El torneo avanza inescrutable, pero con los principales artilleros del planeta aún en liza, impulsores de diferentes generaciones. Leo Messi, Harry Kane y Erling Haaland, tres de los cuatro máximos goleadores de la Copa del Mundo, se juegan los cuartos de final tratando de acaparar un mayor protagonismo. Nadie puede esconderse a estas alturas de la competición, cuando las miradas observan enjuiciando de forma inapelable. La noche del sábado al domingo se detiene ante dos encuentros que condensan buena parte de la historia y del futuro del fútbol. Noruega e Inglaterra (23.00 horas) abrirán una eliminatoria caracterizada por el peso de la tradición y la ilusión de un país poco acostumbrado a pisar la escena mundialista. Posteriormente se disputará el Argentina-Suiza (03.00 horas), un choque entre la vigente campeona con un combinado que buscará dar la sorpresa ejerciendo de enterrador de una generación dorada.
La eterna espera de Inglaterra
Inglaterra jugará con la voluntad de dejar de convivir con su historia, la de una espera eterna. Los ingleses solo han levantado una Copa del Mundo, en 1966, y desde entonces cada camada de futbolistas ha cargado con el mismo interrogante. Lineker, Gascoigne, Beckham, Gerrard, Lampard, Rooney... persiguieron sin éxito el mismo objetivo, el que jamás culminaron. Esta selección no escapa a esa dudosa herencia.
Ahora la responsabilidad recae sobre Kane, Jude Bellingham y una oleada que ha aprendido a convivir con la presión. Thomas Tuchel ha insistido durante toda la competición en una idea sencilla: pensar únicamente en el siguiente rival y no mirar más allá, en este caso a Noruega, evitando incluso hablar de una hipotética semifinal. El temor al vértigo es evidente. Pero también el estado de alerta. “Puede que tengamos que sufrir. Puede que tengamos que encontrar una manera difícil de ganar”, advirtió Kane. En la misma línea se pronunció Tuchel: “Necesitamos disciplina, energía y estar preparados para sufrir cuando toque”.
La historia entre ambos ofrece una curiosa paradoja: Inglaterra y Noruega jamás se habían cruzado en una fase final de un Mundial ni de una Eurocopa. Doce enfrentamientos contemplan su rivalidad, casi todos en fases de clasificación o amistosos, con un balance claramente favorable a los Three Lions (siete victorias, tres empates y dos derrotas). Sin embargo, Noruega conserva un recuerdo imborrable: el 2-0 de Oslo en 1993 que dejó a Inglaterra sin el Mundial de Estados Unidos 1994 y se convirtió en uno de los mayores golpes del fútbol inglés en la historia reciente. Aunque el fútbol no tiene memoria. A ello se aferrarán los vikingos.
Noruega no hace turismo
Noruega lleva décadas esperando un momento como este. No acudía a un Mundial desde Francia 1998. Desde entonces observó desde la distancia. Hasta que Stale Solbakken logró congregar a la mejor generación que recuerda el fútbol noruego. Y ahora juega por cambiar su lugar en la historia. De algún modo, Noruega ha convertido este torneo en un viaje inesperado tras encontrar a un jugador capaz de cambiar el destino de una generación. Cada gol de Haaland ha acercado a su país a un territorio desconocido: nunca había llegado tan lejos en un gran torneo. “No hemos venido hasta aquí para ser turistas. Respetamos a Inglaterra, pero no tenemos miedo de nadie”, sostiene un ilusionado Solbakken.
“Es el partido más importante de mi vida”, aseguró Haaland, que lanzó una frase cargada de ironía sobre el favoritismo inglés: “Ellos deberían estar confiados. Definitivamente van a pasar”. Eso pudieron pensar los brasileños, que fueron eliminados con dos genialidades del delantero del Manchester City, que suma siete goles, solo superado por los ocho de Kylian Mbappé y Messi, y por delante de los seis de Kane.
Argentina, sin mirar atrás
Si el primer duelo enfrenta a la ilusión con la tradición, el segundo aglutina memoria, ambición y jerarquía. Argentina vuelve a encontrarse con Suiza doce años después de que un derechazo de Ángel Di María, en el minuto 118, evitara la tanda de penaltis en los octavos de final y mantuviera vivo el sueño que conduciría hasta la final de Brasil 2014. Ricardo Rodríguez y Granit Xhaka permanecen como testigos de aquella derrota.
Desde entonces, Argentina ha cambiado su historia. Asiste a estos cuartos de final como campeona del mundo, con Lionel Scaloni al frente de un ciclo que ha convertido la competitividad en una seña de identidad y queriendo demostrar que las dinastías existen en el fútbol moderno, porque solo Italia, entre 1934 y 1938, y Brasil, entre 1958 y 1962, fueron capaces de reeditar el título. “No hay que mirar atrás, hay que seguir compitiendo”, repite el seleccionador. Esa cultura competitiva explica por qué la Albiceleste permanece alojada entre las favoritas incluso cuando el camino ha exigido más sufrimiento del esperado, como ante Cabo Verde y aún más contra Egipto, donde solo tres goles en apenas un cuarto de hora detuvieron a los faraones, y por enésima vez con el incombustible Messi erigido en icono del fútbol mundial. Argentina no viene jugando de forma brillante, tampoco ha dominado, pero siempre ha encontrado el modo de sobrevivir.
“Ya le dimos a la gente varias alegrías, pero intentaremos darle más. Lo importante era clasificarnos, pero ganar todos los partidos siempre está en nuestros planes”, manifestó Messi tras apear a Egipto, cuando lloró a lágrima viva tras enmendar su fallo desde el punto de penalti.
Suiza: "Argentina es vulnerable"
De nuevo, los argentinos partirán como favoritos, encadenando entre Mundial y Copa América doce eliminatorias consecutivas ganadas, pero Suiza ha dejado de ser una selección resignada a caer con dignidad. Eliminó a Colombia en octavos desde el punto de penalti y vuelve a estar entre las ocho mejores selecciones del torneo por primera vez en más de siete décadas. El propio Xhaka ha insistido en que este grupo ya no siente complejos contra las grandes potencias. Su desafío consiste en derribar al campeón y borrar aquel recuerdo de 2014 que solo Messi vivió de primera mano por parte del bando argentino.
Murat Yakin ha conducido a Suiza hasta los cuartos de final por primera vez desde el Mundial de 1954, cuando ejerció como anfitriona. “Se ha visto que Argentina, con los últimos dos partidos, es vulnerable. Creo que nos hemos ganado ese respeto y nos lo hemos trabajado”, amenazó el seleccionador, que ha construido un bloque desde el orden y liberado de cargas de responsabilidad. El reto será aplicar la primera derrota a Argentina en un enfrentamiento directo después de siete precedentes, con cinco triunfos y dos empates en favor de la Albiceleste.
Estas dos eliminatorias dibujarán la escena de las semifinales. Cuatro maneras distintas de entender el fútbol con el mismo objetivo: avanzar. La necesidad inglesa, la esperanza noruega, la jerarquía argentina y la resistencia suiza. Cuatro puntos de partida para perseguir el mismo sueño. Cualquier pronóstico, cualquier estadística y cualquier discurso quedarán obsoletos mientras se sigue escribiendo la historia.