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El envejecimiento poblacional que afecta al Estado español, con un 20,4% de habitantes mayores de 65 años en la actualidad que ascendería a un 30,5% dentro de 30 años, tiene una lógica y clara traslación al ámbito laboral. La edad media de la población activa también aumenta y esto se hace especialmente patente en determinados sectores que sufren una mayor dificultad para llevar a cabo un relevo generacional. Hay profesiones que, por la exigencia física que conllevan, la dedicación más allá de la jornada habitual, la escasa remuneración o por todo ello sumado resultan poco atractivas para los jóvenes en edad de incorporarse al mercado laboral. Una tendencia que se ha convertido en una seria amenaza para la pervivencia de una industria competitiva en actividades en las que la experiencia, más que un grado, es una marca de la casa que a veces pesa demasiado. Algunos ejemplos de estos sectores ávidos de savia nueva son los que se presentan a continuación.
Unos trabajadores de la construcción, en plena faena.
Construcción
De las más de un millón y medio de personas empleadas en la construcción en el Estado español, tan solo 164.898 -un 10,8%- tienen menos de 30 años. El obrero tipo de este sector peina canas. El 67,2% se sitúa entre los 30 y los 54 y el 22% restante supera los 55 años, por lo que en la próxima década se jubilará un porcentaje importante de profesionales. Son datos que preocupan a la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), cuyo presidente, Pedro Fernández Alén, remarca que “esta evolución demográfica, unida a la escasez de profesionales cualificados, plantea un desafío relevante para la capacidad del sector de dar respuesta a la necesidad de vivienda”, actualmente uno de los problemas que más preocupan a la sociedad. Además, esta carencia de relevo “adquiere especial relevancia en un momento en el que la construcción se encuentra inmersa en un proceso de modernización basado en la digitalización, la industrialización y la incorporación de nuevas técnicas constructivas”.
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Precisamente, ese “carácter moderno, dinámico y estratégico” que acompaña a la construcción en un contexto de profunda transformación es lo que, a juicio de Fernández Alén, se debe potenciar para atraer a los jóvenes a este mundo, frente a la “persistencia de una percepción distorsionada del sector”, que tiene su origen “en gran medida en la crisis financiera de la pasada década”. Para el dirigente de la patronal de la construcción, “resulta clave trasladar a la sociedad, especialmente a los jóvenes” que a día de hoy se trata de “una actividad cualificada y con futuro” y que es “compatible con las nuevas expectativas profesionales” gracias a una “mejora de las condiciones de trabajo”.
Habida cuenta de que, como consecuencia del elevado volumen de jubilaciones que están próximas, el sector “requiere unos 700.000 profesionales para dar respuesta” a la “ambiciosa política de vivienda” impulsada por las instituciones y a inversiones en obra pública asociadas a al Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, desde la CNC valoran “de forma positiva cualquier medida orientada a la mejora de la disponibilidad de mano de obra”, incluidos mecanismos como la regularización de migrantes iniciada por el Gobierno. Creen “especialmente relevante” que esta llegue a los trabajadores extranjeros “que ya se encuentran en España desempeñando su actividad en la economía sumergida”, lo que, además de reforzar el sistema de Seguridad Social, ayudará a “reducir la competencia desleal”. Son todas ellas cuestiones que se abordarán en el I Congreso de Innovación en Construcción, Edificación, Infraestructuras y Concesiones (IC2) que se celebrará del 1 al 5 de junio en Santander.
Un conductor veterano, al volante de su camión.
Transporte por carretera
Los efectos de la falta de relevo generacional se perciben de una forma más trágica en el transporte por carretera. Según datos procedentes de la Dirección General de Tráfico (DGT), 1.839 conductores profesionales fallecieron en accidente laboral entre 2013 y 2025. Dos tercios de ellos tenían más de 55 años. Esto sucede en un sector en el que el 72% de los transportistas se sitúa por encima de los 50 años de edad. “La edad es un factor determinante a la hora de los accidentes en una profesión en la que se produce un envejecimiento prematuro”, recalca Francisco Vegas, secretario general de Carretera y Logística de CCOO, quien ve urgente poner remedio a la situación: “Esto va de seguridad vial y de salvar vidas”.
“ ¿Qué padres quieren hoy en día que sus hijos sean camioneros? Todo pasa por mejorar las condiciones laborales y eso no significa solo dinero. ”
Francisco Vegas - Secretario general del sector de Carretera y Logística de CCOO
El representante sindical entiende que, más allá del riesgo inherente a la misma, las condiciones de trabajo de una profesión “mal remunerada y con mala conciliación” la hacen poco atractiva en una sociedad que ha experimentado una transformación en su concepción de la vida. “Si hace unas décadas primaba el tener trabajo, hoy en día se prioriza el disfrutar de la vida y no tanto en qué voy a trabajar mañana”, dice Vegas, cuestionando: “¿Qué padres quieren hoy en día que sus hijos sean camioneros?”.
Por ello, el gran desafío para el transporte en carretera a medio plazo es plantear incentivos que hagan que los jóvenes lo vean como una salida profesional a tener en cuenta. “Todo pasa por mejorar las condiciones laborales y eso no significa solo dinero”, apunta. El responsable de CCOO cree que un gancho podría ser la jubilación anticipada. Y es que, a diferencia de lo que ocurre en otros modos de transporte, como el aéreo, el ferroviario o el marítimo, en el de carretera no se aplican a los trabajadores los coeficientes reductores para un retiro antes de los 65 años. Vegas lamenta que, pese a ser esta una reivindicación compartida por patronal y sindicatos, las administraciones y los partidos políticos no acaban de dar el paso para aplicarla. “Es un problema estructural de país y no se quiere ver”, añade. De no solucionarlo, augura que en no mucho tiempo “eso de que las cosas estén siempre en la estantería del supermercado no va a ser tan fácil”, además de avanzar una posible huelga de transporte antes del próximo verano como medida de presión. En cuanto a la regularización de extranjeros, Vegas indica que “no es solución de nada” para un rejuvenecimiento del sector mientras no se mejoren las condiciones. “Toda persona aspira a vivir mejor y si me dicen que tengo que hacer transporte internacional por 2.000 euros pagándome yo mis gastos, al mes siguiente me buscaré otra cosa”, manifiesta.
Un ganadero, dando de comer a sus vacas.
Ganadería
Algunos estudios apuntan a que en torno al 56% de los ganaderos en activo en el Estado español está ya o entrará en la presente década en edad de jubilación. Eso significa que más de 90.000 tomarán el retiro en los próximos diez años. Son muy pocos los que quieren tomar su testigo, principalmente “porque la actividad no garantiza una renta suficiente ya que los precios en origen en ocasiones no alcanzan a cubrir los costes de producción”. Así lo explica Luis Pérez Portilla, quien a sus 32 años es una excepción a la regla. Además de regentar su explotación de ganado vacuno y ovino de leche en Escobedo de Camargo (Cantabria) y producir quesos, es el secretario general de UGAM, la Unión de Ganadores y Agricultores Montañeses asociada a la Coordinadora de Asociaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) de ámbito estatal.
“ Un país sin ganaderos es un país más vulnerable ante crisis de precios, conflictos internaciones y problemas logísticos ”
Luis Pérez Portilla - Secretario general de UGAM
“Un país sin ganaderos es un país más vulnerable ante crisis de precios, conflictos internaciones y problemas logísticos”, advierte, en una alusión a la más rabiosa actualidad. Además de esa pérdida de soberanía alimentaria, el declive del sector puede acarrear otras graves consecuencias de índole social o ecológica, como “el abandono del territorio” en muchas zonas en las que “la ganadería extensiva es clave para prevenir incendios y mantener el paisaje”. Como apunta Pérez Portilla, “no solo se pierde actividad económica, sino una parte esencial de lo que somos”, especialmente en casos como el de Cantabria, “una comunidad con una cultura ganadera muy arraigada”.
Pero el dirigente de UGAM-COAG tiene muy claro que “sin una renta digna, no habrá relevo”, aunque son necesarios otros incentivos para atraer a los jóvenes, como “simplificar la burocracia”, que a día de hoy es “un freno real”. También cree que se debe “facilitar el acceso a la tierra y a la vivienda en el medio rural y reforzar los servicios públicos en los pueblos”. La hipotética incorporación de inmigrantes una vez regularizada su situación “puede aliviar la falta de mano de obra en determinadas tareas, pero no resuelve el problema de fondo”, que pasa por “rentabilidad, condiciones dignas y estabilidad”, teniendo como prioridades “fortalecer la ganadería familiar y facilitar la incorporación de jóvenes”.
Un fontanero repara el desagüe de un lavabo.
Fontanería
Y tres cuartos de lo mismo ocurre con la fontanería. “El 65% de las empresas instaladoras precisa personal para poder atender a los clientes y, de ellas, a casi el 100% les resulta imposible conseguir trabajadores cualificados”, explica José Cueto, responsable de Comunicación de CONAIF, la Confederación Nacional de Asociaciones de Empresas Instaladoras y Mantenedoras de Energía y Fluidos. Desde esta entidad remarcan la “paradoja” que supone el que, mientras en el Estado español la cifra de desempleados ronda los dos millones y medio, “a día de hoy hay más de 10.000 puestos de trabajo que no se llegan a cubrir” en el global del sector de instalación y mantenimiento de fontanería, gas, electricidad, climatización y refrigeración.
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“El oficio de fontanero no se considera atractivo a ojos de los más jóvenes”, admite Cueto. A la dureza de un trabajo que obliga a mantener durante mucho tiempo posturas incómodas que machacan el cuerpo, a convivir con la suciedad y a estar disponible para cualquier emergencia, se le suma una falta de reconocimiento social. Sin embargo, el representante de CONAIF cree que hay motivos sobrados para verla como una buena salida laboral: “No hay paro, es una profesión que ofrece trabajo y buenos salarios a quien esté cualificado”.
La falta de jóvenes que se incorporen a la profesión, fundamentada en un déficit de alumnado en los ciclos formativos de FP, hace que la edad media del colectivo de fontaneros se sitúe entre los 50 y 55 años. Ello quiere decir que, en el plazo de una década, se jubilará el 30% de los trabajadores actuales, sin que se vea posibilidad de reponer totalmente esa pérdida. Las dificultades de las empresas y autónomos que siguen adelante para atender en tiempo la demanda de servicios van en aumento. En este contexto, marcada por una lucha contra el “intrusismo profesional”, Cueto tiene claro que “gran parte de la solución de la falta de mano de obra cualificada y del relevo generacional en las empresas, sobre todo a corto plazo, está las mujeres, cuya presencia actualmente es irrelevante. Y también en la inmigración”. A este respecto, está expectante del resultado que pueda dar la regularización planteada por el Gobierno. “Será necesario que las personas migrantes estén dispuestas a trabajar en el sector y que reciban la formación adecuada para poder hacerlo con garantías”, concluye.