Si ya era el clásico del verano, ahora también lo es de la Copa. El sorteo de la Copa del Rey ha vuelto a ser caprichoso, o quizá simplemente obstinado. En enero de 2026, los caminos de Osasuna y la Real Sociedad se cruzarán de nuevo en el torneo del K.O. Siempre en las mismas fechas. Un déjà vu que a la Real reciente e históricamente ha salido victoriosa.
Cinco de cinco
La historia no miente y, en este caso, es especialmente cruel con el conjunto pamplonés. Osasuna y la Real Sociedad se han visto las caras en cinco ediciones de la Copa, y en todas ellas el desenlace fue el mismo: la clasificación donostiarra. Lo que antes podía considerarse una racha estadística se ha convertido, en el último lustro, en una tendencia casi inevitable. Los tres precedentes más recientes, todos ocurridos en los últimos seis años, han dejado heridas profundas en la afición rojilla:
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Temporada 19/20 (Octavos): La Real Sociedad se impuso con autoridad por 3-1 en el Reale Arena, en una edición que acabarían ganando los donostiarras.
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Temporada 23/24 (Octavos): En un Sadar volcado, la Real volvió a ejercer de verdugo con un sólido 0-2.
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Temporada 24/25 (Cuartos): El enfrentamiento más reciente, donde un 2-0 en San Sebastián cerró las puertas de las semifinales a un Osasuna que se auto-inmoló con una roja a Catena
Duelo de pizarras y el factor descanso
El enfrentamiento de este año (previsto para el 13, 14 o 15 de enero) llega con matices tácticos y físicos muy marcados. Será el primer gran duelo copero entre Pellegrino Matarazzo, que busca consolidar su proyecto en Zubieta, y Alessio Lisci, el estratega italiano que intenta dar a Osasuna ese punto de competitividad extra en las citas grandes.
Sin embargo, hay un factor que ya juega a favor de los guipuzcoanos antes de que ruede el balón: el calendario. La Real Sociedad de Matarazzo disputará su compromiso liguero previo el viernes en Getafe, mientras que el Osasuna de Liscci hará lo propio el sábado en Girona.
Esas 24 horas extra de recuperación pueden ser determinantes en un torneo donde la intensidad física suele marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso. Matarazzo podrá actuar con más margen, mientras que Liscci tendrá que medir más los esfuerzos de sus hombres clave si quiere que las piernas no pesen en el tramo final del partido.