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Café con Patas

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El espacio semanal de los animales de la mano de Jon Arraibi

Redescubre a tu Perro

Marcos J.Ibañez (Takoda) alerta de la moda de incorporar "perros de trabajo" como animales de compañia

El especialista nos ayuda a entender la secuencia predatoria de los perros, que puede explicar muchos comportamientos problemáticos como perseguir bicicletas
Marcos J.Ibañez (Takoda) alerta de la moda de incorporar "perros de trabajo" como animales de compañia
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16:04

Pasear tranquilamente y que, en cuestión de segundos, el perro se tense y salga disparado tras una bicicleta, un patinete o un gato es una escena que muchas familias han vivido con desconcierto. Lo que para el humano parece un cambio brusco de comportamiento puede tener, sin embargo, una explicación mucho más simple: el animal ha activado su secuencia predatoria, un patrón natural profundamente arraigado en su biología.

Junto con el educador canino Marcos J. Ibáñez, del Centro de Educación Canina Takoda, analizamos este fenómeno para ayudar a los tutores a comprender algunos comportamiento (a veces problemáticos) asociados a determinados perros.

Una herencia ancestral moldeada por el ser humano

Según explica Ibáñez, la predación forma parte de un sistema complejo inscrito en el cerebro del perro y desarrollado durante miles de años para garantizar su supervivencia. Gracias a los avances en conocimiento científico, hoy los profesionales han podido comprender mejor este comportamiento, que durante mucho tiempo se consideró prácticamente imposible de modular.

La secuencia predatoria completa se compone de varias fases encadenadas: detección, orientación, fijación, acecho, persecución, agarre y mordida y consumo de la presa. Sin embargo, la intervención humana ha alterado esta secuencia de manera notable a lo largo de los siglos mediante la selección de razas para diferentes funciones.

En algunos perros se ha potenciado una fase concreta. Por ejemplo, en el caso de los galgos en los que la persecución se ha ampliado hasta convertirlos en corredores casi imparables. O los Border Collie en los que el acecho es un comportamiento que ha sido de gran utilidad en el pastoreo.

Dos conflictos habituales relacionados con la predación

Desde su experiencia profesional, Ibáñez identifica dos grandes focos de problemas relacionados con la predación en la actualidad.

Por un lado están los perros primitivos, como el Husky. Estos animales mantienen una genética más cercana al lobo y conservan prácticamente intacta la secuencia predatoria completa. El conflicto aparece sobre todo en entornos naturales: cuando una familia los suelta buscando darles libertad, pueden terminar persiguiendo o dañando fauna salvaje, generando un impacto negativo en el ecosistema.

Por otro lado, se refiere a los catalogados como perros de trabajo, como el Border Collie o el Pastor Belga Malinois. Estas razas han sido seleccionadas durante generaciones para tareas exigentes, como el pastoreo o el trabajo policial, lo que les otorga un nivel de intensidad y motivación -conocido como high drive- muy elevado.

El problema surge cuando estos perros altamente especializados son introducidos en entornos urbanos sin el contexto adecuado ni la estabilidad que precisan. Sus conductas predatorias hacia bicicletas, corredores o niños en movimiento se interpretan con frecuencia como agresividad o estrés, lo que conduce a respuestas incorrectas por parte de las familias o tutores y acaba deteriorando la relación con el animal.

El efecto distorsionador de las redes sociales

En este sentido, el experto también se muestra crítico con una tendencia cada vez más frecuente: la adquisición de líneas de trabajo como perros de compañía debido a su popularidad en redes sociales.

Aunque dentro de muchas razas existen líneas de belleza -generalmente más templadas y con impulsos más moderados-, muchas familias están adquiriendo perros seleccionados para alto rendimiento creyendo que serán perros fáciles con los que convivir, simplemente porque son creen que son muy "entrenables".

Según Ibáñez, se trata de una confusión habitual. Un perro que destaca en disciplinas deportivas o en tareas profesionales no necesariamente se adapta bien a una vida familiar tranquila si no se cuenta con el tiempo, compromiso y conocimientos suficientes. Las imágenes que circulan en redes suelen mostrar a estos animales trabajando con profesionales experimentados, lo que genera una percepción poco realista de sus necesidades.

La clave está en observar desde cachorro

Otro de los errores más frecuentes que detecta el educador es que los tutores buscan ayuda profesional demasiado tarde, cuando el perro ya ha protagonizado un incidente grave, como morder a un ciclista o a un corredor.

Ibáñez insiste en la importancia de aprender a observar el lenguaje canino desde edades tempranas. En razas como el Border Collie, los comportamientos de acecho o los movimientos típicos del pastoreo ya pueden apreciarse cuando el cachorro tiene apenas tres o cuatro meses.

Sin embargo, muchas familias pasan por alto estas señales o incluso las potencian sin darse cuenta, por ejemplo mediante juegos repetitivos con la pelota. "Se interpreta como juego", advierte el educador, "pero deja de serlo cuando aparece una mordida seria".

Para evitar llegar a ese punto, la recomendación es clara: elegir el perro de acuerdo con el estilo de vida real de la familia, tambien observar con atención sus patrones de comportamiento desde cachorro y buscar ayuda profesional ante las primeras reacciones o comportamientos que resulten difíciles de gestionar.

Comprender la predación no solo permite prevenir accidentes. También ayuda a interpretar mejor la naturaleza del perro y a construir una convivencia más segura y justa entre los perros y la vida urbana.

14/03/2026
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