Leyre Ansorena y su pareja, de Pamplona, se encontraban de vacaciones en Salento, en el eje cafetero de Colombia, cuando les sorprendió el terremoto de magnitud 7,4. Estaban desayunando en el patio interior de su hotel cuando la tierra comenzó a temblar con fuerza. Un trabajador del alojamiento reunió a los huéspedes en una zona abierta y, según relata Leyre, ayudó a mantener la calma durante unos minutos que se hicieron interminables. Al salir a la calle, comprobaron que los daños eran mayores de lo que habían imaginado: había tejados derrumbados y edificios agrietados, mientras los vecinos se concentraban en la plaza del pueblo, muchos de ellos entre lágrimas y en estado de shock.
La pareja tuvo además que hacer frente a la falta de luz, agua e internet y a las dificultades para abandonar Salento, ya que las carreteras estaban afectadas y los vuelos habían sido cancelados. Finalmente, junto a otros españoles, consiguieron salir hacia Medellín gracias a un taxista que les ofreció una furgoneta. Durante esas horas, destaca especialmente la solidaridad de los vecinos, que ofrecieron alojamiento y ayuda a quienes se habían quedado atrapados. Ahora se encuentran en Medellín, donde la situación es más tranquila, aunque continúan pendientes de las réplicas y de las noticias que llegan de las zonas más afectadas.