Gipuzkoa

"Me acerqué tanto a la cruz del Aneto con el parapente, que pude saludar a los montañeros que estaban en la cima"

El azpeitiarra Aner Bueno ha completado la X-Pir, una competición que ha tenido a los Pirineos como escenario y le ha llevado a enlazar el mar Cantábrico y el Mediterráneo en cinco días, tras horas de vuelo y largas caminatas
Aner Bueno, volando por encima de las cumbres de los Pirineos. / A.B.

Las altas cumbres de las montañas pirenaicas han sido el paisaje que ha acompañado al azpeitiarra Aner Bueno Etxezabal en un largo viaje de más de 540 kilómetros por el aire, desde Hondarribia hasta la localidad gerundense de Port de la Selva.

Un equipo de apoyo

La razón de ello está en la presencia del azpeitiarra en el grupo de medio centenar de parapentistas de distintos países que han tomado parte en la X-Pir 2026.

Bueno no ha estado solo en esta aventura. Ha contado con un equipo de apoyo en tierra formado por Josu Juaristi y Enaitz Eizagirre, encargados del asesoramiento sobre mapas y rutas de vuelo.

Junto a ellos ha estado Maite Maiora, que le ha acompañado en las caminatas para alcanzar las balizas o los puntos de despegue y aterrizaje de cada jornada, además de ayudarle con la alimentación deportiva y el porteo del material. El equipo lo ha completado Mikel Luengo, que ha ejercido de conductor y cocinero.

Todos ellos han contribuido al éxito del reto. «Salimos el domingo de Hondarribia y teníamos hasta el sábado, a las 18.00, para llegar a Port de la Selva. Al final completamos el recorrido el jueves a las 18.30, cinco días después de la salida».

La balizas del recorrido

Durante el recorrido, los participantes debían superar varios puntos de control obligatorios, lo que les obligó a planificar cuidadosamente las rutas y estudiar el viento y las corrientes.

En algunos casos tuvieron que aterrizar para sellar el control (Larrun, Villanúa, Sant Joan de les Abadesses y Santa Helena de Rodes) y, en otros, bastaba con pasar dentro de un radio determinado de las balizas (Aneto, Pic du Midi de Bigorre-L’Arbizon y Pic des Trois Seigneurs), camino de la localidad gerundense de Port de la Selva.

Aner Bueno posa con los miembros del equipo que le apoyó desde tierra en las estrategias de vuelo, las rutas a seguir y el aprovisionamiento. Josu Juaristi

Ola de calor

La meteorología volvió a ser uno de los factores decisivos.

La prueba coincidió con una intensa ola de calor que favoreció el vuelo, pero también adelantó la formación de tormentas.

«Estas carreras se deciden por la meteorología que toca esa semana y, en ese sentido, son una auténtica lotería. La ola de calor de la pasada semana proporcionó muy buenas condiciones para volar, pero las tormentas aparecían muy pronto cada tarde. Cuando llegan, las condiciones de vuelo dejan de ser seguras y hay que aterrizar o buscar rutas alternativas», explica Aner.

Una mala elección podía obligar a tomar tierra muy lejos del siguiente punto de control. «Una tormenta puede hacerte perder un día entero. En esta edición ha sido clave volar por la vertiente francesa para evitar las tormentas del lado español».

A más de 4.000 metros de altura

El calor que, literalmente, abrasó a la península la pasada semana mostró las dos caras de la moneda a los participantes.

El parapentista azpeitiarra pudo volar con unos guantes finos y una chaqueta ligera a entre 3.000 y 4.000 metros, algo que no es común, ya que esas alturas acostumbra a hacer frío.

Pero también sufrió las altas temperaturas durante las marchas a pie de 40 y 50 kilómetros que tuvo que realizar un par de días, como consecuencia de errores en el vuelo, en un caso, y de las dificultades que presenta la llegada a Port de la Selva para volar, en el otro.

Esas condiciones climatológicas le permitieron también alcanzar alturas de vuelo poco habituales.

«En la zona de Benasque llevé el parapente a 4.260 metros de altura, lo que estuvo a punto de costarme una sanción, ya que el máximo permitido era de 4.267 metros».

Montañeros en el Aneto

Volando a miles de metros de altura, la soledad parece la principal compañera del viaje del parapentista.

Sin embargo, los Pirineos le dieron la oportunidad de saludar a otras personas que también se encontraban a miles de metros de altura al igual que él: los montañeros que ascendían al Aneto.

"La baliza del Aneto nos obligaba a pasar dentro de un radio de 3.000 metros de la cruz. Me quedé sin teléfono móvil en ese punto de la prueba y, para asegurarme de validar el punto de control, llegué casi hasta la cruz. Tras cruzar un saludo con los que estaban allí, seguí el vuelo".

Aner Bueno contó con una acompañante de lujo en las marchas a pie, la corredora de carreras de montaña Maite Maiora. Josu Juaristi

Un vuelo de 200 kilómetros

Ese mismo día fue también la jornada en la que completó el recorrido más largo antes de tomar tierra.

"Las condiciones de vuelo eran muy buenas. Pasé por las balizas del Aneto y el Pic du Midi de Bigorre y llegué hasta Salardú, cubriendo ese día una distancia de 200 kilómetros".

Estas incidencias dan forma a una aventura que ha cumplido las expectativas de Aner Bueno y su equipo.

"Somos un equipo amateur y terminar ya es un éxito. Además, lo hicimos en cinco días, completando vuelos muy largos y disfrutando de un gran ambiente en el equipo".

Turismo por los aires

Pese a haber logrado su objetivo, volver a competir en una prueba de este tipo no está entre las prioridades del azpeitiarra.

"Ha sido una buena experiencia, pero mi forma de entender el parapente va más por otro lado. Me gusta utilizar el parapente como una herramienta para viajar y conocer otros países. Lo que me gusta es llegar a un lugar desconocido y, una vez en el destino, volar de un monte a otro, vivaquear y seguir vuelo hacia otro lugar".

03/07/2026