrían que desbloquear el móvil para recordar incluso el suyo.
Y no ocurre solo con los teléfonos. También hemos dejado de memorizar direcciones, cumpleaños o el camino para llegar a un lugar que visitamos por primera vez. Todo eso ha ido abandonando poco a poco nuestra cabeza para instalarse en un dispositivo que llevamos siempre en el bolsillo.
Internet primero, los teléfonos inteligentes después y, más recientemente, la inteligencia artificial han asumido parte de un trabajo que durante siglos realizó exclusivamente nuestro cerebro. Nunca habíamos tenido tanta información al alcance de la mano ni había resultado tan fácil recuperarla en cuestión de segundos.
La pregunta es inevitable: ¿estamos recordando menos o simplemente hemos aprendido a recordar de otra manera?
Cuando recordar dejó de ser imprescindible
La escena es cada vez más habitual. Surge una duda en mitad de una conversación, alguien saca el móvil y, en cuestión de segundos, aparece la respuesta. Ya no hace falta recordar una fecha, el nombre de un actor o la capital de un país. Basta con saber dónde buscar.
Fue precisamente esa costumbre la que llamó la atención de un grupo de científicos de la Universidad de Columbia. En 2011 publicaron un estudio en la revista Science que acabaría dando nombre a uno de los fenómenos más estudiados de la era digital: el llamado "Efecto Google".
Cuando recordar dejó de ser imprescindible
Los investigadores descubrieron que cuando las personas sabían que una información iba a estar disponible en internet, tendían a recordar peor el dato concreto. Sin embargo, recordaban mucho mejor dónde podían encontrarlo después. El cerebro parecía estar adaptándose a una nueva realidad: ya no era tan importante almacenar toda la información como saber dónde recuperarla cuando fuese necesaria.
El día que Google entró en nuestra cabeza
Más de una década después, la pregunta sigue generando debate. En 2024, el investigador Jingwen Zhang y otros especialistas revisaron decenas de trabajos científicos sobre el efecto Google en un estudio publicado en la revista Frontiers in Public Health. Su conclusión fue que el fenómeno sigue presente, especialmente entre quienes recurren con frecuencia a internet para resolver dudas cotidianas.
Sin embargo, los expertos también invitan a evitar lecturas alarmistas. El hecho de que muchas personas ya no recuerden números de teléfono como antes no significa necesariamente que tengan peor memoria. Lo que parece haber cambiado es el tipo de información que consideramos necesario almacenar.
Pocas personas memorizan hoy una ruta o decenas de cumpleaños cuando el móvil puede recordarlos. La memoria no desaparece; redistribuye esfuerzos.
La memoria no existe para recordar datos
Para María Padilla, psicóloga, formadora y directora de Capital Psicólogos, la pregunta de si estamos perdiendo memoria parte de una idea equivocada. "La memoria no existe para recordar datos. Cumple funciones mucho más profundas. Nos ayuda a sobrevivir, a mantener nuestros vínculos y a entender cómo funciona el mundo".
La especialista explica que el cerebro está diseñado para ser eficiente. "Consume una enorme cantidad de energía y selecciona constantemente qué merece la pena conservar y qué no". Por eso, añade, olvidar no siempre es un problema. "De hecho, olvidar no es un error; es una de sus grandes virtudes. Si recordáramos absolutamente todo, nos resultaría mucho más difícil movernos por la vida".
Desde esa perspectiva, dejar de memorizar números de teléfono no debería interpretarse necesariamente como un síntoma de deterioro cognitivo. "Quizá simplemente hemos decidido, de forma consciente o inconsciente, que ya no merece la pena dedicar recursos a memorizar algo que llevamos permanentemente en el bolsillo".
Ese cambio de estrategia tiene incluso un nombre. Los expertos hablan de memoria externalizada, un fenómeno por el que trasladamos parte de nuestros recuerdos a herramientas externas. Antes fueron las agendas de papel, los calendarios o las bibliotecas. Hoy son el móvil, la nube o las aplicaciones que utilizamos a diario.
Padilla lo resume con una frase que sintetiza esa transformación: "Antes recordábamos la respuesta. Ahora recordamos cómo llegar a ella".
De Google a Chat GPT
Si hace apenas unos años internet cambió la forma en la que buscábamos información, la inteligencia artificial está empezando a transformar algo más profundo: la manera en la que pensamos sobre ella.
"Antes delegábamos el almacenamiento y la búsqueda de información. Ahora empezamos a delegar también procesos de razonamiento, síntesis y elaboración de respuestas", explica María Padilla.