En una época en la que a la industria se le acumulan los elementos externos en contra, la colaboración público-privada se constituye como uno de los instrumentos que, como aducen distintas voces empresariales, permiten soportar mejor incertidumbres sobre las que nadie sabe cuanto van a durar: inflación energética, barreras arancelarias, competencia de mercados más baratos y cuellos de botella en el comercio mundial. A la hora de las inversiones a largo plazo, la financiación de organismos públicos con “visión estratégica” y unos “objetivos compartidos”, entre los que se encuentra el arraigo de la actividad, la generación de empleo y riqueza y el mantenimiento de los centros de decisión en el territorio, permiten complementar los créditos de la banca privada tradicional, que suele confiar más en resultados a corto plazo.
Esos propósitos forman el eje vertebrador de la actuación de la Alianza Financiera Vasca, que a través de diversas herramientas, como el Instituto Vasco de Finanzas, están canalizando el soporte financiero que, por ejemplo, está permitiendo asentar en Euskadi la actividad de empresas vascas como Ayesa y Talgo. Ayer, el lehendakari, Imanol Pradales, defendió estas herramientas, que calificó como una “palanca estratégica” al servicio “del arraigo y del crecimiento”. Así, destacó Pradales, desde el pasado año el IVF “ha financiado e invertido ya cerca de 400 millones de euros, traccionando más de 1.200 millones de capital privado”.
De hecho, estas operaciones han alcanzado a “sectores estratégicos” como la automoción, la siderurgia y metalurgia, la fabricación de maquinaria y componentes, el ámbito científico-tecnológico, el naval o la actividad primaria, enumeró el lehendakari, que subrayó que estos instrumentos “traccionan inversión, activan proyectos transformadores y garantizan que Euskadi se posicione en las transformaciones globales”. La Alianza Financiera Vasca es el marco de colaboración público-privada en el que participan Gobierno Vasco, nueve entidades financieras, la Federación de EPSVs y el clúster financiero e inversor BasqueFIK. Con una inversión pública de 4.000 millones articulada de aquí hasta el final de la legislatura mediante diversos mecanismos, como los fondos Finkatuz e Indartuz -este último lanzado el pasado año-, se busca movilizar hasta 12.000 millones en inversión privada.
Visión compartida y objetivos a largo plazo en la alianza público-privada
La colaboración entre sector público y empresas privadas contribuye a impulsar a las compañías y con ellas a toda la cadena de valor y el conjunto de la economía, pero siempre y cuando se construya a partir de una “visión compartida” en la que prime un enfoque “a largo plazo” y en la que actúen también “la flexibilidad y la agilidad” en la toma de decisiones. Es el mensaje central que dejó una de las mesas redondas de la jornada de ayer del Instituto Vasco de Finanzas en el auditorio del Museo Guggenheim, y en la que tomaron parte Rosa Carabel, CEO de Eroski, Irache Pardo, directora financiera de CIE Automotive, Javier Lázaro, director financiero de ITP Aero y José Iturriaga, director general de Indar Kartera, el brazo inversor de Kutxabank. En el encuentro de ayer también participó Yngve Slyngstad, ex director ejecutivo de Norges Bank Investment Management, la parte del Banco Central de Noruega responsable de administrar el poderoso Fondo de Pensiones del gobierno, nutrido sobre todo con ingresos por venta de petróleo.
Los representantes de las empresas vascas destacaron la importancia de la financiación pública a la hora de acometer inversiones con el foco puesto en el largo plazo, un prisma diferente al que suelen fijarse las entidades financieras privadas, que están apostando por una visión más conservadora y a corto plazo.
Las empresas vascas “no solo queremos, sino que sabemos y podemos gestionar toda la complejidad operativa pese a las incertidumbres externas que se dan actualmente. Hay que confiar en los proyectos industriales vascos”, demandó Irache Pardo, de CIE. Por su parte, Javier Lázaro abogó por una mayor “comunicación y fluidez” entre los distintos planos de las diferentes administraciones públicas para trazar una mejor estrategia de apoyo a las empresas, con el objetivo también de mejorar el rendimiento de toda la cadena de valor, como proveedores e industria auxiliar. Desde Eroski, su CEO, Rosa Carabel, destacó la relevancia de las instituciones financieras públicas a la hora de dar continuidad a sus proyectos e inversiones, muchas de las cuales, aseguró, tendrían que ser postergadas de no contar con ese apoyo.
El contexto es claro: “La financiación pública actúa como catalizador, movilizando capital privado, generando confianza y acelerando o haciendo posibles inversiones que de otro modo no se materializarían. Esto da resultados tangibles: empleo, y nuevas oportunidades”, dijo el lehendakari en la clausura de una jornada organizada ayer por el Instituto Vasco de Finanzas en Bilbao y en la que se puso en valor la aportación de organismos de este tipo, y en la que tomaron parte también representantes del Instituto de Crédito Oficial y el Banco Europeo de Inversiones. Pero, además de las aportaciones de las instituciones públicas, se busca movilizar el ahorro privado, en línea con los argumentos que, a nivel europeo, defienden los informes Draghi y Letta. El patrimonio de las EPSVs de Euskadi roza los 33.000 millones de euros y se pretende activar parte de ese volumen para fines inversores.
Además de lo ya ejecutado, a lo largo de este año se acometerán “operaciones relevantes” relativas a proyectos que están ahora “en análisis”, indicó el lehendakari, que adelantó también el “despliegue de las nuevas herramientas financieras del Plan Euskadi Eraldatuz 2030”, para acompañar a las empresas “en todas las fases de su crecimiento” y reforzar su capacidad de competir “en un entorno cada vez más exigente”.
En este sentido, Pradales indicó que, antes de verano, el Ejecutivo, cerrará la primera ventana del programa de escalabilidad y se darán a conocer los fondos que los recibirán. Asimismo, el Gobierno Vasco adjudicará también la gestora del fondo de deuda flexible, “el primero de estas características en Euskadi”, para dotar a las empresas de nuevas vías de financiación adaptadas a sus necesidades en un esquema en el que, a pesar de la inestabilidad, invertir sigue siendo un proceso imprescindible.
Por otra parte, el lehendakari señaló que “seguimos trabajando en el programa de infraestructuras avanzadas”, que estará “plenamente operativo” en 2027. Además, “en breve activaremos una nueva línea de financiación con aval de Elkargi, orientada a la transformación empresarial, que estará disponible a finales de año”. A su juicio, se necesita una acción pública “decidida, selectiva y rigurosa” para transformar “la incertidumbre en oportunidad”. “Ahí es donde el modelo vasco marca la diferencia: colaboración público-privada, proximidad al tejido productivo y capacidad de ejecución acelerada”, apuntó el lehendakari, que destacó que “los grandes retos económicos ya no pueden abordarse desde una única lógica ni por un solo actor. Requieren escala, visión de largo plazo y capacidad de movilizar recursos. En este contexto, “progresa quien se anticipa, decide y actúa con ambición estratégica. Y Euskadi ha elegido ese camino, de la mano de Europa”.