Polideportivo

McNulty vuela al arcoíris

El norteamericano, excepcional, sorprende a los favoritos para conquistar el Mundial por delante de Matthews y Van der Poel en una carrera trepidante
McNulty celebra emocionado la victoria en el Mundial. / UCI

Los bosques, estupendos, frondosos, en tránsito entre el verde y el rojizo de las hojas de los arces, cambiando de color y de estación, del verano esfumado recientemente al otoño que asoma aún tímido, festoneaban el paso apresurado de todos los pantones imaginables hacia el corazón de Montreal, donde vibraba el Mundial.

En la ciudad canadiense un mural recuerda la figura de la voz cavernosa de Leonard Cohen, su estilo, su encanto, la elegancia del sombrero y las arrugas de una vida que recorrió todos los recovecos del alma a través de su música, que se posa en los adentros, en esos lugares íntimos.

Todo conducía al Hallelujah del trovador canadiense. A ese estado de éxtasis, a la euforia, al Nirvana, llegó Brandon McNulty en su mejor victoria de siempre.

El norteamericano, duro, formidable, encontró la llave maestra para asaltar el Fort Knox del Mundial de Montreal cuando los más brillantes se opacaron en las dudas. El momento de oro.

McNulty empleó la ganzúa del anonimato entre una pléyade de estrellas para lucir las barras y estrellas sobre Canadá. Hallelujah debió de pensar McNulty después de semejante logro. Corona de laurel la suya en una carrera que giró el guion sin desmayo.

Un Mundial excepcional

Alternativas en un thriller frenético, donde se moría y se nacía en cada pedalada en un Mundial trepidante y adictivo. En el abismo, en los límites del ser humano, tal vez más allá, McNulty se cobró el oro en una actuación prodigiosa.

Saltó la banca el norteamericano, campeón del Mundo 33 años después de que lo hiciera Lance Armstrong. Trece segundos después de su gesta, Michael Matthews, plata, pudo con Van der Poel, bronce, entre el grupo de los jerarcas. Juan Ayuso, discreto, fue 13º.

McNulty se agarró la cabeza en su encuentro con la eternidad. Loco maravilloso en un Mundial alocado, sin camisa de fuerza, competido a pecho descubierto. Piel con piel. La del norteamericano será arcoíris.

Todos los colores felices sobre él. Caminó hasta reventar McNulty, que creyó morir después de más de seis horas persiguiendo un imposible.

Mundial Élite 

Clasificación

1. Brandon McNulty (EE.UU.) 6h17:04

2. Michael Matthews (Australia) a 13’’

3. Mathieu van der Poel (Países Bajos) m.t.

4. Quinn Simmons (EE.UU.) m.t.

5. Isaac del Toro (México) a 14’’

Nunca estuvo entre los favoritos. El campeón inesperado. “Estaba muerto, pero seguí pedaleando”, acertó a decir, con la garganta trémula, el norteamericano. Fue la victoria de la fe la de McNulty.

“A veces los milagros ocurren”, dijo el norteamericano. Eso también lo cantó Leonard Cohen. Waiting for the miracle. Esperando el milagro.

Eso fue McNulty, que en la última subida a Voie Camillien-Houde, después de cobrar la renta en un ataque a 30 kilómetros del final, estuvo a un palmo de la derrota, tal vez a menos, pero tomó aire.

Una bocanada. Resucitó. Suficiente para revivir. En esos instantes se asomó al drama, pero resistió. La victoria de los vencidos.

La sorpresa norteamericana

El resto lo completó en apnea, hasta que exhaló un grito liberador antes de que las lágrimas le empaparan la emoción y le zarandearan el corazón como un terremoto interior. El pulso disparado.

Conmocionado por una victoria inimaginable. Conmovedora. Abrazado por su pareja, que soñó con el Mundial, el cielo del norteamericano. Una utopía.

El campeón del Mundo festeja la victoria con su pareja. UCI

Empastado el cielo con un manto gris plomizo, flotantes las nubes, la fuga de siempre, el ritual del Mundial, de 273,3 kilómetros, convocó a un buen puñado de dorsales, hasta 16, por el trecho plano, sin aristas que encendía la carrera, antes de acceder al circuito urbano.

La escapada, consentida, tomó una renta de ocho minutos ante la condescendencia de Bélgica, Países Bajos y Francia, que defendían los escudos de armas de Evenepoel, Van Aert, Van der Poel y Seixas.

Del Toro y Pedersen tampoco se apuraron. Juan Ayuso mostraba un gesto similar. A la fuga se le desinfló la esperanza una vez atravesado el río, egregio el skyline de Montreal.

Irrumpió Voie Camillien-Houde, la ascensión de 1,7 kilómetros al 7,5%, el inicio de la cordillera en sus 12 pasos. La toma de contacto a un trazado urbano exigente dibujado por repechos y velocidad fue el toque de corneta para Francia, que quería llevar a hombros a Seixas endureciendo el compás.

La apuesta francesa

Armirail pasó la lijadora con furia. A latigazos. Se comió la fuga. El cielo se iluminó con los fuegos artificiales franceses. Valentin Paret-Peintre lanzó una salva. Después respondió Jegat.

Los galos querían la revolución, alterar el tablero a ráfagas, incomodar. Valientes, hambrientos y propositivos. Se agitó la coctelera.

Entró en combustión el Mundial. Van der Poel brotó por primera vez. Del Toro no perdió detalle. Hijos de la anarquía por el callejero de la ciudad canadiense, repleta de entusiasmo, aplausos, ánimo y griterío para el festejo de una carrera única, hipnótico el poder del maillot arcoíris y su influjo.

McNulty luce el arcoíris con Matthews, plata, y Van der Poel, bronce. UCI

Desatado el caos, a un mundo, a 90 kilómetros del todo, se unieron Van der Poel, Van Aert, Charmig, Onley, Simmons y Roglic, tomando el recuerdo de Pogacar. El Mundial palpitaba emoción.

Del Toro, Evenepoel, Seixas, Ayuso y otros buscaban al sexteto a contrapié. Cada pestañeo era una descarga eléctrica. El Mundial era un festival del electroshock. Nadie se escondía.

Van der Poel, que solo se reconoce en el brutalismo, con el lenguaje de los directos, estalló de nuevo en uno de los repechos.

Solo Simmons, el capitán América, y Onley soportaron el impacto. Roglic, Van Aert y Charmig se deshilacharon. Colgados, a una quincena de segundos.

Ataques de Van der Poel

Más atrás, en el retrovisor de la impotencia, masticaban bilis Evenepoel, Del Toro Seixas y Ayuso, entre otros. Roglic, sensacional, pudo reponerse a tiempo. En la ascensión abandonó la mochila de Van Aert y Charmig para vincularse al terceto.

El mexicano, rabioso, entendió que no podía esperar más y se propulsó. Seixas se ató a él. Van der Poel, Roglic, Simmons y Onley continuaban con su pulso. Ben Healy, siempre corajudo, fue a rastrear al cuarteto.

Se quedó con Onley, que se desprendió cuando el neerlandés se encrespó de nuevo. Van der Poel era puro derroche. Simmons era entereza. Roglic era cálculo.

El masajista mundialista

Recorridos 100 kilómetros a una media de 47 kilómetros por hora, se bajó Vladimir Kovacik que es masajista de la selección de Eslovaquia. No hace tanto tiempo, el país celebraba los tres arcoíris de Peter Sagan de manera consecutiva (2015, 2016 y 2017).

Sagan, un genio adelantado a su tiempo, era un solista, un ciclista capaz de conquistar el mundo en tres ocasiones ante las grandes potencias sin apoyo logístico. Kovacik representaba a Eslovaquia en el Mundial porque su selección se quedó sin ciclistas.

Para que la UCI no penalizara a su país en futuras ediciones, Kovacik, que fue ciclista y se retiró en 2017, tramitó la licencia con urgencia para poder competir y se presentó en la línea de salida.

Con ese gesto desactivaba las penurias futuras, la pérdida de puntos UCI y dificultar la clasificación de Eslovaquia para los próximos Juegos Olímpicos. Kovacik no es Sagan, pero para su país su acto brillará como un arcoíris. Salvó a su país. Gloria para él. Campeón. En el Mundial, en sus recodos y meandros emulsionan relatos fantásticos e impensables. 

El medallero acariciaba al esloveno, el norteamericano y el neerlandés. El resto era una persecución constante. Un tratado de agonía, de resistencia, de supervivencia. Un pleito sensacional de emoción.

A falta de tres giros, apenas medio minuto separaba al trío del grupo de Del Toro, Seixas y Evenepoel. Healy, irreductible, se colgó de Van der Poel, Roglic y Simmons.

McNulty asalta la victoria

Se refundó el Mundial. Todo comenzaba de nuevo entre los doce del patíbulo. De ese escenario emergió Brandon McNulty, sin vigilancia entre los jerarcas, pendientes las estrellas del brillo del resto.

Eso propulsó la candidatura de McNulty, convencido. Tomó vuelo el norteamericano con la fuerza de los desesperados.

Seixas, Del Toro, Roglic, Matthews, Van der Poel, Healy, Jorgenson, Simmons, Ciccone y Buitrago dudaban. Demasiado diván. Eso les ejecutó. Justo lo contrario que McNulty, que festejaba el titubeo y la desconfianza.

A falta de dos vueltas, acumulaba un minuto de renta. Su pasaje para la gloria en una contrarreloj contra sus propios límites. Atravesó la última frontera. Entró en otra dimensión, donde manda el alma. 21 gramos. De ahí despegó a la eternidad. McNulty vuela al arcoíris.

28/09/2026