Ciertas películas no se limitan a contar una historia, sino más bien a abrir puertas. De ahí que los bosques de Mi vecino Totoro, la casa de baños de El viaje de Chihiro, los cielos de Porco Rosso, la naturaleza herida de La princesa Mononoke o el duelo íntimo de El chico y la garza formen parte de un universo cinematográfico que millones de espectadores han sentido como propio.
Todas estas producciones pertenecen a Studio Ghibli, que acaba de recibir este viernes en Oviedo el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026. Es por esto por lo que Los mundos de Hayao Miyazaki aparece en escena para adentrarse en las influencias que alimentan ese universo. Y es que no busca explicar del todo sus películas -ya que parte de su fuerza reside precisamente en el misterio-, sino mostrar las fuentes literarias, visuales, personales y culturales que ayudaron a descubrirlas.
Fotograma de 'El viaje de Chihiro'.
Las películas de Miyazaki -director de Ghibli- son “mundos dentro de nuestro mundo”, con reglas propias, verdad emocional y una coherencia interna que hace que el público confíe en ellas. Por eso, Nicolas Rapoid propone un recorrido por la literatura infantil, los recuerdos de la infancia, la cultura japonesa, la ecología, la guerra, el cine clásico, la animación y los paisajes que laten detrás de las obras de Studio Ghibli. Y, por eso, nosotros les invitamos a recorrer en nuestra compañía las distintas localizaciones reales alrededor del mundo que han inspirado muchas de sus películas, con la intención de volver a mirar a Miyazaki con unos nuevos ojos. Porque no es un director que deba ser descifrado, sino más bien un auténtico creador de mitos modernos.
Raíces literarias
En su infancia, Miyazaki fue un lector voraz de literatura infantil, por lo que se percibe una conexión entre sus películas y autores como Lewis Carroll, Frances Hodgson Burnett, Antoine de Saint-Exupéry o C. S. Lewis. Por ejemplo, se compara a Mi vecino Totoro con Alicia en el País de las Maravillas cuando una de las niñas protagonistas -Mei- atraviesa la maleza al caer por un agujero. Es ahí cuando entra en contacto con una criatura extraordinaria -el bueno de Totoro-, al igual que Alicia al perseguir al conejo blanco.
Mi vecino Totoro está inspirada en el área de las colinas de Sayama en Tokorozawa, la ciudad natal adoptiva de Miyazaki, en la que decidió vivir en 1970, que aportó esos paisajes apacibles de la posguerra que aparecen en el filme. Cerca de dicho enclave, se encuentra también el bosque de Kaminoyama que, aparte de servir asimismo como inspiración para la película, se encuentra cercano al lugar en el que vive el director de Studio Ghibli.
Baños termales y faroles de gas
Cabe destacar que uno de los grandes rasgos del cine de Miyazaki es la presencia de niñas y mujeres jóvenes que trabajan, deciden, se equivocan, se levantan y aprenden a orientarse en mundos complejos. Un ejemplo de ello es la protagonista de El viaje de Chihiro, una niña que durante una mudanza se ve atrapada en un mundo mágico y sobrenatural en el que debe buscarse la vida. Ganadora del Oscar a la Mejor Película de Animación en 2003, está principalmente inspirada en el majestuoso ryokan de Dogo Onsen, en la prefectura de Ehime (Japón).
Dogo Onsen, en la prefectura de Ehime (Japón).
Y, aunque este rumor nunca ha sido confirmado oficialmente, también se dice que el pueblo termal de la prefectura de Yamagata, Ginzan Onsen, también influyó para sus escenarios al estar repleto de ryokan de madera, faroles de gas y esa atmósfera retro. De igual forma, Jiufen, en Taiwán, es una localización muy famosa que está relacionada con El viaje de Chihiro, pues se escucha que se basaron en él para recrear el pueblo en la cinta.
Otro ejemplo de protagonista emblemática es San, La princesa Mononoke. Su película está centrada en un Japón del periodo Muromachi y se centra en la lucha que existe entre los guardianes sobrenaturales de un bosque y los humanos que profanan sus recursos. Adoptada por unos lobos cuando era pequeña, es muy reservada, sobre todo a la hora de tratar con posibles aliados como Ashitaka.
En este caso, es evidente que la naturaleza no es solo un decorado para Miyazaki. Puede ser refugio, misterio, peligro, fuerza espiritual o víctima de la modernidad. Por eso, la ecología y las catástrofes antinaturales están tan presentes en su obra. De hecho, fueron los bosques de la mística isla de Yakushima los que le inspiraron para sus decorados.
Los bosques de Yakushima.
El latido ecológico del bosque
Las películas del director de Studio Ghibli suelen estar atravesadas por la ausencia, la enfermedad o la pérdida. La ya mencionada Mi vecino Totoro, El chico y la garza (ambientada en las zonas rurales boscosas de Japón durante la Segunda Guerra Mundial) -y ganadora del Oscar a la Mejor Película de Animación en 2024- o El viento se levanta (protagonizada por un ingeniero entre el Tokio del gran terremoto de 1923, la industria aeronáutica de Nagoya y los veranos de Karuizawa) muestran distintas formas de convivir con el miedo a perder a alguien. Y es que dichas tramas se conectan con la infancia del propio Miyazaki, que estuvo marcada por la enfermedad de su madre y la guerra.
Fotograma de 'El chico y la garza'.
Aviones, máquinas voladoras, cielos abiertos y ciudades flotantes aparecen una y otra vez en sus obras. Qué mejor ejemplo que El castillo ambulante, que literalmente se desplaza, y cuyos decorados se inspiraron principalmente en la ciudad francesa de Colmar. Como curiosidad, en Tokio se instaló un reloj con la imagen del castillo que ofrece espectáculos con autómatas inspirados en el universo Ghibli.
La ciudad francesa de Colmar.
Varios años de producciones
Echando un vistazo al pasado, Hayao Miyazaki sentó las bases de Studio Ghibli en 1985, pero cabe destacar algunas de las producciones más que se inspiraron también en localizaciones reales. Una de ellas es Susurros del corazón. Al oeste del tumultuoso Tokio se encuentra Tama, una pequeña ciudad suburbana. Pero, fue concretamente la estación de Seiseki-Sakuragaoka allí ubicada la que llamó la atención del estudio.
Y ya que hablamos de localizaciones emblemáticas, no podemos olvidarnos de filmes como Recuerdos de Marnie, cuyo escenario se dice que está inspirado en la región de Kushiro, en Hokkaido. Situada entre las montañas y el mar, la región es famosa por sus verdes extensiones salpicadas de lagos. Aunque para localizaciones famosas, Nara, la antigua capital de Japón apreciada por sus templos de madera y sus ciervos, que inspiró los suntuosos escenarios de El cuento de la princesa Kaguya.
Nara, en Japón.
Del lodo a la marea
Como no podía ser de otra manera, el mar también influyó profundamente en Miyazaki, sirviendo como fuente de inspiración estética, narrativa y ecológica. Por ejemplo, en la ya mencionada El viaje de Chihiro, el shikigami (espíritu) llega al balneario convertido en un monstruo fangoso lleno de deshechos debido a la contaminación humana. Y de su interior, se llega incluso a sacar una bicicleta.
Esta escena está, de hecho, inspirada en una experiencia real de Miyazaki limpiando un río local. Pero si hay una obra en la que el mar cobra la importancia que se merece, sin duda es Ponyo en el acantilado. La historia se centra en una criatura marina similar a un pez -Ponyo- que entabla una amistad con un niño de cinco años -Sosuke-. Tomonoura es la pequeña ciudad portuaria de la costa de la prefectura de Hiroshima en la que se fijaron para esta película. Famosa por sus barcos pesqueros, ha pasado a la historia por sus bucólicos paisajes.
Luciérnagas en la ceniza
La guerra también removió a Studio Ghibli. Miyazaki nació en 1941, por lo que vivió siendo un niño los estragos del conflicto y el trauma de un Japón arrasado. Y, aún sin haber participado en la producción de esta película del mismo estudio que ahora dirige, existe la coincidencia de que esta situación es precisamente la que se refleja en una de las obras más duras de Ghibli, La tumba de las luciérnagas.
Cuenta la historia de Seita y Setsuko, hijos de un oficial de la marina japonesa, que viven en Kobe durante la Segunda Guerra Mundial. Con una escenificación desgarradora, se percibe a la perfección la inspiración en la propia ciudad de Kobe, así como Nishinomiya en la prefectura de Hyogo. Basada en la novela semiautobiográfica de Akiyuki Nosaka, el equipo del estudio recreó fielmente los paisajes urbanos donde el autor y su hermana intentaron sobrevivir a los bombardeos de 1945, aunque ella no lo consiguió.
Puerto de Kobe, en Japón.
Hayao Miyazaki recibió un Oscar honorífico de la Academia en 2014 por toda su trayectoria, y Studio Ghibli la Palma de Oro de Honor otorgada en el Festival de Cannes de 2024. Galardonado con el Premio Ramón Magsaysay, conocido popularmente como el Nobel de Asia, en agosto de 2024, Hayao Miyazaki continúa erigiendo un cine que funciona como refugio de la verdad emocional.
Como se dice en Los mundos de Hayao Miyazaki: “Una obra visual puede marcar emocionalmente a varias generaciones”, y eso nadie lo duda. El Premio Princesa de Asturias 2026 otorgado a Studio Ghibli nos recuerda que las localizaciones recorridas no son solo coordenadas, sino los cimientos de un universo inmortal donde la magia no siempre nos espera a través de una pantalla.