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Café con Patas

Con Jon Arraibi
  • Sábados de 12:00 a 13:00
  • Miércoles de 22:00 a 23:00
  • Domingos de 06:00 a 07:00

El espacio semanal de los animales de la mano de Jon Arraibi

Entrevistas Café con Patas

El gran coste emocional e invisible de proteger a los animales: la “fatiga por compasión”

Muchas personas activistas de la protección animal se enfrentan a cargas de sufrimiento enorme. Nos lo explica Silvia Barquero, quien fue presidenta del del Partido Animalista (PACMA)
El gran coste emocional e invisible de proteger a los animales: la “fatiga por compasión”
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21:05

Detrás de cada rescate, de cada denuncia de maltrato o de cada animal recuperado, existe una realidad emocional que rara vez se visibiliza: el desgaste psicológico de quienes dedican su vida a proteger a los animales.

En "Café con Patas" de Onda Vasca, abordamos esta situación que algunos expertos denominan "Fatiga por Compasión" con Silvia Barquero, activista y expresidenta del del Partido Animalista (PACMA)

A diferencia del clásico burnout laboral, este desgaste no se produce únicamente por exceso de trabajo. Se trata, explica Barquero, de una respuesta del sistema nervioso ante la exposición constante al dolor ajeno, agravada por la sensación de impotencia frente a una realidad social que muchas veces no reconoce ese sufrimiento.

Datos que reflejan un problema real

La gravedad del impacto psicológico en quienes trabajan con animales empieza a reflejarse también en distintos estudios internacionales.

Durante el programa recordamos que los veterinarios en el Reino Unido presentan un riesgo de suicidio hasta cuatro veces superior al de la población general, un dato que ha encendido las alarmas dentro del sector.

Además, investigaciones en refugios de animales apuntan a que más del 90 % de los trabajadores y voluntarios experimentan altos niveles de estrés traumático secundario, una forma de desgaste emocional derivada de la exposición continuada al sufrimiento.

En palabras de Barquero, existe una "paradoja dolorosa": la misma empatía que impulsa a estas personas a dedicar su vida a los animales es también la que las hace más vulnerables frente al dolor.

Quienes se implican profundamente en la causa tienden a no poner límites, a sacrificar su tiempo libre y a asumir responsabilidades que muchas veces superan sus recursos emocionales.

La presión de enfrentarse a grandes intereses

A esta carga psicológica se suma otro factor: la sensación de luchar en clara desigualdad frente a sectores económicos muy poderosos.

Barquero recordó que industrias como la ganadería intensiva o determinados ámbitos de la caza cuentan con enormes recursos económicos y campañas publicitarias capaces de influir en la percepción social sobre el trato a los animales.

Frente a esa maquinaria mediática, muchas organizaciones animalistas funcionan con recursos muy limitados y gracias al trabajo voluntario, lo que incrementa la sensación de desgaste y frustración.

El problema del autocuidado y la culpa

Dentro del propio movimiento animalista existe además una cultura que puede agravar el problema: la autoexigencia extrema.

Según nos cuenta nuestra invitada, en algunos entornos se ha instalado una narrativa interna donde descansar se percibe como un privilegio injustificado, ya que los animales continúan sufriendo mientras el activista se detiene.

Esa percepción genera un fuerte sentimiento de culpa. Sin embargo, Barquero fue clara al respecto:

"Descansar no es abandonar a los animales. Es la única manera de seguir estando ahí para ellos mañana".

Cuando la ilusión inicial empieza a transformarse en tristeza, irritabilidad o sensación de impotencia, considera que es fundamental parar y recuperar energía.

Un activista completamente agotado, advierte Barquero, termina abandonando el movimiento. En cambio, quien cuida su salud emocional puede convertirse en una persona más eficaz en la labor de protección de los animales.

Educación para cambiar la relación con los animales

Ante este panorama, iniciativas como las que desarrolla nuestra invitada en la Asociación Empatía buscan abordar el problema desde la raíz.

La organización impulsa programas educativos y charlas en colegios orientadas a fomentar el respeto hacia los animales desde edades tempranas.

La idea es clara: cambiar la cultura social para que el bienestar animal deje de depender exclusivamente del sacrificio de un pequeño grupo de activistas.

Un llamamiento a la sociedad

Para concluir la entrevista, Barquero envía un mensaje directo: las organizaciones que trabajan en defensa de los animales necesitan apoyo social, económico y voluntario.

Sin ese respaldo, advierte, el movimiento corre el riesgo de seguir funcionando gracias al esfuerzo de unas pocas personas que acaban exhaustas.

Porque detrás de cada rescate, de cada denuncia y de cada animal salvado hay también un coste emocional que casi nunca se ve.

Y reconocer ese coste es, quizá, el primer paso para que la defensa de los animales deje de ser una lucha solitaria y se convierta en una responsabilidad colectiva.

07/03/2026
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