Miles de personas volvieron a tomar este viernes las calles de Italia para protestar contra el Gobierno de Giorgia Meloni en una huelga general marcada por el malestar económico, el rechazo al gasto en defensa y nuevos episodios de tensión con las fuerzas de seguridad. Roma, Milán, Nápoles y Turín concentraron las mayores movilizaciones, pero el pulso se sintió en más de cincuenta ciudades del país. A la convocatoria de la Unión Sindical de Base (USB), que llamó a secundar el paro para denunciar el encarecimiento de la vida y las prioridades presupuestarias del Ejecutivo, sumó también estudiantes de institutos y universidades.
El propio sindicato calculó que cerca de un millón de personas participaron en las protestas a lo largo de la jornada. Sin embargo, la cifra no se puede contrastar ya que ni el Gobierno italiano ni la Policía han ofrecido datos oficiales que permitan confirmarla.
Tras este malestar hay un trasfondo bastante cotidiano. Llenar el depósito cuesta cada vez más, los sueldos apenas avanzan y encontrar una vivienda asequible se ha convertido en una carrera de obstáculos, sobre todo en las grandes ciudades. Esta presión golpea con fuerza a las familias de rentas bajas y medias y aviva unas protestas que, al igual que en muchos otros países europeos, comenzaron a mediados de octubre.
La jornada no transcurrió sin incidentes. En Turín los manifestantes lanzaron huevos y botellas contra los agentes desplegados en la plaza Castello, lo que llevó a la Policía a recurrir a los cañones de agua. Además, una decena de agentes resultaron heridos durante las protestas en Vicenza, en la región de Véneto, mientras que unas 25.000 personas se manifestaron solamente en Milán, según la agencia de noticias Adnkronos.
Despliegue policial
El recuerdo de los disturbios de hace dos semanas -el 17 y 18 de octubre-, estuvo muy presente durante toda la jornada. Aquel fin de semana se saldó con más de 200 policías heridos solamente en Milán, por lo que las autoridades desplegaron importantes dispositivos de seguridad en el día de hoy. Aquellos enfrentamientos, que se extendieron a ciudades como Bolonia y Turín, empujaron al Gobierno de Meloni a aprobar un controvertido decreto de seguridad y a reforzar la presencia policial en la capital lombarda con 500 militares de apoyo.
Y todo apunta a que la protesta de este viernes ha sido el principio. La Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL), el mayor sindicato del país, ya ha anunciado una nueva huelga en todos los sectores para el 20 de noviembre. A ella se sumará el paro de taxis previsto para el 14 de diciembre, con el que el sector protestará por el precio del combustible y por lo que considera “competencia desleal” de las multinacionales digitales.