Polideportivo

Mikel Bizkarra apaga su sueño

El de Mañaria culmina su andadura tras 15 campañas en el profesionalismo, siempre enrolado en equipos vascos, después de disputar la Veneto Classic con el Euskaltel-Euskadi
Mikel Bizkarra atraviesa el pasillo de honor en la Veneto Classic, su última carrera. / Euskaltel-Euskadi / Sprint Cycling

Discreto, elegante y humilde, Mikel Bizkarra hizo honor a su manera de ser cuando anunció su último baile en la Veneto Classic. En Italia, atravesado el pasillo de honor, se despidió del ciclismo el vizcaino.

Lo hizo desde la sobriedad de la belleza serena, la que no busca aplausos ni reconocimiento. Su modo de entender el ciclismo, desde la mesura y la aceptación, convocaron su adiós a los 37 años de edad.

Quince cursos en los que Bizkarra fue un virtuoso del trabajo, un representante del ciclismo que no alcanza los grandes titulares, pero que conforma el corpus de la narrativa más común del pelotón.

Ciclistas que se esfuerzan al máximo para llegar a sus límites. Los que se miden día a día para mejorar sabiendo que la presencia, el estar, el ser profesional es, en sí misma, una victoria. La más grande. La pasión como profesión.

El de Mañaria cuelga una vida a pedales, 15 campañas, con una victoria de etapa en la Vuelta a Aragón, y un lugar de honor en muchas carreras.

Refractario a la rendición, espíritu combativo, el menudo escalador, fue un gigante que dignifica una profesión muy dura y exigente. No es el ciclismo la disciplina deportiva más cómoda.

Bizkarra deja el ciclismo con una sonrisa tranquila, el de aquel que sabe que lo ha hecho lo mejor posible. Ha vivido su sueño, un estímulo imbatible.

Además de la recompensa de tantos años como profesional, ha recibido el calor de la afición, que se vuelca sin disimulo con ciclistas que no se reservan. Bizkarra era uno de los suyos. Un ciclista del pueblo, en el que no pocos se veían reflejados.

Agradecido

En su cuenta de Instagram, Bizkarra se mostró “agradecido por vivir un sueño que ha durado quince años. ¿Quién lo diría?”.

“Muchas gracias, de verdad, a todos los que en estos años me han ayudado de una u otra manera: familia, amigos y cómo no a la Fundación Euskadi y al Euskaltel-Euskadi”, escribió el vizcaino.

Prosiguió Bizkarra en su adiós. “También me gustaría agradecer a la Sociedad Ciclistas Arratia, al equipo Gomur y al Murias, sin vuestra ayuda hubiese sido imposible llegar hasta aquí”. “Terminado el sueño, seguiré siendo ciclista, pero de otra manera. Nos vemos en la carretera”. Eskerrik asko.

En una sociedad que solo parece venerar y reverenciar a los triunfadores, el vizcaino pertenece a los vencedores del día a día, los imprescindibles del pelotón.

Mikel Bizkarra, durante la carrera. Euskaltel-Euskadi / Sprint Cycling

El ciclismo que corre al galope, entre fogonazos de las grandes estrellas, precisa y se sostiene sobre los hombros de los dorsales generosos, que elevan a hombros al resto. Bizkarra pertenece a esa estirpe de campeones del costumbrismo.

Siempre vinculado a formaciones vascas, primero en el Orbea, después en el Euskadi Murias durante cinco campañas y en los últimos siete cursos en el Euskaltel-Euskadi, en el imaginario colectivo, el de Mañaria acredita a la mayoría silenciosa.

En los tiempos en los que solo parece existir el lenguaje polarizado, a dos tintas, entre el éxito y el fracaso, pocas palabras tienen peor eco en el deporte y en la vida, Bizkarra define a ese amalgama de colores que perfilan y dibujan el sentido de muchos.

La biografía el escalador vizcaino, sostén durante años del Euskaltel-Euskadi en las generales a partir de su capacidad para subir, su perseverancia y su saber estar, anudado al sufrimiento, a través de la resiliencia, es la poesía del tajo y el orgullo de la clase obrera.

El arquetipo que responde a la gran mayoría, a los indispensables. Se va con la clase a cuestas Bizkarra, Bizkarrita, agradecido por el sueño vivido.

18/10/2026