La Asamblea General de la ONU escenificaba este jueves una sangrante paradoja que ilustra, de forma muy certera, el desalentador panorama geopolítico al que se enfrenta el planeta. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, sobre quien pesa una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y de lesa humanidad, pudo dirigirse sin traba ninguna a las diferentes delegaciones presentes desde la misma tribuna de la sede de las Naciones Unidas. Por el contrario, el presidente del país que está sufriendo el genocidio por el que ha sido condenado Netanyahu tuvo que intervenir por videoconferencia. Mahmud Abás, a quien el Gobierno de Estados Unidos le negó el visado para viajar a Nueva York, advertía de que Israel ya no se conforma con obstaculizar el desarrollo político de Palestina, sino que va más allá: "El peligro ya no se limita a socavar la solución de dos estados ni a impedir la materialización del Estado palestino. Ahora amenaza la vida misma y la existencia del pueblo palestino en su propia tierra".
En un discurso pregrabado de 24 minutos, Abás remarcaba que "lo que está ocurriendo en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental no son incidentes aislados, sino un plan colonial malintencionado destinado a dificultar la vida de los palestinos en su tierra y a obligarles a abandonarla".
El dirigente de la Autoridad Palestina ha instado a que se tomen medidas contra las milicias de colonos, que calificó de "terroristas", y que a diario atacan aldeas palestinas de Cisjordania, incluso "incendiando hogares palestinos mientras sus ocupantes duermen en su interior".
Sobre el plan diseñado por la Junta de Paz para Gaza, auspiciado por Estados Unidos y que está a punto de cumplir un año, Abás instó a acelerarlo para que "la fase de transición no se convierta en una situación permanente", sin "plazos concretos" ni "horizonte político".
Poco después, era Benjamin Netanyahu el que accedía al estrado, momento en el que la mayor parte de las delegaciones de países miembros, en sintonía con las concentraciones que se llevaron a cabo en el exterior de la sede de la ONU, abandonaba la sala a modo de protesta. Ante ello, en tono desafiante, el primer ministro hebreo invitó a “otros cobardes morales” a hacer lo mismo.
En su discurso, Netanyahu ha calificado las acusaciones de genocidio en Gaza como “la mentira más grande del siglo”, asegurando que "Israel ha hecho todo lo posible” para que los palestinos no estén en peligro. “Enviamos millones de mensajes de texto alertando a los civiles para que se retiren de las zonas de combate ¿Qué régimen genocida da vacunas de polio a la población de los enemigos? ¿Qué régimen genocida permite que se distribuyan dos millones de toneladas de alimentos en Gaza?", preguntaba a una sala medio vacía, incidiendo en que “Israel ha hecho más para evitar las bajas civiles en situación de guerra que cualquier otro ejército en la historia”.
El dirigente israelí ha minimizado la violencia perpetrada por los colonos extremistas contra palestinos en Cisjordania, refiriéndose a ellos como "unos 150 jóvenes delincuentes que lanzan piedras, que cortan olivos, que se prenden fuego o algo".
Además, ha cargado a “algunos” países de Europa Occidental de "rendirse al antisemitismo" con la imposición de sanciones o el reconocimiento de Palestina como Estado y de sufrir una “somnolencia moral”.