La formación de ultraderecha Vox había marcado en rojo la fecha de este lunes para celebrar un acto político en el campus de la EHU de la capital alavesa, una convocatoria que, pese a los temores iniciales, transcurrió sin incidentes destacados gracias a un amplio y riguroso despliegue de la Ertzaintza que evitó en todo momento el contacto físico entre los ultraderechista y los grupos que se habían concentrado en su contra.
Un despliegue preventivo sin fisuras
Desde primeras horas de la mañana, la Ertzaintza inició las labores de seguridad con una exhaustiva revisión de las inmediaciones de las facultades. Los agentes procedieron a la retirada de vehículos aparcados y a la inspección de elementos sensibles como arquetas y contenedores, asegurando un perímetro de seguridad que transformó la zona universitaria en un escenario prácticamente inexpugnable.
El dispositivo central se articuló mediante un cordón policial estricto diseñado para segregar a los simpatizantes de Vox del medio millar de estudiantes que se concentraron para protestar por su presencia. Esta estrategia de zonificación permitió que tanto el acto político como la movilización estudiantil, convocada por el sindicato IAS, y vinculado a GKS, se desarrollaran de forma paralela sin que se llegaran a registrar enfrentamientos directos.
Críticas de Vox al "fortín policial"
Los dirigentes de la formación de Santiago Abascal, encabezados en Vitoria por Julia Calvet y Carlos Hernández Quero, no ocultaron su malestar por el escenario que se encontraron a su llegada. Durante una breve comparecencia ante los medios, los portavoces de Vox denunciaron lo que calificaron como una "falta de libertad" en las instituciones académicas vascas.
Para la formación de ultraderecha, el campus se había convertido en un "fortín policial" y un "campus fantasma", lamentando encontrarse rodeados de un despliegue que, a su juicio, impedía el ejercicio normal de su actividad política. En un tono encendido, los portavoces llegaron a hablar de un contexto de "guerra" y anunciaron que, en caso de alcanzar responsabilidades de gobierno, promoverían la ilegalización de colectivos antifascistas.
El campus vacío como "cordón sanitario"
Mientras en el exterior se mantenía la tensión, la actividad académica se trasladaba a las pantallas. El rector de la UPV/EHU, Joxerramon Bengoetxea, defendió con firmeza la decisión de suspender las clases presenciales y cerrar los accesos al campus, calificando las medidas de "adecuadas y eficaces". Según el rector, la docencia se garantizó en todo momento a través de la modalidad online, lo que permitió mantener la actividad universitaria sin poner en riesgo la seguridad de la comunidad.
Bengoetxea fue tajante al afirmar que, aunque Vox se encontró con un "campus vacío", este no estuvo en ningún momento paralizado. Además, el máximo responsable de la universidad vasca interpretó el cierre como una suerte de "cordón sanitario" frente a mensajes que considera "totalitaristas" y contrarios a los valores democráticos que deben imperar en la institución.
Rechazo sindical y político
La presencia de Vox en Vitoria no solo encontró respuesta en las aulas. En la céntrica plaza de la Virgen Blanca, los sindicatos ELA, LAB y Steilas protagonizaron una concentración propia para mostrar su rechazo a una formación que tildaron de "xenófoba, machista y euskarofóba". Estas centrales llamaron a articular una respuesta "firme y transformadora" frente a los postulados de la ultraderecha.
En el plano político, el cierre del campus generó un debate intenso. Mientras que EH Bildu respaldó públicamente la medida adoptada por el Rectorado, otras formaciones como el PNV, PSE, PP, así como un grupo de profesores y el propio Consejo de Estudiantes, mostraron sus reticencias. Desde el Consejo de Estudiantes se reconoció la excepcionalidad del momento para evitar incidentes, pero se advirtió de que la virtualización de la enseñanza no debe ser una respuesta recurrente, abogando por una universidad plural y "libre de discursos de odio".
Al término de la jornada, cerca de las 13:15 horas, la concentración estudiantil se disolvió de forma pacífica tras una mañana de consignas contra el partido de Abascal y la actuación de la Ertzaintza. La normalidad, aunque fuera bajo vigilancia policial, fue la nota dominante de un día en el que Vitoria logró sortear el conflicto directo.