Bizkaia

Miren Larrea, una vida entre títeres reconocida con un Premio Max

La zornotzarra, alma de Anita Maravillas, repasa el camino que ha llevado a la compañía a conquistar el prestigioso reconocimiento con 'Andereño'
Anita Maravillas con el Premio Max
Anita Maravillas con el Premio Max / Alfredo Arias-Horas

Actualizado hace 2 minutos

El aplauso resonó con fuerza bajo las piedras milenarias del Teatro Romano de Mérida. Allí, en la vigesimonovena edición de los Premios Max de las Artes Escénicas, la compañía de Amorebieta-Etxano Anita Maravillas Teatro vivió el pasado lunes una de las noches más importantes de su trayectoria al alzarse con el Premio Max al Mejor Espectáculo para Público Infantil, Juvenil y Familiar gracias a 'Andereño' ('La Maestra'), una coproducción junto a Portal 71.

Un reconocimiento que, más allá del galardón, simboliza más de dos décadas de trabajo continuo, de escenarios recorridos dentro y fuera de Euskadi, de marionetas construidas a mano y de una forma de entender el teatro basada en la sensibilidad, la poesía visual y la defensa de los valores humanos. En el momento de recoger el premio, la zornotzarra Miren Larrea sostenía la característica manzana con espejos de los Max, imagen que resumía una trayectoria construida desde la constancia y el compromiso artístico.

“Es un premio muy colectivo y coral por lo que viene a decir que es un premio para todo el equipo”, explicó Larrea, quien quiso poner el foco en el trabajo conjunto que hay detrás de la compañía. “Tanto el que estamos de gira con Ion Chávez, Valentina Raposo y yo; y también a todas las colaboraciones que son necesarias para hacer un proyecto escénico como este donde trabajan Fran Lasuen, Betitxe Saitua, Miren Amuriza, Javi Tirado, Iban Alonso en la dirección, Rocio en la distribución… Hay un equipo de grandes profesionales”. En su intervención añadió que el reconocimiento también valida el camino artístico recorrido. “Cuando haces un espectáculo así te planteas unos retos artísticos. Nos había pasado que el público en general estaba recibiendo muy bien y esto nos viene a decir que la gente del sector también reconoce esas decisiones”.

Espectáculo 'Andereño'

Espectáculo 'Andereño' Rafa Márquez

La noche en Mérida reunió a algunas de las principales figuras de las artes escénicas del Estado, pero entre todas ellas brilló con luz propia una propuesta nacida desde el universo del teatro de títeres. 'Andereño' se alzó con uno de los premios más importantes de la gala gracias a una historia sin palabras que reivindica la educación, la libertad y la convivencia frente a la violencia y la guerra. La obra transporta al espectador a una escuela construida desde el amor y la esperanza, un espacio que se ve amenazado por el estallido de un conflicto bélico. A través de la figura de la maestra, el montaje rinde homenaje a las maestras republicanas y reivindica el derecho de la infancia a crecer en un entorno de paz. “No estamos al margen de lo que pasa”, explicó Larrea. “En este espectáculo también se habla del poder de la educación frente a la guerra. De la necesidad de las escuelas, de cuál es el lugar de la infancia. A dónde pertenecen los niños y las niñas. Que pertenecen a la escuela, al juego, a la amistad, a la literatura y nunca jamás deberían pertenecer a las guerras”, defiende Larrea orgullosa del reconocimiento.

Durante la recogida del premio, la zornotzarra quiso además conectar el mensaje de la obra con la realidad de muchos docentes en contextos de conflicto. Citó a la maestra palestina Nur Nasar, que continúa enseñando entre ruinas y refugios. “Aunque nuestras escuelas sean destruidas, el simple sonido del lápiz y el papel es la esperanza de que un día volveremos a ellas”, recordó antes de cerrar con un emocionado “Eskerrik asko bihotzez”, recibido con una larga ovación.

Recorrido artístico

Detrás de este reconocimiento existe una trayectoria marcada por la búsqueda constante. La historia de Anita Maravillas está íntimamente ligada a la de Miren Larrea, una creadora de Amorebieta-Etxano que decidió apostar por el mundo de los títeres como forma de vida. Su recorrido artístico comenzó en el ámbito de la formación y la experimentación, con experiencias previas como las vividas en la compañía Taupadak de Elgoibar junto a Aitor Ormaetxea, antes de dar un salto decisivo hacia una formación más especializada.

El destino fue Barcelona, uno de los grandes centros del teatro de marionetas. Allí encontró el taller de Pepe Otal, en el barrio del Raval, un espacio que marcó profundamente su manera de entender el oficio. “Quizás yo no tenía tanta curiosidad por la construcción como por la manipulación, pero allí aprendes que primero tienes que construir una marioneta para después poder darle vida”, recordaba sobre aquella etapa formativa.

En ese contexto conoció a la artista chilena Valentina Raposo. De aquella unión nació en 2005 la compañía Anita Maravillas, un proyecto que desde sus inicios apostó por un lenguaje propio basado en la construcción artesanal, la dramaturgia visual y la emoción como eje central.

Espectáculo 'Kotondarrak'

Espectáculo 'Kotondarrak' Txelu Angoitia

Sus primeros trabajos, como 'Los sueños de Leonor', estuvieron dirigidos a públicos adultos, pero pronto la compañía encontró su identidad en la creación de espectáculos capaces de emocionar a espectadores de todas las edades. Esa evolución marcó un punto de inflexión en su trayectoria artística. Entre sus obras más representativas destaca 'Pintto Pintto', una pieza que refleja la esencia del universo de la compañía a través de la historia de un perro que reivindica la amistad, la ternura y la belleza de lo cotidiano. También trabajos como 'John Brown' o 'Kotondarrak', este último finalista en los Premios Max de 2022, consolidaron su prestigio dentro del teatro de títeres.

'Una pequeña obsesión'

Con el paso del tiempo, Anita Maravillas ha construido un lenguaje propio donde la artesanía, la poesía visual y la emoción conviven en cada producción. Cada espectáculo requiere meses de trabajo minucioso, desde la creación de las marionetas hasta la construcción dramatúrgica, en un proceso donde cada objeto adquiere vida propia sobre el escenario.

“Es mi forma de ver la vida y también es una necesidad”, explica Larrea sobre su relación con el teatro. “El poder contar aquello que nos remueve, cuando tienes la necesidad de contar una historia y encuentras la forma de hacerlo a mí me produce una gran satisfacción”. Para la creadora, el proceso artístico se convierte en una forma de expresión vital. “Creo que el arte siempre ayuda a expresar y poder contar historias que a ti te parecen interesantes; transmitirlas primero a tu equipo y después al público abierto, se convierte en una pequeña obsesión”.

Ese trabajo, añade, exige constancia diaria: “Se trabaja muy duro, día a día; pico y pala. Así se consiguen hacer espectáculos que remuevan al público y que tengan una buena acogida”.

La obtención del Premio Max supone ahora la culminación de un largo camino, pero también abre una nueva etapa para una compañía que ha sabido crecer sin renunciar a sus raíces. Desde aquel viaje a Barcelona que iba a durar apenas unos meses hasta la ovación recibida en Mérida han pasado años de trabajo silencioso, de talleres, de ensayos y de escenarios.

Un recorrido que comenzó con una joven zornotzarra empeñada en vivir del arte de los títeres y que hoy sitúa el nombre de Amorebieta-Etxano en lo más alto de las artes escénicas del Estado. La manzana de los Max ya forma parte de la historia de Anita Maravillas, pero quienes conocen la trayectoria de la compañía saben que el verdadero premio lleva años construyéndose con la convicción de que el teatro es una herramienta para emocionar, reflexionar y seguir defendiendo, función tras función, el poder transformador de la cultura.

2026-06-06T13:18:35+02:00
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