Dentro de la farmacia moderna, las pastillas son un elemento muy presente. Debido a su propiedades y aspecto, son un medio eficaz para poder hacer frente a dolencias o enfermedades. Aun así, existe un debate: muchos opinan que es seguro machacarlas o cortarlas, mientras que otros creen lo contrario, argumentando que acaba con su poder. Para salir de dudas, nada como escuchar a expertos, como el enfermero Jorge Ángel.
¿Mito o realidad?
Dividir o machacar una pastilla por la mitad para mezclar con comida o bebida es muy frecuente en personas con problemas para tragar. Lo que esconde este gesto, aparentemente inofensivo, son riesgos para la salud si no se hace adecuadamente.
Por lo tanto, y de acuerdo con el enfermero Jorge Ángel, hay una regla de oro en la medicina: tan solo pueden cortarse o triturarse si están diseñados con una ranura para fraccionar la dosis. Y únicamente si el prospecto o el médico lo autorizan expresamente.
Cuándo sí es seguro y cuándo no
Así las cosas, manipular un medicamento solo se permite bajo determinadas circunstancias farmacéuticas. Por lo tanto, es seguro partir un compromiso si hay una línea de división en su superficie, siempre que se pueda partir la dosis a partes iguales o facilitar la ingesta.
Del mismo modo, los fármacos de liberación inmediata, es decir, aquellos que no tienen recubrimientos especiales y están listos para disolverse en el organismo, suelen tolerar el triturado sin alterar su efecto terapéutico.
Por otro lado, triturar pastillas de liberación prolongada o modificada (los identificados como ‘retard’, ‘oros’ o ‘LP’), puede suponer un riesgo. Esto ocurre porque contienen grandes dosis de medicamento listas para liberarse a lo largo de varias horas.
Además, si se rompe la estructura protectora, el principio activo entra de golpe al organismo. Como consecuencia, se provoca un pico de concentración que puede causar una sobredosis involuntaria, toxicidad aguda y otros efectos secundarios.
Una mujer sostiene varias pastillas entre sus manos.
Otros consejos importantes a recordar
El enfermero Jorge Ángel también incide que las pastillas tampoco deben alterarse con cubierta entérica o gastrorresistente. Este recubrimiento tiene una doble función esencial: evitar que el principio activo dañe la mucosa gástrica.
Porque, al masticar o machacar estos comprimidos, se destruye esa barrera, exponiendo al paciente a úlceras y anulando la eficacia del tratamiento.
Una mujer sostiene una caja de pastillas.
Muchos formatos para tomar pastillas
Más allá de los formatos ya conocidos, hay algunos que no están recomendados. Entre ellos, están las cápsulas blandas con contenido líquido o gelatinoso. Estas nunca deben perforarse, puesto que se pierde parte de la dosis exacta.
Por su parte, los comprimidos sublinguales exigen absorberse bajo la lengua para actuar con rapidez, mientras los efervescentes necesitan disolverse en agua para no lesionar los tejidos.
Asimismo, ante cualquier problema para tragar una pastilla, la mejor opción es consultar al médico o farmacéutico para valorar soluciones efectivas.
Pastillas en una imagen de archivo
Un comprimido con mucha historia
Las pastillas medicinales tienen muchos años de historia. Uno de sus antecedentes más antiguos se sitúa en el año 1.500 a.C., concretamente en el antiguo Egipto. En aquella época, se elaboraban pequeñas bolas mezclando ingredientes activos con masa de pan, grasa o miel.
Sin embargo, la pastilla comprimida moderna, tal como la conocemos hoy, surgió gracias al inventor británico William Brockedon. En 1843, patentó una máquina capaz de moldear el polvo medicinal a alta presión, marcando el nacimiento del comprimido de hoy en día.