León XIV ha cerrado su visita al Estado con un mensaje directo contra las mafias del tráfico de migrantes y una defensa firme de una acogida sin barreras. En su última jornada, celebrada en Tenerife, el pontífice ha denunciado a quienes se lucran con la vulnerabilidad de las personas migrantes, ha advertido del “naufragio silencioso” que sufren quienes quedan solos tras llegar a una ciudad y ha llamado a construir una sociedad capaz de integrar sin borrar identidades ni levantar muros.
En la plaza del Cristo de La Laguna, ante más de 2.000 personas y tras escuchar testimonios de migrantes y de entidades de acogida, el pontífice ha elevado el tono para dirigirse sin rodeos a quienes organizan redes de trata. “Deténganse, conviértanse”, ha dicho, en un llamamiento que concentró el eje de su mensaje. Ha añadido que “el dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro”, situando el tráfico de personas en el terreno de la responsabilidad moral directa.
León XIV ha hablado de la necesidad de avanzar hacia un mundo “sin murallas” y ha advertido de que la última palabra no puede ser la del miedo, la indiferencia o la violencia de quienes comercian con vidas humanas. “Por cada vida perdida y cada familia engañada”, ha señalado, los responsables de estas redes deberán responder ante la “justicia divina”. En ese contexto ha pedido romper las “cadenas” y actuar mientras “aún hay tiempo”.
Naufragio "silencioso"
Uno de los conceptos centrales de su intervención ha sido el del “naufragio silencioso”, una idea con la que describió la situación de quienes, tras llegar a una ciudad, quedan aislados: sin idioma, sin vínculos, sin trabajo y sin hogar. El pontífice ha alertado de que esa forma de exclusión puede ser tan devastadora como la propia travesía marítima. “Las barreras más difíciles de derribar no siempre son de piedra, a veces están en la mirada, en el miedo o en la indiferencia”, ha advertido.
En su reflexión sobre la integración, ha insistido en que no puede confundirse con la asimilación ni con la pérdida de identidad. “Integrar no significa borrar la historia de quien llega”, ha afirmado, sino que implica un proceso recíproco en el que también la sociedad de acogida se transforma. Ha añadido que la integración no debe limitarse a lo social, por necesaria que sea, porque también requiere comunidad, reconocimiento y acompañamiento.
“Una conciencia cristiana no puede permanecer indiferente”, ha subrayado al referirse a los naufragios en el mar y a lo que calificó como “cementerios del mar”. Ha reivindicado la dignidad de quienes llegan y ha defendido que puedan “reencontrar vínculos, reconstruir confianza y sentirse parte viva de una comunidad”, lo que describió como una forma de misericordia.
El pontífice también ha querido reconocer la aportación de los migrantes ya integrados en el Estado, especialmente de quienes proceden de Latinoamérica y Filipinas, a los que ha situado como parte activa de la vida comunitaria. “Déjense también evangelizar por ellos”, ha llegado a afirmar, en una llamada a la apertura mutua dentro de la Iglesia.
“ La última palabra no pueden tenerla quienes comercian con la vida humana ”
León XIV - Papa
Misa multitudinaria
La jornada ha tendido su momento central en la misa celebrada en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, ante cerca de 40.000 personas. Allí, León XIV ha agradecido la acogida de la isla, a la que definió como un “rostro amigo” y un espacio de comunidades fraternas. “Ningún ser humano es una isla”, ha proclamado, subrayando la vocación de encuentro de un territorio situado en una de las principales rutas migratorias del Atlántico.
En su homilía, ha centrado buena parte del mensaje en la situación de los pobres, a los que situó en el corazón de la misión de la Iglesia. Ha señalado que desde su realidad puede entenderse mejor el mundo contemporáneo y ha pedido no reducir la vida a la lógica del beneficio. “Solo comparando nuestras quejas con sus sufrimientos y privaciones, es posible recibir un reproche que nos invite a simplificar nuestra vida”, ha afirmado.
Dirigiéndose a los fieles, agradeció su implicación en la vida comunitaria y pidió atención especial a jóvenes, adolescentes, residentes y recién llegados. “Todos ellos necesitan ser conocidos con una mirada que ve más allá de las apariencias”, señaló, en una llamada a construir comunidad desde la diversidad.
El papa se reúne con un grupo de migrantes en Tenerife
Encuentro con migrantes
El viaje dejó también una intensa secuencia de testimonios de jóvenes migrantes que relataron su llegada a Canarias tras travesías extremas. Algunos describieron días a la deriva, hambre, miedo y la muerte de compañeros en el mar. Pese a ello, insistieron en su voluntad de reconstruir su vida. Uno de ellos resumió su experiencia con una frase: “Solo venimos a sumar”.
Otros jóvenes relataron que llegaron enfermos, sin combustible y con la comida agotándose durante la travesía. Aun así, afirmaron sentirse en una nueva etapa vital en la que buscan formarse y trabajar. “Estamos viviendo una nueva vida”, resumió otro de los testimonios.
En el encuentro posterior en La Laguna con organizaciones de acogida, el Papa volvió a insistir en que la dignidad humana no puede reducirse a cifras ni expedientes. Criticó la tendencia a despersonalizar a los migrantes y advirtió de que ese enfoque convierte historias de vida en simples datos administrativos.