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El documental Errio, dirigido por Ibon Gaztañazpi, está despertando una enorme expectación y removiendo conciencias allá por donde pasa. Se proyectó el martes en Zarautz, proyección organizada por ZarautzON en Modelo, donde acudieron unas 250 personas. Este sábado, la cinta vuelve a proyectarse en Orio, en la Casa de Cultura a partir de las 19.00 horas. Hablamos con su creador para profundizar en este trabajo que redescubre la historia del río Oria.
Cómo surge
¿Cómo nace la chispa de este proyecto?
Fue una iniciativa del Ayuntamiento de Orio. Querían darle centralidad a la ría porque intuían que ahí había historias potentes, sobre todo en construcción naval, donde fuimos pioneros a nivel mundial. Se pusieron en contacto conmigo hace tres o cuatro años, pero te confieso que les dije que no dos veces. Me venía grande. Sabía el material que había ahí y no me atrevía a coger el toro por los cuernos. Al final, me reuní con Xabier Alberdi y Xabier Agote y no me dieron opción. Me dijeron que lo hiciera.
“ ”
Para guiar este viaje elige a la remera Nagore Urdapilleta. ¿Cómo nace la idea?
Al principio quería huir del remo porque Orio siempre se asocia a eso y quería centrarme en astilleros o ferrerías. Pero me di cuenta de que nadie refleja mejor nuestra ignorancia que un remero. Nagore o yo nos hemos pasado muchos años remando y no sabemos nada: ni la toponimia, ni qué pasó en esas orillas. El punto de partida es ese: “No tengo ni idea del sitio en el que remo”. Y eso es trasladable a toda la sociedad: no tenemos ni idea del lugar en el que vivimos.
Descubrimientos
¿Cuál ha sido el descubrimiento que más le ha sorprendido?
Me impactó que un arqueólogo como Iñaki Intxaurbe te diga que en Altxerri están probablemente las pinturas de animales más antiguas de Europa. ¿Cómo es posible que no sepamos eso? Y luego el final del viaje: el Galeón San José. Es el tesoro submarino de más valor del mundo, Estados Unidos y España se pelean por él, y resulta que se construyó aquí mismo, en el astillero de Mapil. Lo más difícil ha sido discriminar; se han quedado fuera historias increíbles de piratas, contrabandistas y hasta espionaje industrial de gente que tuvo que huir de Holanda.
Cuenta con expertos de la talla de Xabier Alberdi y Xabier Agote. ¿Qué le han aportado ellos?
Son amigos antes que nada. Xabier Alberdi es el que te da la “letra pequeña”, el que te saca un documento del 1.500 y te demuestra que los escritos más antiguos en Norteamérica son de un pescador de Orio o de Hondarribia. Y Agote es el alma; él me animó a hacerlo. Hay que poner en valor el trabajo de Albaola, porque detrás de todo lo que se está moviendo en patrimonio marítimo en Gipuzkoa están ellos. Estar bien rodeado te da una lección de humildad absoluta.
Xabier Alberdi, Xabier Agote e Ibon Gaztañazpi en Modelo hablando sobre el documental 'Errio'.
Habla de humildad frente a la ignorancia.
Es que se nos llena la boca hablando de nuestro pueblo, pero vivimos de espaldas al conocimiento histórico. El que más sabe, duda. Yo sigo las regatas y veo que quien más sabe está ahí observando, buscando pistas. En cambio, el “bocachancla” no duda, habla y habla. Este documental me ha enseñado que somos unos ignorantes de la hostia. Por ejemplo, descubrir esa fusión entre el caserío y el mar. El baserritarra no vivía de espaldas al mar, vivía para el mar.
Premio en la India
¿Cómo termina un documental sobre el Oria ganando un premio en la India?
¡Fue un bombazo! No me lo esperaba, para nada. Pero, luego, lo piensas y tiene sentido. En India los ríos son sagrados, son el nexo con los antepasados. Y es que esta cultura no urbana es universal. Una vez en Madrid vi una exposición de pintores holandeses y americanos y veía lo mismo que habíamos grabado nosotros: remos, astilleros, bueyes, manzanos... Si vas al Nilo o al Ganges y ves a un pescador, no te entiendes con él, pero le pides el remo, le haces un estrobo y te pones a remar. En esas circunstancias se habla el mismo idioma.
¿Cuánto tiempo de trabajo hay detrás del documental?
Unos tres años desde el primer “no”. Lo más largo fue la investigación; estar un año entero documentándome porque una cosa me llevaba a la otra. Lo más sencillo, curiosamente, fue grabar y montar. En eso quiero destacar a Beñat Gereka, el realizador. Él se enamoró de la ría, me llamaba para decirme que a las siete de la mañana habría una luz especial... Ese cariño se nota en la imagen.
¿Ver el Oria de manera distinta?
¿Cómo vive el público el documental?
Hay gente que llora mientras lo ve. No se por qué pasa, pero ha ocurrido en los sitios de alrededor que se ha proyectado Errio. Al final el río es vida. Acabo de estar en Egipto y el eje central de esa civilización gigante es un río. En nuestro caso, a otra escala, es exactamente igual.
¿Mira ahora el Oria de manera diferente?
Totalmente. Hay un antes y un después. Ahora voy por la calle de arriba de Orio y la veo diferente. No veo solo casas con escudos, veo carretas de bueyes, veo redes, veo a las mujeres cuidando del pueblo mientras los hombres estaban en Terranova. Es como si entrara en un cómic o en unos dibujos animados. Comprendo el lugar en el que habito.