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Con llantos, golpes en el pecho y llamadas a la venganza, miles de iraníes comenzaron este sábado a despedir al asesinado líder supremo, Alí Jameneí, en Teherán, en la primera jornada de unos funerales públicos que se prolongarán durante seis días, en cinco ciudades y dos países.
En la mezquita Mosala de Teherán resonó desde primera hora de la mañana el grito "Labbaik ya Jameneí" ("Lealtad a Jameneí") en honor al religioso, que lideró Irán durante más de 36 años y murió en un ataque atribuido a Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero, primer día de la guerra.
Además de jefe de Estado, Jameneí era considerado el representante en la Tierra del duodécimo imán para los chiíes y una figura central de la República Islámica desde la Revolución Islámica de 1979, en la que ocupó distintos cargos antes de convertirse en líder supremo.
Numerosos asistentes expresaron su dolor por la muerte del dirigente. "Es como si hubiera perdido a mi padre", afirmó a EFE Mehdi, mientras que Alireza aseguró que veía al líder como una figura paterna. Por su parte, Mohamad Hosein afirmó que respaldará "con firmeza" a Mojtaba Jameneí, señalado como su sucesor.
Consignas contra Estados Unidos e Israel
Además del homenaje, muchos asistentes reclamaron venganza por la muerte del líder supremo.
En el recinto religioso se corearon consignas como "Muerte a Estados Unidos", "Muerte a Israel" y "Venganza, venganza", mientras una gran pancarta con el mensaje "Kill Trump" responsabilizaba al presidente estadounidense de la muerte de Jameneí.
En la explanada de la mezquita Mosala, numerosos fieles realizaban el tradicional golpe en el pecho, un gesto de duelo propio de los funerales chiíes, frente al escenario donde reposan los féretros de Jameneí y de cuatro familiares, entre ellos una nieta, fallecidos en el mismo ataque.
El cuerpo de Alí Jamenei llega a la mezquita Gran Mosalla de Teherán de cara al inicio de los funerales.
Seis días de exequias y máxima seguridad
Los funerales comenzaron el viernes con una ceremonia a la que asistieron altos cargos iraníes y delegaciones internacionales, entre ellas representantes de Pakistán, Armenia, Irak, Tayikistán, Georgia, Rusia, China, Siria, Líbano, Afganistán y Arabia Saudí.
El programa continuará con un velatorio en Mosala, una gran procesión por Teherán, una ceremonia en la ciudad santa de Qom, una escala en Irak y el entierro definitivo en Mashad, en el mausoleo del imán Reza.
La capital iraní permanece bajo máxima seguridad, con una fuerte presencia policial, restricciones aéreas y un amplio perímetro de seguridad en torno a la mezquita.
Las autoridades esperan la participación de 20 millones de personas, una cifra que superaría los 10 millones que acudieron al funeral del fundador de la República Islámica, Ruholá Jomeiní, en 1989.
Con estos actos multitudinarios, la República Islámica de Irán busca proyectar una imagen de unidad nacional y de continuidad institucional tras meses de conflicto con Estados Unidos e Israel, en un contexto de creciente descontento social por la situación económica del país.