Hace algo más de un año, Paula Orell decidió dar un paso adelante en la divulgación de la salud mental a través de redes sociales. Aunque la psicología siempre ha sido su vocación, hubo un momento en el que entendió que también podía convertir las plataformas digitales en un espacio profesional desde el que acompañar a más personas. “Más en serio fue hace como un año y algo, no llega a dos años, que dije: ‘Pues a mí esto me gusta bastante, me encanta la psicología, y las redes sociales es un espacio donde poder aprovechar para comunicar un montón de cosas que a lo mejor a las personas les pueden servir”, explica.
Lo que comenzó casi como una prueba se transformó pronto en un proyecto sólido. “Empecé a hacer vídeos, yo lo estaba disfrutando y a las personas cada vez parece que también les gustaba más y les servía más”, recuerda. Ese equilibrio entre disfrute personal y utilidad para los demás fue clave: “Ha sido muy fácil encontrar un hueco dentro de las redes sociales donde yo encontrarme a gusto y donde sentir también que a las personas les gusta y les es útil lo que hago”.
'Quererse bonito' es el libro de Paula Orell.
Responsabilidad de hablar de salud mental
Divulgar psicología ante una audiencia amplia implica una responsabilidad que Orell asume de manera explícita. “Yo siento la responsabilidad y la cojo, en el sentido de que al final todo lo que hablamos es importante que nos hagamos cargo de ello y, cuanta más repercusión tenemos, más aún”, afirma.
No habla desde la exigencia de la perfección, sino desde la conciencia profesional: “No voy a ser perfecta y no todo lo voy a poder hacer bien, pero sí intento tener mucha responsabilidad con lo que digo, con cómo lo digo, intentando que mi mensaje sea respetuoso, sea coherente y no buscar lo fácil o lo que la gente incluso quiera escuchar”. Para ella, la salud mental no admite simplificaciones peligrosas: “La salud mental tiene muchos matices y hay que tener mucho cuidado con ello, y yo lo intento hacer totalmente”.
Tras consolidar su presencia online, decidió ampliar el formato y publicar Quiérete bonito. El libro, explica, no es una ruptura con lo anterior, sino una extensión natural: “Es otro espacio más para poder seguir dando un mensaje”.
Acostumbrada a la consulta individual, a las formaciones y a los espacios grupales, entendió que la lectura podía aportar algo distinto a los vídeos breves. “La forma en la que se divulga en redes hoy en día a través de vídeos de un minuto o dos, eso aporta una serie de cosas, pero la lectura aporta otras. La lectura aporta, por ejemplo, una profundidad, una conexión más allá que la inmediatez del vídeo”.
Más que un manual de autoayuda, lo define como una vivencia: “Se pueden encontrar una experiencia, porque yo creo que el libro no es tanto leerlo y aprender cosas, sino sumergirse en él”. Y añade, “creo que van a sentir mucho acompañamiento cercano, con cariño, amoroso en las palabras, y a la vez, mientras aprenden cosas, conectar con ellos y con ellas mismas”.
Quererse bonito
El concepto central de su obra condensa su mirada terapéutica. “Quererse bonito es aceptarse, respetarse, cuidarse, tenerse en cuenta, de la forma en la que cualquier persona necesita”, explica. No se trata de una consigna superficial, sino de una práctica diaria que incluye la imperfección. “Tengamos un día malo, tengamos un día bueno, el poder acompañarnos con el respeto y el cuidado que cualquier persona merece”.
Sin embargo, reconoce que priorizarse no siempre es fácil. “Vivimos en una sociedad en la que, en mucha parte, para poder sobrevivir necesitamos el amor y la mirada del otro para adaptarnos”, reflexiona. En ese proceso, Paula Orell ve que muchas personas se desconectan de sí mismas y “nos perdemos de nosotras mismas para ver qué es lo que necesita el otro y me olvido de mí”.
Culpa, límites y creencias
Uno de los grandes obstáculos para ese autocuidado es la dificultad de poner límites. Orell lo vincula directamente con creencias arraigadas: “Si tenemos la idea de que para que me quieran necesito estar disponible siempre para el otro, cuando empiezo a querer cuidarme y eso implica no estar, qué difícil es poner ese límite”.
Y en este punto aparece la culpa. “La culpa se muestra en ese momento bajo los criterios de que no estar disponible está mal”. Y ese mecanismo nos devuelve al punto de partida: “Entonces, para asegurarme que me quieran, vuelvo a estar para los demás y ahí de nuevo me pierdo”. Romper ese patrón requiere un proceso gradual, “es ir poquito a poco exponiéndonos a la situación mientras vamos cambiando la configuración de nuestras creencias y vamos experimentando esta culpa hasta que cada vez se va haciendo más pequeñita”.
Quién es
Psicóloga y divulgadora especializada en autoestima, relaciones y bienestar emocional, Paula Orell ha construido su trayectoria combinando la práctica clínica con la comunicación en redes sociales. Desde sus perfiles digitales comparte reflexiones y herramientas de educación emocional con un lenguaje cercano, buscando traducir conceptos psicológicos a situaciones cotidianas. Su discurso pone el foco en el autocuidado, los límites y la responsabilidad afectiva, insistiendo en la importancia de desarrollar criterio propio y conciencia emocional en un entorno marcado por la sobreexposición y la comparación constante.
Es autora de Quiérete bonito, un libro en el que amplía su mensaje sobre la autoaceptación y el respeto hacia uno mismo. En él propone un proceso de conexión personal que invita a comprender las propias heridas, cuestionar creencias limitantes y colocarse como protagonista de la propia vida.
Ni demonio ni salvación
Como profesional que trabaja dentro y fuera de las plataformas, mantiene una postura matizada. “Las redes como casi cualquier cosa por sí sola no es buena o mala. Es cómo la usemos lo que va a determinar si puede ser algo saludable o no”, sostiene.
El problema surge cuando se consumen sin criterio. “Si la usamos sin ningún límite o conciencia estamos destinados a que nuestra autoestima baje por las comparaciones”. Y advierte del riesgo de confundir lo que se muestra con la realidad: “Terminamos creyéndonos que lo que vemos es la realidad y si solo se nos pone lo bonito, después veo mi propia realidad y digo: ‘Esto no cuadra con lo mío, ¿qué estaré haciendo yo mal?”.
El resultado son expectativas irreales y un sentimiento constante de insuficiencia. Por eso insiste en la educación digital. “No es que tengamos que dejar de usar las redes sociales, pero sí creo que tenemos que educarnos y educar mucho más en el uso de las redes sociales”.
Llegados a este punto, Paula hace hincapié en su preocupación en los menores de edad y afirma que “hay niños y niñas con siete años ya con la libertad de coger el móvil sin ningún criterio”. En este sentido, considera que no han desarrollado herramientas propias para gestionar lo que ven y se muestra partidaria de medidas restrictivas por una cuestión de salud.
Al final, tanto en redes como en el libro, su mensaje converge en una idea clara: “Como si no te estuvieras mirando y de repente gracias al libro pusieras el foco en ti y dijeras: ‘Existo, soy importante, merezco respetarme”. Para Paula Orell, quererse bonito empieza exactamente ahí.