Bizkaia

‘Mundakako Atorrak’, el libro que recorre dos siglos de coplas, resistencia e identidad

La asociación Mundakako Atorrak presenta una publicación que recoge el recorrido y las canciones del grupo y muestra cómo el carnaval se ha convertido en uno de los pilares culturales y sociales de la localidad
El presidente de Mundakako Atorrak, Gaizka Lozano, con el libro Mundakako Atorrak, disponible por 25 euros
El presidente de Mundakako Atorrak, Gaizka Lozano, con el libro Mundakako Atorrak, disponible por 25 euros / N.Murray

Actualizado hace 2 minutos

En vísperas de una nueva edición del Aratuste Eguna de Mundaka, la asociación Mundakako Atorrak ha presentado el libro 'Mundakako Atorrak', una obra que repasa la historia y las coplas de una tradición que cada febrero toma las calles vestida de blanco y acompañada por acordeones, guitarras, mandolinas y algún violín.

La publicación documenta referencias que se remontan, al menos, a 1843, cuando en archivos municipales ya se hablaba de “esa fiesta tan inmemorial”. A partir de ahí, la obra está estructurada por épocas, incluso por décadas, relacionando la evolución del carnaval con los cambios sociales y culturales del propio pueblo. No se limita a recopilar anécdotas: contextualiza letras, analiza transformaciones y reúne fotografías cedidas por vecinos, muchas de ellas conservadas durante años en álbumes familiares.

“La idea surge hace mucho tiempo, porque como no sabemos cuál es el origen exacto y tenemos historias que nos han contado, queríamos que no se perdiera”, explica Gaizka Lozano, presidente del grupo Mundakako Atorrak. La inquietud venía de lejos. Hace veinte años el grupo decidió constituirse formalmente como asociación para organizar una participación creciente y mantener una relación más estructurada con el Ayuntamiento. Ya entonces se planteó la posibilidad de publicar un libro, pero la dinámica anual del carnaval fue retrasando el proyecto. “La mayor dificultad ha sido hacerlo”, admite, en referencia a coordinar el trabajo, asumir tensiones y llegar a tiempo.

Imagen histórica de los Atorrak, hacia 1963.

Imagen histórica de los Atorrak, hacia 1963. Gaizka Lozano

El motor principal ha sido el temor a la pérdida de memoria. “No sabemos muchas cosas de antaño, pero lo que no nos podemos permitir es que lo que estamos generando ahora quede en el olvido”, insiste Lozano. Cada año los Atorrak componen una nueva canción en la que relatan lo sucedido en el pueblo durante los últimos meses. Esa crónica cantada, interpretada en el pasacalles dominical, forma parte del ADN de los Aratustes. Sin documentación ni grabación, advierte, esas letras acabarían diluyéndose cuando desaparezcan quienes las escribieron. De ahí que, además del libro, hayan grabado un disco en estudio con doce composiciones propias, una forma de asegurar que lo que hoy se canta en la calle quede también guardado con calidad y con contexto.

Trabajo colectivo

El proceso ha sido colectivo, con alrededor de siete personas implicadas en la redacción y maquetación, aunque las fuentes han sido mucho más amplias. Se han realizado entrevistas a vecinos mayores, se han consultado archivos municipales en busca de pequeñas notas y referencias históricas y se han recopilado fotografías que, en su mayoría, se remontan a comienzos del siglo XX.

La publicación se ha financiado con apoyo del Ayuntamiento y de la Diputación, lo que ha permitido reducir costes y ponerla a la venta por 25 euros, prácticamente a precio de coste. “La intención no es ganar dinero, sino empatar, que sea un documento referente para el pueblo y que lo tenga la mayor gente posible”, explica Lozano. El libro aspira a convertirse en una pieza de referencia cultural, accesible y compartida.

Uno de los capítulos más significativos es el de la dictadura. El carnaval de Mundaka fue de los pocos de Euskadi que logró mantenerse activo. Entonces eran menos y actuaban con cautela: modificaban las letras para evitar problemas y se cubrían el rostro con la funda de almohada que hoy forma parte del atuendo blanco. “Había veces que salían y tenían que retirarse porque eran perseguidos”, recuerda Lozano. A su juicio, mantener la fiesta en aquella época tenía un componente de rebeldía evidente, ya que se trataba de una celebración pagana que chocaba con la moral oficial y con el peso de la Iglesia en el régimen.

Lamiak

La obra también aborda otra transformación clave, que fue la aparición de las Lamiak tras la dictadura, cuando un grupo de mujeres jóvenes decidió abrirse un espacio propio dentro de la celebración. “La sociedad se abrió a la mujer, o la mujer empezó a tener su sitio”, dice, y Mundaka no fue ajena a esa apertura. Hoy resulta impensable entender los Aratustes sin la kalejira matinal de los Atorrak y el desfile vespertino de las Lamiak, que el próximo año celebrarán su 50 aniversario. La imagen del carnaval se completa con ese contraste: la mañana blanca y la tarde negra, dos personajes que se necesitan mutuamente para explicar el relato completo del pueblo.

En la actualidad, el reto ya no es sobrevivir, sino gestionar una participación masiva. Si a principios de los años ochenta apenas salían 20 o 25, mañana se sentarán a comer 286 Atorrak. La asociación cuenta con 430 socios y las Lamiak superan las 300 integrantes. En un municipio de poco más de 1.800 habitantes, cerca de medio millar de personas participa activamente en el día grande. “Nos toca gestionar la abundancia, pero bienvenida sea”, afirma Lozano. Ese crecimiento, en su lectura, demuestra cómo la fiesta “ha penetrado” en la vida del pueblo y hasta qué punto la identificación con los Aratustes “es inigualable”.

Los Atorrak durante el pasacalles de los Aratustes 2025.

Los Atorrak durante el pasacalles de los Aratustes 2025. Jon Rodríguez

Para el presidente, ahí reside una de las claves que diferencian a Mundaka de otros carnavales de Bizkaia o de Euskadi. La primera es su continuidad histórica, ya que, como recuerda, “este tiene más de 200 años que sepamos”, frente a celebraciones que se reactivaron sobre todo a partir de finales de los setenta; la segunda es su carácter popular, ya que “esto no lo organiza un ayuntamiento; lo organizamos nosotros, sale del pueblo”, insiste; y la tercera es la dimensión de la participación, difícil de encontrar en otros lugares.

Tradición intergeneracional

El vínculo con la tradición suele comenzar al alcanzar la mayoría de edad, que antes se situaba en los 16 años y hoy en los 18. Padres, hijos e incluso abuelos comparten pasacalles y se reúnen después en el Casino de Mundaka, donde celebran la comida que forma parte inseparable de la jornada. Esa dimensión intergeneracional es, a juicio del presidente, una de las mayores riquezas sociales del carnaval. “Comes con gente con la que igual no tienes relación durante el año y ahí se crean vínculos, se refuerza el sentimiento de pertenencia al pueblo”.

Hay instantes que condensan esa identidad de forma casi física, como el arranque del canto frente a la casa de José María Egileor, figura histórica del grupo. “Cuando empiezas a cantar ahí, si no se te pone la piel de gallina, es que algo te falta”, confiesa. Otro, más reciente, es el encuentro con las Lamiak en la calle Mayor, cuando ambos colectivos interpretan dos canciones conjuntas. “En ese caso también, si no se te remueve algo, es que no eres Atorra ni Lamia, porque esto no es cuestión de vestirse, es algo que se lleva dentro”, afirma Lozano.

Con el libro 'Mundakako Atorrak' la asociación aspira a que dentro de varias décadas se comprenda lo que representó esta etapa, la de una generación que decidió documentar su tradición para que no dependiera únicamente del recuerdo. Que cambien los tiempos y evolucionen las formas, pero que la esencia permanezca. Porque en Mundaka, ser Atorra no es solo vestirse de blanco, es, como resume su presidente, “cuestión de ser”.

2026-02-14T14:14:45+01:00
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