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El pasado sábado, 7 de marzo, dentro del programa organizado para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres, se entregaron los XVI Premios Mariasun Landa que buscan a través de trabajos literarios dar a conocer y poner en valor la labor de las mujeres en Errenteria.
Los dos premios de este año fueron a parar a dos conocidas de estos galardones, Axun Erzibengoa Aizpiolea y Nagore Pérez Fernández, con obras que recogen la aportación a la villa de Silvi Vesga Silva y Ana Cristina Henríquez Torres.
No obstante, este año se destacó una tercera obra. Hubo una mención especial para la obra de Iñigo Legorburu Arregi en la que reconoce la labor realizada por Pepi Asenjo Arrieta (Errenteria, 1936) en la urbanización y en la construcción del barrio de Gabierrota a través del trabajo comunitario.
Referente
“Pepi era una persona que ya tenía en mi radar, pero fue cuando hice el trabajo sobre Maite Brandaiz la que me recordó su figura. Una mujer premiada en los Premios Mariasun Landa me propuso otra mujer”, recuerda el autor.
Para Legorburu, Pepi Asenjo es todo un referente en Errenteria, en especial en lo que a trabajo comunitario y vecinal se refiere. Pepi, junto a otros vecinos de Gabierrota se encargó de construir aceras, iluminar las calles... en definitiva, de hacer habitable un conjunto de casas que carecía de todo tipo de servicios.
“Me hizo mucha emoción recibir el homenaje, no era sólo a mí, era para todos los que estuvimos trabajando en esos años. Era un tributo a todas las mujeres que nos dedicamos a levantar el barrio”, asegura Asenjo, quien aún hoy, continúa en la brecha, como presidenta del club de jubilados Laguntasuna.
Las asociaciones de vecinos tenían una gran importancia en los años 60 y 70. La de Gabierrota era una asociación especialmente activa por las necesidades que tenía el barrio. Sin embargo, fue un hecho dramático el que contribuyó a que los vecinos aún se unieran más.
Pepi Asenjo, agradeciendo el reconocimiento.
“En una zona sin señales de tráfico y sin espacio ni visibilidad para las maniobras, un camión retrocediendo atropella a su hija de dos años y la mata. Pepi no tiene para olvidar el cariño y el apoyo que le transmitió el barrio en los días siguientes, ni la muchedumbre que se congregó en la carretera general detrás del ataúd, el reflejo de nuestro grito interior y la protesta silenciosa”, escribe Legorburu en su trabajo.
A partir de entonces, todos los fines de semana los vecinos se juntaban para llevar a cabo las tareas de auzolan. “Los hombres se encargaban del trabajo físico y nosotras preparábamos tortillas y caldo, recogíamos firmas para que se prohibieran poner más talleres en los bajos...”, recuerda la errenteriarra.
Una forma de trabajar que sentó cátedra
“Nuestra forma de trabajar tuvo éxito y repercusión en el pueblo y, sobre todo, acertamos en la manera de comunicarnos respetuosamente con el Ayuntamiento. Tras informarles nosotros de nuestras necesidades y de lo que estábamos dispuestos a hacer, el Ayuntamiento nos adjudicaba el material de forma gratuita. Firmes y ubicados en nuestro lugar, respetándonos mutuamente”, explica Asenjo en el trabajo literario.
Entre los principales logros de esos años se encuentran el primer parque infantil del pueblo y la creación oficial de la asociación de vecinos en 1968, la primera o la segunda del Estado. Otros puntos de inflexión fueron conseguir la cabina telefónica; la farmacia con botiquín; el servicio de autobuses, mediante un secuestro pacífico de vehículos que los comunicó a la comarca y al pueblo; y la rehabilitación del Camino de las Monjas.
Aún hoy Pepi Asenjo sigue recogiendo el cariño y la gratitud de todo su barrio. “El pasado sábado fui a comer con la familia porque me parecía que era algo que tenía que celebrar. Después tenía una cena en el barrio en la que se juntaron muchas personas y ahí me sorprendieron con otro homenaje. Me hicieron un regalo muy grande. Me siento muy querida por mis vecinos y siento mucha emoción”, asegura la protagonista.
En opinión de Legorburu su carisma y sus ganas infatigables de colaborar en el trabajo comunitario y en la organización de eventos festivos es lo que hace de Pepi todo un referente en la villa. Desde que llegó a Gabierrota, no ha dejado de tratar de mejorar el barrio.
Además, Pepi es positiva respecto a las asociaciones vecinos: “En los años 60 y 70 eran muy potentes, pero ahora en Gabierrota ha entrado un grupo de gente joven, una cuadrilla muy maja, que está haciendo muchas cosas”.