Hay casas que están perfectamente recogidas y, sin embargo, cuando entras en ellas tienes la sensación de que algo no termina de encajar. No hay ropa por el suelo, los cojines están colocados, las superficies están limpias y cada objeto tiene su lugar. Pero el conjunto parece más desordenado de lo que realmente está.
La explicación puede estar en el llamado ruido visual: la acumulación de elementos que compiten por llamar la atención. Colores, estampados, objetos pequeños, cables, muebles o simplemente demasiadas cosas expuestas pueden hacer que una habitación resulte visualmente saturada.
La buena noticia es que no hace falta convertir la casa en un espacio minimalista. En muchos casos, basta con reducir el número de elementos que quedan a la vista y organizar mejor los que ya tenemos.
Demasiadas cosas pequeñas a la vista
Uno de los principales motivos de ruido visual es acumular muchos objetos de pequeño tamaño. Una mesa de centro con velas, libros, mandos, jarrones, figuras y otros accesorios puede estar perfectamente ordenada, pero transmitir sensación de acumulación.
La clave está en seleccionar. No todo lo que tenemos que estar necesariamente expuesto. Dejar algunas superficies parcialmente despejadas hace que los objetos que permanecen cobren protagonismo y que la estancia respire.
Lo mismo ocurre con las estanterías. Llenar cada hueco con libros y objetos decorativos puede convertir un mueble pensado para organizar en uno de los principales focos de ruido visual.
Salón sobrecargado con demasiados objetos.
El problema de mezclar demasiados colores
Una habitación tampoco necesita estar llena de objetos para parecer recargada. El exceso de colores diferentes puede producir el mismo efecto.
Esto ocurre especialmente cuando cada elemento se ha comprado por separado y no existe una relación entre ellos. Un sofá neutro puede convivir con cojines de varios colores, una alfombra estampada, cuadros de diferentes tonalidades y pequeños accesorios que introducen nuevos tonos.
Una forma sencilla de conseguir mayor armonía es elegir una paleta de dos o tres colores principales y repetirlos en diferentes elementos. No significa que todo tenga que ser exactamente del mismo tono, sino que exista una conexión visual.
Cuidado con las paredes
Una pared llena de cuadros, fotografías, espejos y objetos puede convertirse en otro foco de saturación. No hay que renunciar a decorar las paredes, pero sí pensar en cómo se relacionan las piezas entre ellas.
Una composición de varios cuadros puede funcionar mucho mejor si comparte algún criterio: un marco similar, una gama cromática o una disposición estudiada. También es importante dejar cierta distancia entre las diferentes composiciones de una misma habitación.
A veces, una pared casi vacía consigue que el resto de la decoración destaque mucho más.
Los cuadros son una excelente forma de vestir las paredes, pero es recomendable que sigan la misma línea o gama cromática para no terminar sobrecargando la decoración.
Los cables también cuentan
Es uno de los elementos que más fácilmente pasan desapercibidos y, sin embargo, pueden alterar mucho la percepción de una estancia. Cables de televisión, lámparas, cargadores o regletas a la vista introducen líneas que rompen visualmente la composición.
Siempre que sea posible, conviene ocultarlos o agruparlos mediante canaletas, cajas organizadoras o soluciones específicas. También ayuda limitar el número de dispositivos que permanecen permanentemente conectados y visibles.
Muebles demasiado juntos
El ruido visual no procede únicamente de los objetos pequeños. Una mala distribución de los muebles puede hacer que una habitación parezca mucho más llena.
Cuando el sofá, la mesa, las sillas y otros muebles están demasiado juntos, se reducen las zonas de paso y desaparece el espacio libre entre piezas. Aunque no haya nada fuera de lugar, el resultado puede transmitir sensación de agobio.
Antes de incorporar un mueble nuevo conviene comprobar cuánto espacio ocupará realmente y si permitirá circular con comodidad. Dejar cierta distancia entre las piezas ayuda a que cada una pueda percibirse de manera independiente.
Sala de estar con muebles demasiado juntos que dificultan el paso y generan sensación de agobio.
No hace falta guardar toda la casa
Reducir el ruido visual no significa esconder absolutamente todo. Una casa demasiado despejada también puede resultar fría o poco personal. El objetivo es encontrar un equilibrio entre decoración y espacio vacío.
Una buena regla es observar cada estancia y preguntarse qué elementos tienen realmente una función o aportan algo al conjunto. Los objetos especiales pueden mantenerse a la vista, pero agrupados y con espacio alrededor.
Porque una casa ordenada no es necesariamente aquella en la que no hay nada sobre los muebles. Es aquella en la que el ojo puede entender fácilmente el espacio.
A veces, para conseguirlo no hace falta comprar nuevos muebles, cambiar la decoración ni hacer una reforma. Basta con retirar algunos elementos, agrupar otros, esconder los cables y dejar determinadas superficies libres. El resultado puede ser una casa exactamente igual de funcional, pero mucho más limpia visualmente.