Sigue una dieta keto; haz ayuno intermitente; controla la glucosa; regula el cortisol; haz cardio, no te olvides de entrenar la fuerza y mejora todos los días en algo que te propongas... “Este es el mensaje que recibimos a diario miles y miles de personas”, sostiene Noelia Samartin Veiga. “La lista de cosas a realizar nunca se acaba, es interminable, pero la vida no espera… y se nos olvida vivir, que es lo único a lo que hemos venido a este lugar llamado Tierra”, recalca.
En una época de sobreinformación e incertidumbre, nos aferramos a lo que creemos que podemos controlar: nuestra salud, nuestro bienestar y, en definitiva, nuestra felicidad. “Pero en esta obsesión por mejorar y optimizar todos los aspectos de nuestra vida, entramos en un bucle de insatisfacción y autoexigencia, y sentimos que somos un absoluto desastre por no marcar todos los checks que deberíamos”, reconoce.
PERSONAL
Noelia Samartin Veiga es neurocientífica y psicóloga clínica espcializada en dolor crónico y salud mental. Ha investigado en la Universidad de Santiago de Compostela sobre el dolor crónico desde una perspectiva neurocientífica. Actualmente acompaña a personas en consulta individual y grupal con un enfoque que integra la ciencia y la sensibilidad para ayudar a quienes enfrenan dificultades emocionales y físicas. En su libro Has venido a vivir aboga por dejar de lado las metas inalcanzables sin sentir que eres un desastre. Comparte su trabajo en Instagam como @neuro_con_ciencia.
¿Es tan frecuente olvidarse de algo tan básico como vivir? ¿Por qué y cómo es posible?
No es tan difícil olvidarse de algo tan básico porque lo damos por hecho; dejas de tener la atención que merece vivir, algo que asumimos como intrínseco. El modo de vida actual, que tiene unas partes buenas y otras malas en la afectación al estilo de vida, en el fondo está aumentando el sentimiento general de estar descontentos con nuestra propia rutina. Lo que busca el libro Has venido a vivir es hacer patente este sentimiento generalizado que sentimos muchos de nosotros y dejar de sentirnos culpables por encottrarnos así y ver cómo podemos solucionarlo. Si lo que estamos haciendo hasta ahora no funciona hay que ver cómo podemos cambiarlo. La pregunta que tenemos que hacernos es cuándo se nos ha olvidado vivir. En general, pienso que se nos ha olvidado que la vida es humana, que tiene partes positivas y negativas, que hay un sufrimietno inherente y no pasa nada; todas nuestras expectativas no se tienen por qué cumplir. Esto se nos ha olvidado tanto que el descontento se ha generalizado.
De hecho, al que solo vive para vivir se le llama vividor, en contraposición al responsable que vive para hacer muchas cosas. ¿Se es necesariamente lo uno o lo otro?
La connotación negativa al ser un vividor responde un poco a esa responsabilidad que le damos al incluir en nuestra vida un huequito al placer. Ser vividor entendido como una persona que disfruta de la vida no es algo malo, siempre que tu libertad no coja el espacio de otra persona. Tenemos miedo a dar espacio al placer por si es desmesurado, por culpa o por que se nos va de la vida. Pero el placer es inherente al ser humano, como el sufrimiento. El placer biológicamento lo sentimos para marcarnos lo que es importante para nuestra supervivencia; sentimos placer cuando comemos, cuando descansamos, cuando estamos con vínculos seguros. El placer marca cosas que necesitamos para sobrevivir y vivir plenamente. Ojalá seamos todos un poco más vividores.
Trabajar, hacer, cumplir… ¿es posible vivir en esta sociedad bajando la autoexigencia, conformándose con ser el segundo o… el vigésimo tercero?
Sí es posible, pero hay un peaje. Y es enfrentarte al miedo que nos han dicho de que no seamos el segundo, el perdedor; tú mismo te dices, no me puedo quedar el segundo. O no me puedo permitir esforzarme al cien por cien. Al final es un poco la idea que trato en el libro, preguntarte cuántas exigencias son tuyas, cuántas son heredadas y cuáles corresponden al contexto. La respuesta a esta pregunta es ser coherente contigo y actuar en consecuencia No quiere decir que sea fácil, porque siempre hay un peaje, porque aparece el miedo a hacer algo diferente a como lo solíamos hacer, porque no sabemos lo que va a pasar y nuestro cuerpo se pone en guardia y alerta.
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¿Cómo silenciar el ruido externo y también el interno? ¿Es posible que bajo ese ruido intentemos ocultarnos la verdad con mentiras y una vida nada coherente?
Claro que sí. Es cierto que el contexto actual no nos ayuda a tener una vida saludable, entendiendo saludable como presencia de bienestar; estamos en un punto en el que hay demasiada estimulación externa y no hay esos huecos vitales donde tú puedas parar. Es más, nos acostumbramos a esta estimulación externa. Según un estudio reciente, si le dan a elegir a una persona entre meterse en una habitación y estar en silencio consigo mismo durante cinco minutos o recibir una descarga eléctrica con una intensidad de dolor de seis, más de la mitad de las personas elegían descarga eléctrica. Es verdad que al ser el contexto el que propicia esta inercia, nosotros no elegimos parar. Esto no es beneficioso para el organismo, pues aunque el estrés puntual no es malo porque nos ayuda a adaptarnos y nos da una especie de superpoderes para ser más eficientes, no podemos soportarlo todo el tiempo debido a que nuestro cuerpo no está diseñado para funcionar bien con esa superaspiración constante. El parar se vuelve necesario para tener una vida saludable. Es ahí donde tenemos que hacer esfuerzos; puede ser con meditación, haciendo las cosas de otras maneras, por ejemplo, reduciendo las multitareas, dedicándonos más tiempo a nosotros mismos...
Samartín Veiga ha publicado sus consejos en ‘Has venido a vivir’.
¿Ya nos ocupamos en llevar una vida coherente habitando el presente en lugar de estar siempre persiguiendo la siguiente meta?
En cierta manera sí; vivir en el presente nos ayuda a ser coherentes con lo que hay, pero nuestro cerebro funciona con predicción. Está todo el rato, de manera inconsciente, evaluando el pasado e intentado predecir el futuro, porque eso nos ayuda en nuestra supervivencia. No podemos evitar que el cerebro haga eso en algún momento del día. Por eso, para mí, la coherencia va un poquito más allá de ser consciente del presente, hay hacer un trabajo de autoconocimiento sobre qué es importante para nosotros en este momento vital, teniendo en cuenta quiénes somos, la heridas del pasado, la parte más intrínseca de nuestra personalidad, el contexto en el que vivimos y del que venimos. Hay que hacer un trabajo personal de mirarse al espejo y una vez que somos conscientes de lo que es prioritario para nosotros, darle importancia a eso.
¿Cómo pararse a oír crecer la hierba si todos los demás siguen corriendo y pensamos que nos van a adelantar? Parar a reflexionar no está de moda, ¿pero nos convendría hacerlo?
Al final correr constantemente, que es lo que llevamos haciendo por inercia un montón de tiempo, si lo reflexionamos, no esta siendo suficiente nunca; genera un sentimiento de insatisfacción. Por eso, propongo algo diferente. Estamos en un mundo donde es muy fácil la comparación, porque estamos tan conectados que desbloqueando el móvil puedo sentirme culpable por lo que está haciendo mi compañero de trabajo o mi mejor amiga que la veo por redes y yo no lo estoy haciendo. Por eso, pienso que es importante hacer el trabajo previo de autoconocimiento para saber porqué estoy tomando las decisiones.