El Ayuntamiento de Pamplona ha terminado las obras de restauración que se han llevado a cabo en los últimos meses en el baluarte de Parma y su batería baja.
Con el fin de la restauración de este elemento, se ha certificado el final de las actuaciones de recuperación del recinto fortificado de Pamplona que comenzaron hace casi dos décadas.
Esta intervención supone que, finalmente, la ciudad recupera la continuidad visual de su perímetro defensivo.
Aunque la continuidad física está cortada por la Cuesta de Santo Domingo, desde la terraza superior, la visualización clara del entronque del baluarte con los paseos de ronda que le flanquean, permite apreciar la configuración real de lo que convirtió a Pamplona durante dos siglos en una ‘plaza fuerte’.
Lo mismo sucede con su visión desde el parque fluvial, desde el que se aprecia su imponente masa y altura.
Estos trabajos de rehabilitación comenzaron en septiembre y tienen de presupuesto 904.225 euros, de los que el Ministerio de Transportes Movilidad y Agenda Urbana se hace cargo de 646.375 euros (65% del total).
El recinto amurallado y el Casco Antiguo están calificadas como “Conjunto histórico-artístico” desde abril de 1968, y concretamente las murallas, son bien patrimonial del Consistorio con categoría de Bien de Interés Cultural (BIC) según el Plan Municipal.
Hallazgo durante las obras
A lo largo de las obras en la batería baja, concretamente a la altura del foso, apareció un arco de ladrillo que, según los estudios, podría ser el último arco del “puente durmiente” que conectaba, como una pasarela, con el tablero del puente levadizo que cerraba la parte más exterior del portal de Rochapea.
Un puente durmiente es un elemento longitudinal construido sobre el foso y en el que apoya el tablero del puente levadizo que da acceso a una puerta. El puente, formado por arcos de ladrillo y cimentado sobre el terreno, sería la parte fija de la pasarela que da acceso a la puerta, como sucede con el acceso a la Ciudadela por el puente de la Puerta del Socorro.
El portal de Rochapea, eliminado a principios del siglo XX (1915) por las protestas ciudadanas sobre la accesibilidad al centro en carros y vehículos a motor por la cuesta que ahora se llama Bajada del Portal Nuevo, era una de las puertas que permeaba el recinto fortificado y permitía también cerrarlo y el cobro de los “portazgos” (impuestos sobre mercancías que accedían a la ciudad).
El agua, pluviales y fecales, que fluía a través de esta conducción permanente procedente del barranco de la Mañueta, desaguaba a varios metros de altura sobre la base de la muralla atravesando uno de los lienzos del baluarte.
Precisamente, para la construcción de este baluarte fue necesario rellenar los barrancos de Mañueta y Santo Domingo que separaban los burgos medievales de Navarrería y San Cernin.
El cuerpo de guardia que se encuentra cercano a la batería baja (actuales corralillos de Santo Domingo) del baluarte de Parma es el único que subsiste de los seis que llegó a tener la ciudad (uno por cada Portal). El cuerpo de guardia era lo primero que veía el visitante al entrar en Pamplona y el que le mostraba que estaba entrando en una Plaza Fuerte de primer orden.